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Miguel Rep: nacido para molestar

Un animal del dibujo, híbrido social, que sintetiza los males y bienes nacionales en sus obras. Dispuesto al goce, la realidad lo hace un sufriente más.

Por Astrid Moreno
| 04 de febrero de 2024
Fotos: gentileza.

Con preguntas filosóficas que van desde el porqué de ciertos nacimientos hasta las miradas de un no nato; Miguel Rep analiza,

 

desarma y reconstruye con agudeza e ingenio una sociedad que desea gozar, pero arrastra la herencia del sufrimiento obligatorio. El humorista, nacido para molestar las mentes aquietadas con sus dibujos inquietos.

 

El artista gráfico presenta su nuevo libro "Messi, nacido extraterrestre" y se suma a la saga de personajes populares que vinieron a esta tierra para realizar algo destacado por las manos de Rep. También se incluyen a Diego Maradona y Eva Duarte de Perón, ambos concebidos para molestar, según el especialista.

 

En una charla con Cooltura, el maestro del dibujo reflexiona sobre la misión de ciertas personas en el mundo, anula las comparaciones entre Messi y Maradona, y rememora a los "Migueles" del pasado. Además, analiza la situación política actual de Argentina y a los sufrientes locales que busca sacar, al menos momentáneamente, de su miseria con sus posteos críticos e irónicos.

 

 

―¿Todos nacimos para algo?

 

―Sí, creo que todos nacimos para algo y hacemos falta para algo, pero no todos somos personajes públicos como los que dibujé: Evita, Diego y Messi. Seguramente todos tenemos una misión en la vida. De todas formas, eso no ameritaría hacer un libro en una colección así; de hecho hay mucha gente anónima que merece un libro y que a veces los familiares hacen sus biografías y nos descubren algo que no fue público, pero que merecía ser conocido y para ello hay que hacer un rescate de la personalidad. Me imagino muchas abuelas, bisabuelos que han sido revisitados y biografiados por sus descendientes porque su rescate les pareció que valía la pena. Estamos llenos de esos ejemplos, no lo publican en editoriales mayores, pero cuando viajás por las provincias o lugares te encontrás con gente que te regala libros de personas que no son conocidas, pero estas biografías, esos libros, están descubriendo que han nacido para algo. Esa misión también se traslada al que escribió porque nacieron para hacer ese libro. Creo que merecemos, a partir de que somos sujetos, ser biografiados todos con alta o baja intensidad. En el caso de

 

Messi con altísima intensidad porque lo conoce todo el mundo y todas las cosas obvias que puedo llegar a decir de estas personalidades que allanan mucho los caminos porque simplemente tenés que hacer un recorrido de algo que ya la gente conoce bastante y te queda una vuelta de tuerca. El caso de Evita y de Diego para mí fueron nacidos para molestar, aparte de otras cosas; es un mote que yo le pongo desde el humorista que soy. Por supuesto que Evita no solo nació para molestar, nació para poner justicia social; Diego nació para ser el mejor del mundo y para contestarles a los poderes. Pero ese subtítulo es la subjetividad mía como autor. En este caso, Messi es “Nacido para…” embellecer el fútbol, para darnos alegrías a los argentinos y demás. Pero yo le puse nacido extraterrestre porque es un personaje casi te diría inexplicablemente humano. Pero es una situación de humorista.

 

 

―Jugando con el título, ¿qué palabra completaría el título en tu caso? Nacido para…

 

―Creo que no haría mi propia biografía, pero sí creo que soy nacido para molestar, en menos intensidad. El humorista creo que nace para eso y también para otras cosas. Digamos, me dicen que me queda un año de vida y me piden por favor hacé tu legado, tu vida, aunque sea en veinte páginas y yo pondría así: “Nacido para molestar”.

 

 

―Decidiste hacer la biografía de Messi después de Qatar, por la alegría que produjo el Mundial, pero ¿por qué él y no la Selección o Scaloni?

 

―Porque a mí me gusta hacer biografías de una persona que ha calado hondo, pero no me interesa la Scaloneta como figura. Si quiero un registro o un libro sobre la Scaloneta lo haría sobre la aventura del Mundial como una película. No vinieron a este mundo a molestar, vinieron a este mundo a otra cosa, a ser efectivos, a ser atletas y campeones, pero no sé, realmente me quedo con las ganas de dibujar un libro de toda la final. Sobre todo del partido contra Francia, lo vi muchas veces y lo sigo viendo, hasta con la cámara cenital donde apenas se ve la pelota. Es una aventura buenísima, hermosa, pero no creo que justifique un libro. Aparte quiero seguir haciendo otros libros. Esta selección amerita otro tratamiento, pero en este caso yo quería hacerlo a Messi, quería indagar cómo se transformó este niño rosarino, chiquitito, pulguita, en esta figura extraterrestre del planeta tierra y de Argentina.

 

 

―También elegiste biografiar a Maradona, pero por otros motivos, ¿es injusto compararlos?

 

―Sí, no me gusta compararlos. Son incomparables. Es lindo ponerlos así como eslabones. Digamos que Messi es muy difícil que exista si no hubiera existido Diego. Hay una especie de herencia ahí. Diego juro que la advirtió antes de perder todas las capacidades en este mundo. Vio ahí a su heredero. Pero me parece que no son comparables porque los tiempos no son comparables; el fútbol mismo no es comparable. Los contextos que dibujaron a Diego son muy distintos al contexto generacional que tiene Messi. Comparar jugar en Argentina y soportar el sistema argentino durante toda su formación, primero en Argentinos Juniors, después en Boca, con la de Messi en Barcelona me parece muy injusto. Son sistemas muy distintos. Hay privilegios en uno que no tenés en el otro. Pero son redistintos. Y creo que tenemos que escapar a la comparación, lo que sí hago es encontrarlos.

 

 

―Cuando sacaste el libro de Evita aclaraste que no eras peronista, pero sí se ve una postura política en tus dibujos…

 

―Creo que hay una coherencia en mí como ciudadano que viene desde la dictadura militar que yo trabajaba en “Humor registrado” y que es estar siempre en el partido del reparto y no del ajuste. Estuve en contra de la dictadura militar y después en la democracia, o en esta supuesta democracia que vivimos, estuve siempre en contra del neoliberalismo y esto fue una consecuencia, fue el aposte al neoliberalismo. Lo único que tengo que seguir es mi línea, no me lo propongo y no me disfrazo, simplemente me dejo llevar por el animal que siempre fui en tanto a la postura, hasta diría, humanista más que política; no pertenezco a ningún partido político, pero siempre fui del partido del reparto y antineoliberal.

 

Creo que cierta parte de la Argentina nació para gozar, pero no la dejan porque está esta idea de que tiene que sufrir.

―Comenzaste a publicar a los 14 años, ¿cómo recordás a ese Miguel que ya trabajaba?

 

―Son cosas del pasado que veo como muy lejanas, era casi un niño cuando publiqué por primera vez; durante mucho tiempo fui eso, un niño muy entusiasta con el género que me permitía publicar. Después la cosa fue cambiando y hoy estoy bastante lejos de aquel entusiasta, casi inocente, que publicaba sus primeros dibujos en el 76 y que después empecé a publicar en "Humor registrado". Son como otros "Migueles" que veo con ternura y respeto por la pasión que tenía por llegar a dibujar mejor o escribir mejores guiones y después fui un animal del dibujo, casi que ni pienso, sino que me ocurren las cosas. Lo único que sé hacer es pensar guiones, dibujarlos y lo que hago para salir de eso son programas de radio y de televisión, y murales. La labor gráfica, cercana al periodismo, es un elemento muy instalado en mí. Lo que veo con respecto a aquellos "Migueles" era el balbuceante que trataba de meterse en ese mundo, que le costaba mucho, con un gran respeto a los maestros y maestras que ya no están. A ellos y ellas yo los sigo teniendo ahí como ángeles que a veces me dicen "vas bien" y muchas otras me dicen "mejorá". Como si fuera Quino diciéndome qué está bien, o que me estoy repitiendo; que en realidad soy yo, pero los tengo muy incorporados y en muchos casos fueron amigos. Y esos ángeles se van a ir, cuando yo no esté, conmigo. Eso veo de ese niño, un Miguel balbuceante, pero con la pasión que heredó este Miguel actual.

 

 

―¿Cuánto de ese Miguel tiene tu personaje del "Niño Azul"?

 

―En cuanto al asombro que tiene el Niño Azul me parece que hay algo. Estoy en todos mis personajes, en unos más que en otros, y algunos ya dejé de serlos y por eso no los dibujo más o tomé distancia. Creo que hay un Lucas en mí que perdura y por eso lo sigo dibujando. En el caso del Niño Azul no lo busqué, lo encontré, y el poeta Hugo Mujica, cuando me prologó el libro del Niño Azul, me lo describió como la historieta del no nato. Es decir, como aquel que sigue estando en el vientre materno y que todas las cosas le pasan por primera vez. A mí me gustó mucho esta mirada poética de Hugo. La he incorporado como para tener que explicarlo, porque es inexplicable, estoy dibujando territorios que hemos olvidado: los de la panza y la placenta. Es un mundo que se termina ni bien nacemos. Quizá sea un recuerdo muy inconsciente, porque yo no recuerdo nada de la panza. Quizá sea alguna rémora así de lo que viví porque, ¿cuándo empezamos a recordar? Cuando empezamos a tener lenguaje. Creo que el Niño Azul no habla porque no tiene recuerdos. Empezamos a recordar cuando empezamos a tener lenguaje. Este personaje es el colmo del no lenguaje. Simplemente sucede en ámbitos distintos a los que vivimos prácticamente, con una poética muy distinta y muy libre para mí.

 

 

―¿Es más fácil digerir la crisis actual a través del humor?

 

―Parece que uno como dibujante analiza, como en un laboratorio, algo que está en cierta parte de la ciudadanía, que está disconforme o que protesta. Uno lo transforma en humor y en dibujos porque la gente en general no tiene esa capacidad de síntesis. Pero cuando yo hago un dibujo está toda mi historia y pensamiento detrás. También están mis maestros del humor y de todos los tiempos. No estoy solo. A veces lo que ocurre es que llego a sintetizar algo que a la gente le llega mucho. Eso no quita que yo también sea un sufriente. El humor es curativo durante un ratito, pero lo que estamos soportando es muy bravo. Y yo soy un sufriente más. Más allá de que a la hora de dibujar me salen estos desahogos, pienso que deben servir para empatizar con los que piensan más o menos como yo o que no tienen las armas para simbolizar lo que estamos viviendo y que siempre vivimos porque no es una situación nueva, siempre hay períodos negros en Argentina y la historia de todos los países. Creo que este es un período muy breve todavía que va hacia una negritud y mi arma para decir algo distinto como un músico o un letrista dice las cosas con otro lenguaje. Lo mío es esto. Me dejo llevar muchas veces y a veces hago dibujos que digo: "Es gravísimo esto, pero tengo que hacerlo".

 

―Entonces, podrías titular "Argentinos, nacidos para sufrir…"

 

―Hay un sufrimiento que se vio muy claramente en el Mundial, ¿no? Eso de que para disfrutar tanto hay que saber sufrir mucho. En el caso del Mundial se metaforizó, pero de una manera involuntaria. La gente no buscaba sufrirla, sino que tenían que soportar lo que esos once jugadores estaban dirimiendo en el campo y ellos empujaban en todo caso al público. Esos once lo que le daban era, a partir del segundo gol de Arabia, una gran angustia al público que solo se saldó con el último penal frente a Francia. Pero eso no es manejable. Ahora la política es más manejable, en la historia Argentina vos podés presionar a las masas o el pueblo puede presionar y decir: “No queremos sufrir”. Hay una parte de la sociedad argentina que ha sido convencida de que hay que sufrir. Pero no es toda la sociedad. Yo creo que pertenezco a esa parcela de la sociedad que no quiere que el pueblo sufra. Creo que cierta parte de la Argentina nació para gozar, pero no la dejan porque está esta idea de que tiene que sufrir.

 

 

―¿Hacés dibujos solo para vos que no verán la luz?

 

―La mayoría de los dibujos que hago son para publicar. Lo que me pasa es que puedo pasar muchos días sin dibujar y después me viene como una especie de cosquilleo en la mano y, simplemente, voy a un jardín y empiezo a dibujar hojitas, árboles, cosas sin anécdotas como para ponerme a ejercitar la mano; la naturaleza te da formas nuevas y tarde o temprano atraés al dibujo. El tema de los guiones no es lo mismo, esa ausencia de laburo que puedo tener por vacaciones la ejercito leyendo y uno después escribe como devolviendo la lectura. Yo no soy un gran lector, pero sé que los grandes escritores son grandes lectores. En todo caso soy un gran mirador, soy un lector visual, veo las cosas con los ojos más que leer. Observo y observo, y algún día lo mando para el dibujo. Soy un dibujante que lee bien. A veces por el laburo tengo que leer también; ahora mismo estoy ilustrando un cuento para el suplemento Verano 12, de Página 12, y lo tuve que leer.

 

 

―¿Hay alguna personalidad contemporánea que te llame la atención para dedicarle un libro de la saga "Nacidos..."?

 

―Charly García, la ventaja es que lo dibujé mucho, entonces no tengo que ensayar su cara ni ver los looks, porque para hacer a Messi me basé mucho en la documentación y el rigor periodístico. Me ayuda el periodista Jorge Repiso, que es mi hermano, me consigue toda la data y yo la ordeno y leo libros. La ventaja de Charly es que lo conozco muy bien porque ha dibujado casi nuestras vidas, sigue en ejercicio de alguna manera y es un personaje que tiene de todo, de una gran riqueza. Es comparable con Maradona, solo que vivió bastante más, su lenguaje está impreso y nos ha musicalizado la vida.

 

 

―¿Hay una presión al escribir personas que están vivas?

 

―Es muy distinto porque a Messi yo lo detuve en el Inter Miami, pero está abierta la biografía de él. No sé qué va a pasar. Seguramente va a jugar la Copa América, pero no sé cómo va a seguir su derrotero tan bondadoso de la vida. Es una biografía abierta. En el caso de Diego y de Evita es muy útil que no estén. A Diego lo empecé a dibujar meses después de su muerte, son personajes tan contradictorios y ricos que es muy importante tener todo el rompecabezas cerrado como para no temer olvidarse un capítulo de sus vidas. No volvería a hacer ni a Evita ni a Diego porque ya me completó, mi opinión sobre ellos dos tanto en el dibujo como en el humor los completé, los leí y pensé mucho, y ahora no me encuentro con esa sed y esa hambre de saber cosas nuevas de ellos. Me pasa también con Messi; no tengo ganas de ir nutriendo la biografía mía, mental, de ellos. Ahora me dan curiosidad nuevas cosas y cuando uno termina un libro así también saldás y necesitás un tiempo para cerrarlo.

 

 

 Redacción / NTV

 

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