28°SAN LUIS - Lunes 26 de Febrero de 2024

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El anfitrión se vistió de hincha

El embajador argentino en Indonesia cuenta cómo es vivir tan lejos de su país de origen y la alegría al recibir a la Selección Sub 17 en el marco del Mundial de FIFA para esa categoría.

Por redacción
| 04 de febrero de 2024
Fotos: gentileza.

Por:
Sofía Jaimez Bertazzo

 

 

El diplomático, Gustavo Coppa compartió con el cuerpo técnico, los jugadores y las familias de la selección Sub 17 durante el Mundial. El embajador, nombrado en septiembre de 2023, actuó de anfitrión con los jóvenes argentinos que acudieron al territorio por la competencia deportiva de FIFA. Sin embargo, la charla no solo fue sobre fútbol, sino sobre cómo es la vida en el territorio y cómo se encuentra la comunidad "albiceleste" allí.

 

Además, explicó el cambio que fue pasar de regir una sede latinoamericana, cuando era embajador de Brasil, a una que está a 36 horas en avión de su nacionalidad.

 

 

―¿Cómo viviste los partidos?

 

―Fue súper emocionante, nos juntamos con las familias, también con argentinos que residen acá, que trabajan para empresas. Cuando fuimos a saludar a las familias, nos dieron la oportunidad de estar compartiendo con ellos, nos contamos todo y fue muy especial. Siempre es más lindo cuando estás acompañado de gente que está hinchando junto a vos.

 

 

―¿Te gusta el fútbol? ¿Lo disfrutás?

 

―Soy un apasionado por el fútbol, pero también desconozco, por la distancia y los tiempos. Soy totalmente fanático de Platense, que es el club de mi barrio, de mi familia, cada vez que vuelvo voy a la cancha, pero no conozco los jugadores y lo mismo con la Selección Argentina, con el fútbol y con todos los deportes. Soy un apasionado muy sui generis, porque lo acompaño con el desconocimiento de nombres, tareas y funciones.

 

 

―¿Te acerca un poco a Argentina, compartir con los hinchas, con las familias?

 

―Claro que sí. Compartirlo con nacionales, con compatriotas, cantando las mismas canciones todos unidos en el sentimiento, te acerca mucho al país y también a la comunidad argentina acá, que está por ahí un poco acostumbrada a verte como embajador, o como un funcionario público. Entonces, compartir la platea con ellos es una cosa totalmente diferente. De hecho, la Asociación de Fútbol de Indonesia me quería dar entradas en el VIP y dije que no, el partido se vive en la tribuna; está mucho mejor ser embajador hincha que solo embajador, te acerca a la gente.

 

En Indonesia viven 220 argentinos, la mayoría en Bali. Trece de ellos trabajan en la Embajada.

―¿Y cómo es vivir en Indonesia para una familia argentina?

 

―Estamos muy lejos de Argentina, no solo en distancia, sino también en horas de vuelo, estamos a unas 34, 36 horas, depende del avión que tomes. Entonces, sentís que realmente estás lejos y por eso aprovechás cada oportunidad para estar con los compatriotas, ya sea un partido de fútbol, una fiesta latinoamericana. Compartir con ellos para sacarte las ganas de extrañar nuestra tierra. Se vive todo de una manera muy especial. Y también hay algunas cosas que uno comienza a extrañar. Por ahí extrañas a las personas, aunque en los diplomáticos tenemos muchas herramientas para superar eso de extrañar a la familia, de extrañar a los amigos, lo vamos manejando. Pero hay algunas cosas que extrañamos todos; sin distinción, sean empresarios, sean artesanos, sean funcionarios, extrañamos mucho el mate, las facturas, las comidas, las reuniones. Una de las principales cosas que hicimos al llegar fue averiguar dónde conseguimos yerba y los dos o tres lugares que tienen nuestros sabores. Son las cositas que también sirven para acercarte al país.

 

―¿Es fácil conseguir yerba acá?

 

―Se consigue, hay una importadora que trae, no todas las marcas claro, pero no es una circunstancia para hacerse el exquisito, acá tenés que arreglarte con la que hay. Los dos restaurantes argentinos que hay en Jakarta tienen y también se consiguen en internet. Además, hacen facturas, balcarce, rogel, chocotorta, todo gracias a los gastronómicos.

 

 

―¿Cómo fue en este corto tiempo el choque cultural?

 

―Nunca había estado en Indonesia, en Jakarta. Cuando llegué a instalarme me sorprendió lo maravilloso de esta ciudad, los rascacielos, las avenidas, las autopistas, el movimiento que tiene. Realmente no me lo esperaba, si bien vos te preparás para un viaje como este de tantos años, buscás información, ves en redes, ves videos, pero otra cosa es desembarcar acá con tus valijas. Lo otro que me sorprendió muy gratamente fue la cordialidad y la calidez de la gente, muy amable, no por el hecho de ser diplomático, porque nunca lo digo, simplemente por el hecho de ser extranjero. Vas en la calle y la gente te saluda con una sonrisa y te hace sentir muy bien.

 

 

―¿Qué tipo de población argentina vive en Indonesia, a qué se dedican, cómo es el contacto?

 

―Estamos en contacto con la colectividad argentina, la mayoría vive en la provincia de Bali, el lugar más conocido de Indonesia por sus playas. En total somos unos 220 argentinos que vivimos en Indonesia. De hecho en las últimas elecciones en el padrón éramos 113, de los cuales 13 éramos de la Embajada y nuestras familias.

 

En Bali hay una veintena de argentinos que son referentes para la comunidad. Hay empresarios que viven allí, que tienen sus emprendimientos: un bodeguero, quien inauguró su bodega con cepas argentinas, también un compatriota que se dedica a hacer marcos de anteojos con botellas recicladas y diseñadores de ropa que tenemos en Bali. En Jakarta son profesionales y directivos de empresas o dueños de los espacios del rubro gastronómico.

 

―Una isla es muy diferente a la otra en Indonesia, son espacios con diversidad cultural. En indonesia es preponderante el Islam, sobre todo en Java, pero en Bali la gente es budista o hinduista. ¿Pudiste explorar algo en ese campo?

 

―La primera actividad con respecto a la temática es un encuentro de diálogo religioso con participación de una rabina argentina, Silvina Chemen, directora del Centro de Diálogo Interreligioso, que tuvo la gentileza de invitarme a este ciclo de diálogo religioso, la Cumbre Internacional de Autoridades Religiosas. De hecho, esta actividad es inaugurada por el presidente de Indonesia, Joko Widodo, lo que te da la pauta de la importancia que se le da acá a ese aspecto. Hay musulmanes, católicos, budistas e hinduistas, mayoritariamente. Caminando por la ciudad, acá se anuncia la hora de los rezos, diariamente en 4 o 5 ocasiones empiezan a sonar los parlantes para la hora del rezo por parte de los musulmanes. Viniendo desde cualquier ciudad de Argentina, es algo que realmente te sorprende, luego te acostumbrás. 

 

 

―¿Cómo es la vida diplomática para vos, para tu equipo; las sensaciones, las emociones y la labor diaria?

 

―Confieso que no sabría cómo responderte. Todo el equipo lleva la vocación diplomática muy adentro, todos nosotros hemos estado por lo menos en un par de oportunidades residiendo en el exterior. Realmente es una elección muy vocacional, cada uno lo eligió por una serie de factores que se pueden reducir en el orgullo y el placer que nos da representar a Argentina frente a otros países.

 

Entonces, es una pregunta fácil de responder porque uno la responde desde el sentimiento, pero también es difícil porque implica que otras personas entiendan eso que le pasa a uno por el cuerpo. Esa pasión, esa devoción, la emoción que causa representar a Argentina en otros países.

 

En mi caso, casi toda mi carrera fue en Brasil. Es un país que tiene una serie de particularidades, más allá de la comunidad que vive y que visita, siendo un país fronterizo, es mayor. Allí van a jugar al fútbol muchos equipos argentinos y eso me acordaba, cómo uno vive eso de ser el hincha, el representante del país a la vez, conocer a los jugadores, cómo se mezclan las pasiones. Porque los jugadores están ahí también representando al país, desde lo deportivo, claro, y uno desde lo diplomático o político.

 

 

―¿Cómo se conforma el equipo de una embajada?

 

―El equipo tiene muchas funciones: uno de ellos se encarga de la promoción comercial y cultural de la Argentina; otro, de asuntos administrativos y financieros; otro, de asuntos consulares, yo me encargo, además de coordinar, de las cuestiones políticas y religiosas. La verdad es que estamos para asistir a los argentinos, para promocionar el comercio y la industria del país en el país donde se sitúa la embajada.

 

 

―¿Cómo llega a tu vida la decisión de seguir una carrera diplomática?

 

―Yo nací en los años 60 y veía el mundo de la manera en que lo vivíamos, un mundo donde había peligro de guerras mundiales, nucleares, donde Argentina tenía conflictos con los países vecinos. Desde chico me propuse hacer algo por el país, pero que no implicara la guerra, entonces quise ser diplomático para llevar la paz, por eso me empecé a formar en idiomas. Mi sueño era estar en una mesa de negociaciones representando al país. Y ya de adulto fui descubriendo otras cosas que no veía de niño, como la promoción cultural, la económica o comercial, las relaciones bilaterales, multilaterales. Y ya con los años descubrí la ventaja de ser generalista, lo que implica saber un poco de cada tema, desde hacer una fotocopia, enviar un fax a las funciones consulares, rondas de negocios, reuniones de vinculación política, desafíos que fueron apareciendo a lo largo de mi carrera. Esa vocación que comencé de niño está totalmente intacta, pero no solo piensa en llevar la paz, sino que está dirigida a velar por los intereses de la República Argentina y el pueblo argentino en el ámbito que sea.

 

  Redacción / NTV

 

 

 

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