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Silvina Dossetto, viajes, secretos y los dos muertos en los moteles de San Luis

Nació en Sampacho, perdió a sus padres muy joven y llegó a Villa Mercedes a trabajar con su pequeña hija. Junto a su marido construyó el imperio motelero más grande de la provincia. Y pasó de administrar telos a administrar redes sociales.

Por redacción
| Hace 4 horas

Cuando era una niña que vivía en el campo de Sampacho, la pequeña localidad donde nació, y ayudaba a su padre en las tareas cotidianas, Silvina Dossetto se imaginó abogada, pero desistió a tiempo. Comprendió, con la velocidad de las personas que son rápidas para los negocios, que su futuro iría por el comercio, como su padre, que vendía desde polllos hasta melones. Terminó en Villa Mercedes, como dueña de la cadena de hoteles alejamiento más grande de la provincia.

 

 

Con eso vino su furor en las redes sociales, los viajes -que considera su mayor fuente placer material- y un ascendente reconocimiento gracias a su profesión y a lo que ha construido con ella. “Por supuesto que me doy cuenta cuando alguien va al hotel de trampa”, dice, desenvuelta y desestructurada como es. “Si va un lunes a la mañana, es obvio que es una infidelidad, es alguien que pasó el fin de semana en familia y se hartó. Si el turno dura 15 minutos, también, porque hay que hacer todo a las apuradas”.

 

 

 

Silvina perdió a sus padres de muy chica. Su madre falleció tras una operación en 1993 y su padre cuatro años después por un infarto, mientras dormía en su casa. “Me había pedido de que lo despierte de la siesta a las cinco de la tarde, pero antes empezó a ladrar el perro y no sabía por qué. Yo estaba sola en casa. Cuando entré a su pieza, había fallecido”, cuenta.

 

 

En 1999, Dossetto llegó con su pequeña hija a Villa Mercedes para trabaja en “Bunker”, el hotel alojamiento que, por entonces, prometía revolucionar el negocio la ciudad. Y cumplió. Fue el primer hotel de la cadena que Silvina comparte con su esposo, el abogado Marcelo Nanfara.

 

 

“Era un lugar supermoderno para la época –recuerda la empresaria-, a tal punto que todos los demás se fundieron”.

 

 

Hasta el 2008, la familia ensamblada de Dosetto (su primera hija, ahora de 27 años; dos hijos de su marido; y las dos que tienen en común, de 22 y 18 años) vivió en el hotel, una experiencia que la mujer considera “fabulosa”.

 

 

 

“Yo soy una persona muy social, me encanta todo el tiempo estar haciendo algo. Y por ahí en la casa llega un momento que una se queda sola. Bueno, en el hotel eso no pasaba, siempre había alguien. Vivir ahí era una fiesta”. 

 

 

La expansión llevó a Marcelo y Silvina a llegar hasta San Luis, donde pusieron “Y... no c”, el templo de los finales nocturnos en la provincia. “Fue un hotel muy marcado aquí en San Luis”, sostuvo la dueña del edificio que ahora se llama “Búnker” y que permanece en Juana Koslay.

 

 

Albergue transitorio, hotel alojamiento, motel, telo, cualquiera de las denominaciones le sienta bien a Silvina aunque cuando tiene que hacer trámites municipales está anotado como hotel alojamiento por hora y cuando tiene que hablar más distendidamente prefiere “telo”.

 

 

Así como la denominación, la mujer encuentra cambios en la conducta de sus clientes a lo largo del tiempo. “Cuando empezamos, en 1999, el motel era como un lugar de encuentro íntimo; ahora, desde el 2015, cuando aparecieron las redes sociales pudimos llegar a un público más joven y la cosa cambió”.

 

 

 

Según la descripción de la voz autorizada, antes las habitaciones amorosas eran utilizadas en su gran mayoría por clientes mayores de 40 años y ahora, aunque no se permiten menores, la edad promedio bajó considerablemente.

 

 

“Después de la pandemia, los chicos tomaron el motel como un lugar de encuentro, van a charlar, a tomar algo, a hacer la previa, en grupos. Hace unos años, si iban en grupo era orgía, no cabía otra cosa”, relata.

 

 

 

Esa realidad, rompe con una creencia instaurada que dice que quienes asisten a esos espacios están en flagrante infidelidad. Otro tip de Silvina a propósito de eso: “Si un turno dura tres horas, es probable que no sea una trampa porque ¿cómo justificas todo ese tiempo ausente ante una pareja?”.

 

 

 

Si bien en tantos años de labor vivió situaciones insólitas, lo primero que recuerda Silvina cuando le preguntan son los dos muertos que tuvieron en su motel villamercedino. Con una particularidad: fue en la misma habitación, en el mismo hotel y con la misma conserje de turno, aunque con varios años de diferencia. “Es un momento difícil pero yo siempre trato de empatizar con la familia. Además, el motel tiene que estar cerrado, vallado, y la gente no puede acceder”.

 

 

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