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El atleta de Villa de Merlo que busca un lugar en la elite del esquí de fondo adaptado

Maximiliano Juárez se instaló en Ushuaia para trabajar intensamente en su sueño: coronarse en lo alto del deporte. Tras un fuerte accidente que le cambió la vida, hoy supera todos los obstáculos con garra, constancia, esfuerzo y pasión.

Por redacción
| 04 de enero de 2026
Maximiliano Juárez ya integra un importantísimo equipo de la provincia de Tierra del Fuego. Ahora solo le queda ir conquistando hitos en competencias. Foto: gentileza.

Maximiliano Juárez tenía 16 años cuando, producto de un accidente, sufrió una lesión severa. El hecho de no poder caminar le cambió la vida de la noche a la mañana. Sin embargo, su espíritu nunca se rindió y buscó superarse aún en medio de la adversidad. Lejos de tirar la toalla y resignarse, capitalizó lo que le ocurrió y actualmente cumple sueños enormes. Hoy, con 21 años, se fue a vivir a Ushuaia para entrenarse en esquí de fondo adaptado. Su objetivo: integrar la elite y coronarse en competencias internacionales.

 


En primera persona

 


Juárez contó su historia en diálogo con El Diario de la República. En una mirada retrospectiva, describió que su interés por el esquí de fondo es relativamente reciente. Un amigo lo invitó a visitar Ushuaia y le presentó a la familia, que hoy por hoy, prácticamente también es la suya. Y en medio de todo ese recibimiento tan ameno, hubo una propuesta inesperada: instalarse en la ciudad sureña para probar el deporte.

 


Nunca había escuchado al respecto y nunca pensó llegar a esa instancia, pero se lanzó con coraje y dedicación. Después de haber atravesado tantas instancias durísimas, donde la vida parece tan injusta, pudo entender que el proceso —aunque doloroso— era el que tenía que atravesar. Lo capitalizó y ahora, agradecido, encontró en el esquí de fondo su propósito.

 


"Estoy en un centro invernal, Tierra Mayor. La señora María Giró es una deportista muy importante y conocerla a ella a través de Juan fue increíble. Tengo 4 compañeros que son unos capos y están luchando para ir a Polonia y a Italia. Estoy contento por ellos", expresó mientras precisaba que integra el equipo Para Cross-country Argentina (@paranordicski_arg).

 


Un objetivo claro y la búsqueda de sponsors

 


Juárez detalló que su objetivo principal es entrenar: "El año que viene o a fin de año, para diciembre tal vez, iría a Noruega. No lo tengo confirmado, pero debería ir a buscar una categoría y bajar los puntos que son necesarios para poder llegar lejos y el día de mañana integrar una copa del mundo o los juegos paralímpicos", contó.

 

 

Con la sonrisa de un grande. Maximiliano Juárez hace historia en el deporte. Foto: @paranordicski_arg.

 


En ese sentido, necesita sponsors, tanto él como su equipo. Aunque su familia da lo mejor para ayudarlo, no pueden sostener por completo todo lo que él necesita: hospedaje, alimentación, alquiler, entre otros gastos. Con lo cual, un sponsor puede ser la clave para su gloria futura en el podio.
Ya superó una parte importantísima: a tan temprana edad, se fue solo a miles de kilómetros de su tierra. Ahora, resta que alguien, un privado o el Estado, le den un incentivo que le permita un camino más estable.

 


"Soy nacido y criado en Merlo. Extraño a mi familia y algunos amigos. Y a mi sobrina, que es mi pilar, la que estuvo levantándome cada día; cuando estaba en la cama y no tenía vida ya, me decía 'vamos tío, te quiero ver al lado mío caminando', eso me llenaba el alma", manifestó.

 


El accidente

 


Juárez explicó que cuando era adolescente tuvo que dejar a un lado la escuela para trabajar. Pero más allá de sus necesidades, desde muy pequeño tenía espíritu de superación. Con 11 años iba puerta por puerta para hacer changas. Ya a los 16, concretaba tareas de instalación de durlock, cortaba el pasto y se desempeñaba por las noches en una rotisería.

 


Un día de febrero del 2020 tenía un cumpleaños. Esa jornada no trabajó y no se enteró que habían hecho una loma de burro en una de las calles que frecuentaba (la obra estaba sin señalizar).

 


En la noche pasó por la rotisería donde trabajaba y le pidieron si podía llevar un pedido "de buena onda" y cuando regresara lo llevaban al cumpleaños. Pero cuando fue en camino hacia la entrega pasó por la loma de burro y no la pudo ver a tiempo. La consecuencia: el gravísimo accidente.

 


Aunque tuvo su proceso —y seguramente lo sigue teniendo— hoy Maximiliano celebra la vida, agradece su presente y está muy esperanzado en su futuro. Su historia de vida conmueve, pero fundamentalmente educa. Porque conocer a quienes agradecen aún en medio de las adversidades es una posibilidad de aprender algo clave en la existencia.

 

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