Por una nueva oportunidad de vida: piden una cadena de oración por Santi
Su mamá, Pamela Lubatti, pide muchas oraciones para que Santi acepte el riñoncito que le trasplantaron y pueda funcionar bien para que “pueda dejar de hacer diálisis y estar libre”.
Hace un año que Santiago Rumie, este pequeño de Villa Mercedes, estaba en lista de espera de un riñón. Fue el domingo 4 de enero que llegó el llamado tan esperado: el riñón que esperaba había aparecido.
Ese mismo domingo, Santi ingresó a quirófano. Sus padres lo dejaron sabiendo que, al salir, comenzaría una nueva etapa. La cirugía duró cinco horas y, apenas finalizó, los valores renales ya mostraban una mejora.
El camino hasta ese momento no fue fácil. Santi atravesó más de tres años y medio de diálisis peritoneal dos veces al día, con sesiones de tres horas por la siesta y nueve por la noche. A los cuatro meses de vida le colocaron el primer catéter y, a los tres años, debió someterse a un cambio por infecciones. Medicación constante, restricciones de horarios y alimentos, y muchas cosas que no pudo hacer, siempre enfrentadas con una sonrisa y la picardía que lo caracteriza.
Mientras Santi lucha por tener una mejor calidad de vida, su inseparable madre compartió las siguientes reflexiones en este momento clave del postoperatorio:
- “Pasar parte de mis días en una clínica, por la salud de mi hijo, me ha cambiado la vida y la manera de ver el mundo. También, perder la noción del tiempo”.
- “Las fechas dejaron de ser especiales y estas cuatro paredes se convirtieron en mi refugio”.
- “Comer bien dejó de ser prioridad; a veces, incluso salir a comer se volvió un lujo”.
- “Cambias las calles, los paisajes y la rutina diaria por pasillos llenos de habitaciones, donde el ambiente se siente pesado, cargado de tristeza y dolor. Ves personas sentadas en escaleras y salas de espera, llorando desconsoladas”.
- “Y, lo único que quisieras en ese momento es darles un abrazo, porque sabes exactamente el dolor que están viviendo”.
- “El hospital te vuelve cómplice de historias: unas más duras que la tuya, otras menos dolorosas, pero todas marcadas por el sufrimiento. Es ahí donde entiendes lo poco que valoramos la vida y cuánto tiempo perdemos en cosas que no tienen ningún valor real”.
- “Conoces profesionales apáticos, que solo cumplen un horario.
Pero también encuentras seres humanos tan llenos de empatía, que hacen la estadía un poco más llevadera”.
- “Vivir parte de tus días en un hospital fortalece la fe. Es aquí donde te acercas más a Dios, donde vives con esperanza...”.
- “No es un lugar agradable. Pero es una oportunidad más que te da la vida para aprender, para sanar y para sonreír, incluso con dolor”.
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