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Murió la “doctora Rivarola”, “la Pichona”: un legado de medicina y compromiso

Concepción María Corbalán de Rivarola dedicó su vida a la medicina y por su incansable labor, logró un gran reconocimiento de todos los sectores de San Luis.

Por redacción
| Hace 2 horas

San Luis despide este lunes a Concepción María Corbalán de Rivarola, querida y respetada como “la doctora Rivarola”, también conocida entre sus allegados como “la Pichona”, una mujer que no solo ejerció la medicina, sino que la transformó en un apostolado.

 

Hablar de "la Pichona “es hablar de una de las personalidades más queridas y emblemáticas de la historia de San Luis.

 

Concepción María Corbalán de Rivarola nació un 19 de diciembre de 1929. No fue solo una médica; fue una pionera que dejó una huella profunda en la salud pública y el bienestar social de la provincia.

 

Para los puntanos, la “Pichona” Rivarola representa la vocación de servicio, empatía, solidaridad; caracterizada por la humanización de la medicina, la dedicación incansable principalmente con los más vulnerables y por, sobre todo, una ética profesional inquebrantable.

 

Se sabe que nunca le cerró la puerta a ningún paciente, sin importar la hora en que la requerían o si podían o no pagar su consulta. Ella no se limitaba solo al consultorio, también recorría los barrios y conocía las realidades de las familias puntanas.

 

Impulsora incansable de la vacunación y la nutrición infantil, fue una de las figuras más respetadas de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP). Su visión de la medicina siempre fue integral, entendiendo que la salud de nuestros niños no se circunscribe solo a la medicina, sino que además se ocupó de su contexto social y familiar. Ejerció la medicina privada hasta los 87 años.

 

Su apodo, "Pichona", da una pista de la cercanía y el cariño que inspiraba, todo un sinónimo de protección a la infancia, convirtiéndose en una verdadera "prócer de la vida cotidiana". Muchos la recuerdan con nostalgia, pero con mucha alegría y orgullo, haber sido uno de sus innumerables pacientes, destacando en ella por sobre todo su calidez, cariño y amor infinito en el ejercicio de su profesión. Fue Jefa de Servicio de Pediatría del Policlínico Regional San Luis

 

Pionera en una época donde los estetoscopios rara vez estaban en manos femeninas, la “doctora Rivarola derribó todo tipo de barreras, las de género, las sociales y cualquier otra que le impidiera dar lo mejor en pos de los más necesitados.

 

Fue parte de una generación de mujeres que rompieron moldes, destacándose como médica pediatra, dedicando su vida al cuidado de los más vulnerables: nuestros niños. Su "ojo clínico" era famoso, pero su capacidad de “curar” el corazón de las madres, sanando el “llanto” de sus niños, la convirtió más que en una pediatra, en un pilar fundamental de nuestras familias.

 

Han sido 96 años de una vida plena, dedicada siempre al cuidado de los demás. No fue solo una médica; fue una institución en sí misma.

 

Hoy San Luis despide a una gran mujer que dedicó casi un siglo de sacrificios, esfuerzo, acompañamiento y amor; sin duda un enorme y fuerte legado que servirá de guía a las nuevas generaciones de médicos pediatras de la provincia.

 

 

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