Cientos de aves colman el microcentro diariamente; crece el malestar por la suciedad
Mientras algunos vecinos lo consideran un fenómeno inevitable, otros exigen medidas urgentes. El olor persistente, el ruido al atardecer y la acumulación de desechos afectan a residentes y turistas.
El paisaje cotidiano del microcentro puntano ha sumado un componente que divide aguas: la presencia masiva de pájaros que han tomado como refugio los árboles del Paseo del Padre y un tramo importante de la avenida Illia, especialmente en la intersección con la calle Falucho. Lo que para algunos es una postal de la naturaleza en plena ciudad, para comerciantes y transeúntes habituales se ha convertido en una problemática de higiene y convivencia difícil de ignorar.
En el sector del Paseo del Padre, sobre la calle Colón, la situación alcanza su punto crítico durante el atardecer. En ese horario, la cantidad de aves que sobrevuelan y se asientan en el lugar genera un estruendo sonoro que, según los vecinos, "dificulta la permanencia en el espacio público".
Sin embargo, el reclamo más recurrente no es auditivo, sino sanitario. La acumulación de excrementos en veredas, bancos y mobiliario urbano genera un olor nauseabundo que, según denuncian los vecinos, vuelve "insoportable" la estadía en el sector.
El descontento se extiende también a la avenida Illia, donde el fenómeno se repite con similar intensidad. Los vecinos de la zona advierten que la magnitud de la "mugre" acumulada empaña la estética de uno de los corredores más lindos de la ciudad, afectando directamente al turismo y a la actividad comercial de los locales gastronómicos que intentan aprovechar las veredas.
"Es una gran pena que ni los turistas ni nosotros mismos podamos disfrutar de estos lugares", señaló una lectora de El Diario.
El pedido de medidas urgentes se centra en la necesidad de implementar soluciones que permitan intensificar las tareas de limpieza profunda para mitigar el impacto ambiental.
A pesar de las quejas, existe un sector de la población que observa el fenómeno con resignación o incluso agrado, entendiéndolo como una dinámica propia de la fauna local que busca refugio ante el crecimiento de la ciudad.
No obstante, el debate sobre la necesidad de equilibrar el respeto por la naturaleza con la salubridad de los espacios públicos ya está instalado en la agenda de los vecinos.
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