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Nosotras nos llevamos a casa: amiga, llegaste

Un grupo de diez taxistas habilitadas ofrece un servicio exclusivo pensado por y para mujeres. Su principal objetivo es que las pasajeras y las conductoras puedan viajar seguras.

Por Astrid Moreno
| 11 de septiembre de 2022
Viaje en regla. Las conductoras cuentan con las habilitaciones, seguros y licencias para el transporte de pasajeras. Foto: Marina Balbo.

Una mujer levanta la mano en la calle y frena el auto de un desconocido; es de noche y acaba de salir de trabajar, de tomar unas copas en la casa de unos amigos o regresa a casa luego del boliche. “Amiga, mandame un mensajito cuando llegues”, le grita una amiga —si es que tiene la suerte de que alguien la vea subirse al transporte— mientras abre la puerta para acomodarse en el asiento trasero. Indica la dirección, en paralelo le envía la ubicación en tiempo real a una segunda persona y abre el Google Maps para asegurarse de que el recorrido sea el adecuado. Llega a la puerta de su hogar. Se baja con el rugido del motor de fondo. No sabe si quiere que la espere hasta entrar segura a su casa, o si prefiere que la deje sola, porque el peligro no termina hasta que la puerta se cierra. Una vez dentro, teclea “Llegué”, el riesgo terminó, pero sabe que aún queda la otra parte: “¿Y vos?”, agrega. No se irá a dormir hasta que reciba la respuesta. En ese momento de quietud está a salvo, pero es el ojo del huracán y la tormenta no pasa nunca.

 

El servicio de transporte Taxi Girl nació hace dos semanas, la oferta es simple, un auto manejado por una mujer para transportar a otra. El trasfondo es mucho más amplio y habla de la inseguridad que sienten las puntanas al levantar un taxi de la calle.

 

Según una encuesta realizada en Instagram por El Diario de la República, el 77 por ciento de las sanluiseñas se sintió incómoda, al menos una vez, arriba de un taxi. Entre las situaciones más recurrentes se encuentran comentarios sobre el cuerpo de la pasajera, insinuaciones a tener sexo o algún tipo de encuentro carnal a cambio de un pasaje gratis, trabarles las puertas hasta que les pasen su número de teléfono, querer desviarse del camino y, en los casos más extremos, acoso y persecución.

 

 

En su primer fin de semana activas recibieron 1.500 pedidos de viajes.

 

 

“Esto se me ocurrió porque tuve una mala experiencia hace algún tiempo. Estaba en camino al trabajo y en el taxi al que me subí el chofer estaba alcoholizado, me puse muy nerviosa, bajé rápido, le pagué y me fui”, contó la fundadora e inventora de Taxi Girl, Gabriela, quien por seguridad —debido a que recibió amenazas— prefiere no brindar detalles de su identidad.

 

En su primer fin de semana activas recibieron más de 1.500 pedidos de transporte, pero como cuentan con diez vehículos habilitados —el viernes pasado eran solo cinco—, no pudieron cumplir con toda la demanda. Sin embargo, es un dato que refleja la gran necesidad que hay de las puntanas por tener un servicio que las haga sentir cómodas y seguras.

 

 

 

 

Hasta conseguir más unidades, las Taxi Girls trabajan de jueves a sábados hasta la medianoche. La tarifa y la bajada de bandera es la misma que la que poseen todos los taxis habilitados de la ciudad.

 

“Cuando me sumé a Taxi Girl, por empezar, nos pedían que estuviéramos habilitadas por la Municipalidad, que tuviéramos desde el cartoncito amarillo, que es para identificarte, hasta la libreta sanitaria asentada y el taxi también. Además de todas las cuestiones que se le piden a un taxista en general. Si nos paran o si les llega a pasar algo a las pasajeras también contamos con un seguro”, aclaró una de las mujeres taxistas que se sumó a Taxi Girl hace una semana y que, por su seguridad, pidió que no se revelara su nombre.

 

El sueño de Gabriela es crear una flota propia que trabaje las 24 horas todos los días del año, y no está lejos de suceder. El martes pasado tuvieron una reunión con el secretario de Transporte y Prevención Ciudadana de la Municipalidad, Facundo García, y avanzaron en la obtención de la habilitación comercial y demás licencias.

 

“Me gustaría dejar en claro que no estoy en contra de los taxistas, para nada. Me ha tocado viajar con muchos buenísimos”, remarcó. Y resaltó que el objetivo es tener una agencia segura con una aplicación que les permite a las usuarias registrarse para que la conductora sepa a quién traslada y a su vez la pasajera reciba los datos necesarios de quién la llevará.

 

 

En el asiento trasero

 

A los 16 años Romina Guardia viajaba en taxi desde su casa al colegio. Todos los días, cerca de las 7, su mamá llamaba a una remisería cercana a su hogar, acompañaba a su hija hasta el taxi y tomaba el número de patente y de remís. Ese día la joven se subió y respondió cordialmente las preguntas del hombre que la llevaba a la escuela. La escena se repitió por algunas mañanas.

 

“Veíamos que siempre venía el mismo remís, pensamos que sería por el horario. Pero después empezó a estar parado en la puerta de la escuela y me preguntaba si quería que me llevara y si tenía novio. Le conté a mi mamá y decidimos no llamar más a esa remisería”, contó Romina, quien hoy tiene 29 años.

 

Sin embargo, el hombre continuaba apareciendo en la puerta de su casa a la hora en que Romina iba al colegio. Inmediatamente, su madre llamó a la remisería, realizó un reclamo y pidió que le dijeran el nombre del remisero que le habían enviado, pero se negaron. A partir de allí las intrusiones aumentaron, no solo que se aparecía en su hogar, sino que les gritaba cosas, la esperaba a la salida de la escuela y la seguía con el taxi durante el recorrido que hacía con sus amigos hasta su casa.

 

“En ese momento para mí era re difícil decir todo lo que estaba pasando. Era una época más machista, me decían que yo tenía la culpa porque lo incitaba y yo pensaba que sí, porque me gusta charlar. Después pude darme cuenta de que nunca hice nada, ni siquiera lo tuteaba. Empecé a caer en que no tuve la culpa de que me persiguiera”, relató.

 

Finalmente la familia de Romina logró dar con los datos del hombre y presentaron una exposición en la Policía. Esa fue la última vez que supo de él, sin embargo, un sentimiento de vergüenza la atraviesa cada vez que levanta la mano para tomar un taxi en la calle.

 

“A veces llego tarde porque me demoro en elegir un remisero. Es una sensación que ya me quedó. Ahora, si me subo y veo a una conductora me relajo, me da tranquilidad y confianza”, expresó. Y sobre Taxi Girl opinó: “Qué bueno que salió porque yo tengo cuatro hermanas, no tienen quién las lleve al colegio y me siento más segura sabiendo que ahora van a tener mujeres manejando”.

 

 

Las manos del volante

 

La joven taxista, quien ahora se sumó a Taxi Girl, lleva cinco meses arriba del auto y sus viajes son siempre de día. A más tardar a las 21 finaliza sus viajes ya que trabaja de manera itinerante levantando pasajeros de la calle y prefiere evitar realizar trasbordos durante la noche.

 

“Tengo miedo por mi seguridad, cuando veía que se oscurecía cortaba porque una puede alzar en el centro, pero te mandan para lugares oscuros o te hacen cruzar por campos y ya por ser mujer te ven más débil y se aprovechan”, lamentó.

 

Por fortuna, la situación cambió radicalmente el fin de semana pasado, cuando por primera vez trabajó hasta las dos de la madrugada amparada en la seguridad que sus pasajeras le dan a ella y viceversa. De realizar viajes con mujeres remarcó la empatía, la amabilidad y las conversaciones amables que le ofrecen mientras las traslada a distintos lugares de la ciudad. La frase que más escuchó es que ahora viajan tranquilas.

 

“La última pasajera del viernes salió con su madre, se despidió de ella y entró. Ni siquiera se quedó mirando quién la llevaba y no preguntó por dónde íbamos. Ingresó con una confianza tremenda porque somos mujeres. Y yo también me siento tranquila y no me tengo que estar preocupando adónde voy”, remarcó.

 

Entre las frases que resonaron en la entrevista con la mujer, mientras realizaba un recorrido nocturno por la ciudad, fue: “Entre nosotras nos cuidamos”. La sensación fue la misma que la que se respira en una marcha feminista y las mujeres hacen una cadena de manos entrelazadas para conducir y proteger a la multitud. Amiga, llegaste.

 

MAM.

 

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