17°SAN LUIS - Domingo 19 de Mayo de 2024

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Stephanie Demner: comunidad del amor

Con su millón y medio de seguidores, la influencer y empresaria agota stock en todo lo que emprende y en los corazones de sus fans. 

Por Astrid Moreno
| 13 de mayo de 2024

La reina de las bolucompras, influencer de Instagram desde que estaban de moda los filtros de la aplicación y mamá de Baby Ari, Stephanie Demner es el fenómeno de redes sociales que acumula un millón y medio de seguidores gracias a su trabajo y mentalidad de empresaria que la llevó de vender neceseres a tener colaboraciones con Disney.

 

La empresaria hoy tiene un numeroso equipo de ventas, marketing y redes. Sin embargo, sus inicios se remontan a las temporadas bajas como modelo en las que necesitaba sumar un ingreso. Muchos años después, da empleos a otros y todo lo que promociona en sus redes agota stock a los pocos minutos. Su “comunidad del amor”, como llama a sus seguidores, la acompaña desde el primer producto hasta el último, y también en sus proyectos personales como su primera hija y el pronto casamiento con el extenista Guido Pella.

 

―Siempre se asocia tus inicios con el modelaje, pero también hubo mucho de emprender, ¿verdad?

 

―Sí. No sé si emprendedora es la palabra que más me caracteriza, pero sí soy una persona muy buscona. Siempre fue si una puerta no se abría, iba y buscaba por otro lado. Fui buscando mi lugar dentro de los medios, que era lo que a mí más me gustaba, pero si no eran los medios, temporalmente podía estar en otro lugar. Siempre fui de buscar oportunidades y al día de hoy las sigo buscando. Cada vez que, quizás, una puerta no se me abre, sé que se me abre otra por otro lugar y, mientras, sigo trabajando de alguna u otra manera. Empecé a emprender desde muy chiquita. Cuando entré al modelaje en algunos momentos por cuestión de fechas, de estacionalidad, de que había temporadas un poco más marcadas, me pasaba que el trabajo al que yo estaba acostumbrada, que era mucho, de repente bajaba. En ese momento estaba viviendo con un novio y no tenía plata para ir al supermercado, me gastaba mis ahorros, que obviamente no eran inagotables. Necesité buscar una manera de hacer otro negocio y me puse un emprendimiento de neceseres. Me iba muy bien y lo acompañaba un poco con mi poquito público de redes sociales, pero había hecho muy mal los números, entonces no me era muy rentable. Después, tuve un emprendimiento de ropa deportiva, al que también le iba increíble, pero se nos complicaba un poco con la reposición de las telas y los talleres. Era como bastante difícil, porque era un universo desconocido al que yo no le podía poner tampoco el cien por ciento de mi atención, porque de repente volvía al modelaje, que siempre fue mi primer amor. Estaba un poco dividida entre las dos cosas y en un momento tuve que decidir qué hacer, y justo se me dio lo de las redes sociales, que la verdad es que me enamoré porque tenía un poco de medios, un poco de modelaje y una suerte de juego que me divertía mucho. Sumado a tener a la gente del otro lado, que era una comunidad muy chiquita y muy marcada, con quienes tenía un ida y vuelta constante. Eso me terminó de encantar con lo que estaba sucediendo en mi miniuniverso. Dejé los emprendimientos de lado, pero al día de hoy sigo siendo emprendedora y empresaria, que está todo el tiempo buscando nuevas oportunidades.

 

―Empezaste a emprender por necesidad; un contraste con quienes actualmente te ven y hacen una comparación con el estereotipo de "milipili" o Caro Pardíaco...

 

―Es como un poco una fantasía y el alivio de decir "bueno, la realidad es que yo no puedo ser hoy Stephanie Demner". No saben todo el trabajo que hubo detrás, claramente, entonces quizás es como un alivio decir "ella tuvo suerte y yo no". En realidad, si empezás a buscar, no es que yo simplemente tuve suerte, obvio que hay una cuota de eso, pero también hubo mucho trabajo. No es que porque me quedé en mi casa vinieron oportunidades laborales, sino que yo siempre salí a buscarlas; entonces es un poco la comodidad para la cabeza de decir que si al otro le va mejor que a mí, es obvio que es porque tiene más suerte y más recursos. A mí nadie me regaló nada. La realidad es que trabajé siempre desde muy chiquita en una familia de clase media con las posibilidades que teníamos. No tenía a nadie metido en los medios, mi familia era totalmente de una rama distinta. Mi mamá, contadora, y mi papá, ingeniero, trabajaban en empresas que nada tenían que ver con los medios y me tuve que armar mi lugar solita.

 

―Hace poco mostraste que varios seguidores todavía tienen tus neceseres. ¿Cómo te impacta ver la fidelidad de tu comunidad?

 

―La verdad es que me encanta. A los que tienen el neceser directamente los amo. Me da un poco de envidia, porque ni yo me quedé con uno. No tengo nada de esa época. Me recuerda a un momento relindo, porque yo le ponía muchísimo amor a ese emprendimiento, me encantaba hacerlos, lo disfrutaba un montón. No ganaba nada de plata, porque había hecho muy malos números, pero disfrutaba muchísimo de que puedan tener como un pedacito de mí, que es un poco lo que sigue pasando con cápsulas y las colaboraciones que hacemos ahora: tienen un pedacito de mí que tuvo mucho trabajo previo en el que estuve realmente muy metida. Con esa gente que me acompaña hace tantos años, por lo general, siempre trato de tener una atención extra no solo con contestar sus mensajes, que suelo hacer casi siempre, sino mandarles algún regalo, estar de alguna manera o que sepan que realmente sé quiénes son. Quiero que de alguna u otra manera tengan una linda experiencia conmigo.

 

―¿Hacés ese ejercicio de ver esa Stephie de los neceseres y la actual, que hace colaboraciones con Disney?

 

―Sí, cien por ciento. Es más, cada vez que doy entrevistas, voy a la tele o a algún programa que lo ve mucha gente, siempre trato de contar de dónde vengo, cómo empecé, cómo armé lo que tengo hoy, porque realmente lo armamos de cero y está bueno visibilizar eso, no simplemente la foto final, sino todo lo que hay detrás. La gente se queda quizás con la punta del iceberg y abajo hay un montón de cosas como el trabajo, el sacrificio y los años que tardé en llegar adonde estoy actualmente.

 

―¿Cómo fue ese camino vinculado al modelaje y a cuidarte a vos física y mentalmente?

 

―Fue bastante difícil en su momento. Por suerte, tuve a mi familia siempre conteniéndome, ayudándome. Mi mamá estuvo muy presente en mi carrera de modelo y no dejándome flaquear en muchas situaciones en las que era fácil caer en determinadas enfermedades. Había estándares muy marcados de cómo tenía que ser la modelo, cómo tenías que ser vos para estar en la agencia, cómo te tenías que comportar. Por lo general, la mayoría de las chicas de la agencia éramos jóvenes y estábamos recién empezando. Teníamos 14 o 15 años, estás todavía formando tu personalidad, es muy frecuente pensar que a los quince años lo único que me importa es ser modelo y si me dicen que tengo que bajar cinco kilos, los voy a perder como sea. Es muy difícil estar en un ambiente así si no tenés una red de contención atrás que te dice que no es necesario verse tan flaca, que no es sano bajar de peso. Había muchas cosas de ese momento que gracias a Dios hoy están cambiando, pero eran muy marcadas y determinantes para que vos pudieras o no hacer la carrera de modelo y ser o no exitosa. Realmente si no bajabas los kilos que te decían o si no cumplías con determinada estatura o comportamientos, no ibas a ser modelo y te lo hacían saber. Actualmente, cualquiera que tenga la actitud puede ser modelo y quien pueda romper con un estereotipo también lo puede hacer. Hay lugar para la persona hegemónica, para la que no lo es, para cualquier peso y altura. Quien se lo proponga, si realmente quiere, puede ser modelo y ya no tiene que cumplir con los estándares de belleza que se pedían antes. En su momento fue bastante complicado, porque yo estaba como en un intermedio entre lo que me pedía la agencia y lo que mi mamá me dejaba hacer, y a la vez quería cumplir con lo que me exigían, pero sabía que no era muy saludable de mi parte. Me pedían que baje tres kilos, que tenga menos cadera y yo en la cadera tenía huesos, entonces mi contextura era difícil para esa época. A lo largo de los años eso un poco fue cambiando y como siempre fui muy buscona, quizás no era el tipo de modelo que ellos querían, pero podía ser otro tipo de modelo y me incliné por una carrera un poco más comercial. Hacía trabajos más teens, no tan alta costura, y terminé haciendo campañas mundiales para todo tipo de marcas, y la verdad es que mi carrera de modelo siempre fue muy gratificante. La recuerdo con mucho amor, pero sí pasa que hay muchas chicas que son chiquitas y que son permeables a las opiniones de los demás, y es muy difícil. Hay que acompañarlas mucho, porque realmente es muy fácil caer en cualquiera de las enfermedades, sobre todo alimenticias.

 

"Lo que yo muestro es la cultura del esfuerzo y del trabajo, no muestro una vida de lujos”

 

Stephanie Demner, modelo e influencer

 

―¿Cómo te llevás con el concepto de influencer y que mucha gente mire e imite lo que vestís, decís y hacés?

 

―Me encanta, me parece muy lindo que quieran copiar cosas mías. Es muy gracioso porque a veces son muy literales, puedo mostrar una marca de ropa y no les gusta la marca en sí, sino exactamente lo que tengo puesto. Sí lo tomo con mucha responsabilidad, porque yo sé que hay un comportamiento del otro lado y una reacción a todo lo que hago, entonces todas las cosas que recomiendo, que muestro y hago, lo hago con mucha responsabilidad. Tanto lo que elijo subir a mis redes como lo que no. Por ejemplo, decido no mostrar qué es lo que como día a día, porque sé que hay mucha gente que me va a ir a copiar. Soy partidaria de que todos los cuerpos son diferentes, que cada uno necesita algo distinto y dejo siempre todo en manos de profesionales ya sea de nutrición o de ejercicio. Puedo hacer algún tip de beauty o algo que haga particularmente, pero cuando son cosas muy puntuales prefiero dejarlo en manos de los que saben. Soy muy responsable a la hora de influenciar.

 

―¿Hay un análisis al momento de trabajar con ciertas marcas o productos? Por ejemplo, publicidades asociadas al juego o tratamientos de belleza.

 

―En realidad, vemos que la marca esté alineada con mis valores, que sea también responsable con sus consumidores y, por lo general, son muy conocidas, y si no las conocemos, porque es un lanzamiento nuevo, lo investigamos. Suelen ser muy claras las marcas con las que es un no rotundo trabajar y cuando hay algo que nos llama la atención o nos hace un poco de ruido, es un no que es imposible que se convierta en sí. Si algo ya de entrada no nos gusta, no intentamos que nos guste o porque hagan una propuesta económica mejor nos empiece a gustar. Cuando algo no está alineado con lo que queremos hacer o comunicar, directamente no se hace y listo.

 

―¿Cómo es en esa vorágine mantenerse fiel a vos misma?

 

―A veces es difícil, porque las propuestas económicas son muy altas y muy generosas, y te hace repensar y decir "con esto pago el alquiler de todo el año". Pero es parte de ser responsable con lo que uno está comunicando, fiel a tus principios y también es un poco ser inteligente, porque sabés que lo que hoy te puede estar dando el alquiler de todo el año es el gran "pan para hoy, hambre para mañana". Realmente es así, porque en el momento en el que te ponés a recomendar cosas que no son afines a tus valores o a lo que vos solés comunicar, la audiencia está del otro lado, está esperando cosas justamente a las que está acostumbrada y de repente empezás a cambiar y recomendar cosas que no son genuinas; el público se va a dar cuenta y te va a dejar de elegir.

 

―¿Te sorprendió el nivel de amor que hay por Baby Ari?

 

―La verdad es que sí. Cuando estaba embarazada no tenía tantas ganas de contarlo, porque me pasaba que estaba muy insegura de todo el embarazo, tenía muchos miedos. Si bien estaba refeliz, no tenía ganas de que se supiera la noticia, porque era mucha información y es algo muy chiquito. Se mueve mucha energía. La verdad es que cuando dije que estaba embarazada, recibí tanto amor que me acuerdo que en un momento pensé 'lo hubiese contado antes'. Me pasa lo mismo con Ari, a medida que va creciendo y la voy compartiendo con la comunidad, la reciben con muchísimo amor, ven su crecimiento, aman cada cosa nueva que hace. Cuando me cruzan por la calle, lo hacen con mucho respeto y son cero invasivos en la privacidad de Ari. La verdad es que tengo una comunidad muy respetuosa, muy fiel, muy ubicada, entonces es fácil mostrar ese día a día. Si yo mañana recibiera agresión, cuando la muestro a ella, o quizás va caminando por la calle y se le tiran encima, cambiaría un poco la dinámica, pero la verdad es que no está pasando. Entonces sigo eligiendo mostrarla en el día a día.

 

―Hablaste del embarazo, de que no te sentías tan cómoda en ese contexto y muchas mujeres salieron a apoyarte. ¿Qué te llevó a contarlo?

 

―Fue una nota en particular que se viralizó y me sorprendió que mucha gente empatizaba con eso. Lo conté de una manera natural, porque fue lo que me pasó realmente, pero sí empezó a pasar que cuando la gente afirmaba en los comentarios, pensé que nunca nadie salió a decir públicamente "che, yo odié estar embarazada". Era como que había mucha presión social de si vos estás embarazada tenés que estar feliz, plena, tenés que creerte una diosa creadora de vida, empoderada, posar semidesnuda con tu panza y decir que es el estado más feliz de tu vida. Puede pasar lo contrario. Tuve un embarazo hermoso, no la pasé mal ni tuve malestar. Tuve un parto y una recuperación espectaculares. Pero decir que fue el estado más feliz de mi vida, lejísimo. Obviamente, estaba muy feliz porque iba a tener una hija y era lo que más quería en el mundo. Además, mi pareja, Guido, y yo queríamos una nena. Entonces, estábamos demasiado felices con el resultado de que iba a ser una bebé, que era nuestro sueño máximo. Pero el estado de embarazo en sí no me gustó. Iba con mucho miedo a todas las consultas, de tener malas noticias, estaba preocupada y me sentía extremadamente responsable por todo lo que pasara, porque lo estaba haciendo todo mi cuerpo. La verdad es que estaba incómoda, obviamente en ese momento no es que subía posteos y decía 'odio esto'. Yo estaba feliz, iba a tener una bebé, es un una bendición, pero de ahí a decir fue el estado más feliz de mi vida, y, la verdad es que no. Lo dije con naturalidad, como digo las cosas, y de repente empezó a pasar que mucha gente fue como "qué bueno que lo dice". Y eso me parece que sacó un poco de presión en las mujeres, decir "yo también estoy o estuve incómoda durante el embarazo y lo puedo decir". Y eso está bueno. Creo que me va a pasar en mi segundo embarazo también.

 

―¿Hay planes de un segundo embarazo?

 

―Sí, pero después del casamiento. Siempre quise tener dos hijos y, si Dios quiere, ojalá lo pueda cumplir.

 

―En una entrevista afirmaste que la gente todavía se casa. ¿Hay una sensación de que todo el mundo se está replanteando ese tipo de relaciones?

 

―No sé si la gente se replantea el casamiento en sí, me parece que se han replanteado mucho las relaciones. Realmente, para mí, el amor es una elección de todos los días y sí siento que está pasando un poco en el amor que la gente decide tener una relación más abierta, que venga lo que venga y que pase lo que pase, y me puedo enamorar de cualquiera. Es superválido; yo soy un poco más vieja escuela, en ese sentido. Me gusta el casamiento, la monogamia y no podría tener una pareja abierta. Todavía sueño y tengo la ilusión de casarme. Si bien ya tengo una hija y obvio que los planes de mi casamiento de 2020 cambiaron por la pandemia. Me repregunté si me casaba o no, si valía la pena gastar esa plata en eso y después dije "quiero festejar el amor". Si bien me hace mucha ilusión ponerme un vestido de novia, estoy festejando el amor y, encima, con mi hija; realmente no puedo pedir nada más. Por eso fue un poco la elección de 'me caso'.

 

―Estuviste hace poco en "Olga" y, justo, Jimena Barón también salió a hablar de que el chat en vivo, por ejemplo, la afectaba muchísimo. ¿Cómo te llevas vos con los haters?

 

―Leí un poquito el chat en "Olga" cuando estuve y me pasaba que tres comentarios eran relindos y cada tanto aparecía uno feo. Y pensaba "¿por qué quieren que vuelva la otra chica?" o cosas así. Pero uno tiene que entender que la gente está del otro lado escondida atrás de una compu, una tablet, un teléfono y atrás de un usuario anónimo pueden decir lo que quieran. Uno tiene que hacer mucho trabajo mental para que realmente no te afecte y entender que quizás el otro está teniendo un mal día o simplemente no le gustás. Y ahí lo puede expresar libremente sin tener un acto inmediato. Creo que esa gente si tiene que ir a decirle en la calle a Jimena Barón algo, probablemente no se lo diga. Todos son muy valientes detrás de una pantalla, pero si te lo tienen que decir en la cara, no lo hacen. Uno tiene que también aprender a decir "esa persona tiene ganas de tirar mierda y que lo haga", y tratar de que no afecte. Si hay algo que quizás me llame la atención o sea muy recurrente lo voy a tomar como una crítica y trabajaré sobre eso. Pero si es simplemente "no me gusta", "¿quién es esta rubia?" o "¿quién la conoce?", está Google; hay veces que solo tienen ganas de dañar. En los clips que aparecen en redes sociales que estoy en una entrevista dicen esas cosas y no me voy a poner a contestar a cada uno.

 

―¿Hay algún nuevo lanzamiento en tu línea de cosméticos?

 

―Estamos intentando, este año, tener lanzamientos todos los meses. Lanzamos hace poquito el bodysplash, que fue un éxito, así que ahora vamos a tener muchas cosas de skincare y una línea muy especial para la casa. Y muchas otras cosas más que se vienen en Serendipity; en algunas tengo contrato de confidencialidad, por eso no puedo contar mucho.

 

―Tenés tu marca nacional. Se les cuestiona mucho a los influencers esto de no apoyar la industria local...

 

―Todas mis colaboraciones y mis cápsulas son de industria nacional, y trabajo con todas marcas argentinas. La realidad es que no colaboro casi con marcas de afuera. Consumo marcas nacionales y marcas internacionales, de igual manera, porque compro en los shoppings de acá y en los de afuera cuando viajo. Muestro las cosas porque me las gané sola, no me las regaló nadie y es un poco la frutilla del postre, y decir "me ven trabajando todos los días y me pude comprar algo que anhelaba muchísimo, que soñaba con tener". Es un mensaje que no quiero llevar a algo material, porque no es la cartera en sí, pero yo pasaba por las vidrieras de las grandes marcas y no me animaba a entrar porque tenía miedo de que me atendieran y hoy es una marca en la que gracias a mi trabajo puedo comprar. Y es un poco decir "esta piba se esforzó, trabajó un montón y se compra lo que quiere con su plata; yo quiero ser ella el día de mañana". Lo que yo muestro es la cultura del esfuerzo, del trabajo, no muestro una vida de lujos. Si bien tengo una vida hermosa, me la gané trabajando. Entonces, no es que de la nada heredé un montón de plata o soy hija de alguien y muestro mi vida de excesos. Para nada. Muestro desde lo más chiquito hasta lo más grande y trabajo absolutamente todos los días de mi vida por conseguir las cosas que quiero. No solo materiales, sino las no materiales.

 

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