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El cobro de copagos en la medicina llegó para quedarse

Los médicos recurren al cobro extra para cubrir lo que mutuales y prepagas ya no aportan. Los afiliados deben pagar por orden entre 2 mil y 6 mil pesos por encima de lo que ya les descuentan por recibo de sueldo o cuota.

Por Matías García Elorrio
| 28 de abril de 2024

Empezó como una excepción: por única vez. Pero conforme la inflación fue aumentando el cobro de copagos por parte de los profesionales de la salud a los afiliados de obras sociales y prepa-

 

gas se hizo costumbre. Desde octubre del año pasado las personas que toman un turno con un médico o realizan un pedido de estudios en una clínica deben abonar entre $2.000 y $6.000 extra a lo que ya aportan todos los meses a través del descuento por recibo de sueldo o por el pago de la cuota mensual.

 

El cobro de un “bono complementario no reintegrable” es la forma que las entidades médicas encontraron para poder cobrar el mínimo ético que establecieron en $16.000; que además se actualiza cada dos meses de acuerdo con el índice de inflación. “Es un bono complementario no reintegrable”, aclaran en los colegios de profesionales.

 

Con esa figura, a la que se llegó con asesoramiento de abogados, los médicos dicen que no caen en un incumplimiento de contratos y el pago del monto extra no puede ser deducido de sus honorarios. “No es un coseguro. No es un adicional. No es un copago”, reiteran en los textos que publican para explicar la medida.

 

Este extra no se aplica solo en San Luis. En todas las provincias es normal esta modalidad porque en la actualidad las obras sociales y prepagas dejaron de cubrir el cien por ciento de lo que vale una prestación y solo lo hacen entre el 60 y el 80 por ciento. La diferencia, lamentablemente, la tienen que poner los afiliados.

 

 

A la creciente inflación del año 2023 y 2024 se sumó el decreto 70/2023 que firmó el presidente Javier Milei en diciembre pasado, donde una de las actividades que quedó totalmente desregulada fue la medicina prepaga. Eso aceleró el proceso de aumento de las cuotas por parte de las empresas y postergó el pago de las cápitas a los profesionales.

 

 

Hablan los médicos

 

El presidente del Círculo Médico de San Luis, Alberto Risolo, explicó que “las empresas de medicina prepaga nos quieren establecer cuál es el valor de nuestro trabajo. Ellas te dicen: nosotros pagamos tanto y si no te gusta, lo lamento. Al que le pueden pagar dos pesos con cincuenta se lo pagan. Y esto se replica en todo el país”.

 

Risolo admitió que “esas son las leyes del mercado, pero nosotros no vamos a ser la ecuación de su rentabilidad. En San Luis el Círculo Médico nuclea a la gran mayoría de los profesionales (hoy tiene 430 afiliados), y esto permite que se logre más uniformidad en los valores y un mayor poder de negociación. Aclaro que aquí no se pagan los valores más altos del país, ni los más bajos tampoco. Se paga un término medio. No cobramos lo que se nos ocurre”.

 

El médico cardiólogo señaló, además, que “este trato es distinto con aquellas instituciones médicas prestigiosas o de muchos años en el mercado de la salud. A los hospitales y clínicas de ese tamaño les pagan sin problemas. En cambio, con una clínica mediana o chica de San Luis se ponen a negociar y siempre pagan un valor menor”.  

 

Entre los costos que debe afrontar un profesional de la medicina, Risolo detalló: “Los médicos tenemos que pagar los alquileres de los consultorios, los sueldos del personal que trabaja en esos lugares ,que además se hacen por convenio con todas las exigencias de la ley de contrato de trabajo, y los impuestos que debemos afrontar como autónomos ante la AFIP. Hoy para poder trabajar tenemos que pagar unos 400 mil pesos mensuales o más, que es superior al alquiler de una casa con pileta en un country”. 

 

El presidente del Círculo Médico aclaró que “para poder pagar ese alquiler mensual tenés que facturar ganancias e IVA, que

 

representan casi un 50 por ciento más, por lo que para cubrir todo eso tenés que facturar por lo menos 850 mil pesos”.

 

Otro aspecto que señaló el médico fue que los costos en medicina siempre están valuados en dólares. "La tecnología médica y el servicio técnico se pagan en dólares. El problema no es solo el valor de mercado de la divisa, sino las dificultades que existen para conseguirlos”. Y detalló: “Para comprar un equipo médico tenés que pagarlo a precio internacional, unos 70 mil dólares, pero los médicos cobramos diez veces menos que los profesionales de los países que te lo venden. Y encima no podemos comprarlos usados porque desde 2014 el gobierno nacional aplicó una normativa que impide importar equipos médicos usados”.

 

 

Pelea desigual

 

Pero el gran problema que encuentra Risolo para que se normalice la actividad de los médicos es la actitud de las empresas de medicina prepaga. “Ellas tienen un colchón enorme y es mentira que están por fundirse. Eso empezó durante la pandemia, cuando los médicos seguíamos trabajando y durante el primer mes la gente no salía a la calle. Ese primer mes no facturamos ni para pagar la nafta. Y encima se trabajaba día por medio y por la mañana. Sin embargo, los afiliados siguieron abonando las cuotas religiosamente y si se atrasaban un día, les cobraban intereses, pero sin usarla. Además, recibieron un subsidio del Estado nacional para pagar los sueldos en esa época”.

 

Risolo indicó que “ahora sucede lo que es de público conocimiento: quieren recuperar todo lo que según ellos perdieron en estos tres años. En estos días tendrán que retrotraer el valor de las cuotas un 30 por ciento y encima quieren hacerle lo mismo a los prestadores, que somos los médicos. Eso no se puede hacer. Porque con el mismo criterio ellos deberían devolver todo el dinero que le cobraron a sus afiliados por los servicios que no les brindaron durante la pandemia”.

 

Y recordó un hecho que sucedió a fines de 2022: “Si tan malo fuera el negocio, cómo se explica que Swiss Medical (cuyo mayor accionista es Claudio Belocopitt) haya comprado el 30% de otra empresa prepaga como Medicus. Si realmente fuera un mal negocio podrían vender sus acciones, diversificar sus inversiones o cambiar de rubro”.

 

La realidad es que los usuarios de obras sociales y prepagas (estimados en un 60% de la población) ya se acostumbraron a pagar dos veces por un servicio que hasta hace siete meses se cubría con los descuentos de ley o una cuota mensual adecuada a sus golpeados ingresos.

 

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