Una consultora financiera, unos patines robados y una historia emocionante
Hace dos años y medio, Leticia Salvatierra sufrió el robo de sus patines, elementos que "amo con todo mi corazón". Los encontró cuando fue a acompañar a su hija a la primera clase de patín artístico en su barrio. Las decisiones detrás de un encuentro.
Hace dos años y medio, Leticia Salvatierra, experta en finanzas de Villa Mercedes, aficionada de toda la vida al patín artístico, sintió que un pedazo de su vida se le iba en un robo: el de sus patines, “profesionales, italianos, soñados”. Lloró esos patines que la acompañaron en su carrera durante mucho tiempo hasta que hace nada más que dos semanas dio un paso adelante en su idea de soltar y tiró, por fin, la caja en la que venían. Posiblemente un signo del fin de su esperanza.
Pero la vida tenía deparada una sorpresa sumamente emocionante para Leticia, quien vivió sensaciones encontradas cuando llevó a su hija el martes a la primera clase de patín en una escuela de su barrio que abrió hace una semana. Era el retorno de la nena a la actividad luego de un tiempo de distanciamiento obligado por la escuela y otras responsabilidades.
“Ella patina prácticamente desde que está en la panza, porque es mi pasión”, dijo Salvatierra, experta en finanzas, en un video que compartió en sus redes sociales con su emotiva historia. Antes de todo lo que le sucedió en una tarde, le había llamado la atención, relató, el entusiasmo que tenía la nena por comenzar de nuevo.
Fue inesperado para la mujer encontrar en el salón donde se dictaban las clases sus patines, arriba de un escenario. “Lo primero que hice fue decirle a mi hija, pero ella me decía no que no eran, que tenía que soltarlos de una vez”, dijo Salvatierra, visiblemente emocionada en el video.
Convencida de que se trataba de sus patines robados, Leticia se acercó a la profesora, Carla Tapia, y le manifestó su inquietud. La docente, que empezaba ese día con las clases, le contó que los había comprado, usados, en una plataforma digital y que estaban destinados a su hija de apenas tres años que ese día hacía su primera práctica.
La clase estaba llena de nenas que comenzaban a dar sus primeros pasos, pero Leticia no podía dejar de pensar en sus patines. Le mostró todos los comprobantes a la profesora, quien amablemente le entregó los elementos a su dueña. “Ellos encontraron el camino a mi casa”, dijo Salvatierra, quien manifestó que ama los patines “con todo mi corazón”.
“Yo no sé si fue Dios, el universo, el destino o qué, pero pude encontrarme con ellos después de mucho tiempo”, dijo Leticia, quien agradeció especialmente a Tapia por hacer posible la recuperación.
La mezcla de sensaciones en Leticia fue inevitable. “Estaba contenta porque había recuperado algo que quiero muchísimo, pero la nena no se quedó muy bien. Además, ella tienen una condiciones tremendas”, evaluó la mujer.
La decisión fue llevarle de regalo a la hija de la profesora unos patines para que pueda comenzar las prácticas y reciba la transmisión de una pasión que se transita sobre ruedas.
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