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Una caminata iluminada por su propio fuego

Con una fila de 20 cuadras, la movilización más convocante de la ciudad de San Luis gritó reclamos, cantó derechos y guardó respeto a las pérdidas del colectivo feminista. La emoción de la libertad brilló en un cielo de luna llena y brujas reunidas.

Por Astrid Moreno
| 09 de octubre de 2022
Fotos: Marina Balbo/ Nicolás Varvara/ Héctor Portela/ Inés Cobarrubia/El Diario.

Con una fila de 20 cuadras, la movilización más convocante de la ciudad de San Luis gritó reclamos, cantó derechos y guardó respeto a las pérdidas del colectivo feminista. La emoción de la libertad brilló en un cielo de luna llena y brujas reunidas.

 

Las llamas simbólicas que dibujan las manifestantes en sus pancartas en ocasiones se transforman en unas reales en calles, esquinas de iglesias y espacios de justicia. Por otro lado está el fuego controlado usado en las ceremonias ancestrales de los pueblos originarios, considerado un elemento sagrado, y que llaman abuelo (o abuela) porque incita a la reunión para contar historias. Este domingo fueron las propias mujeres que transitaron la marcha principal del 35º Encuentro Plurinacional de Mujeres y Disidencias quienes controlaron y apagaron, cuando la ocasión lo ameritaba, los focos ígneos creados por sus propias compañeras, también reunidas pero para contar, o luchar, sus vidas. “Está todo bien”, comunicaban a la gran multitud que pasaba.

 

 

 

 

En una fila de al menos 20 cuadras, la ciudad de San Luis presenció la marcha más grande de su historia. La caminata, que comprendió 8 kilómetros, inició en el Parque La Cerámica y se desplazó por calle Pringles hacia el corazón del centro capitalino. Esa primera etapa se transitó en dos estadios que se alternaban cada pocos metros. Por un lado, los sectores festivaleros donde reinaron el jolgorio, los bombos y cantos feministas, y luego, los espacios de silencio, que invitaban a reflexionar y admirar la grandeza del momento e incluso a la enorme luna que acompañó a las autoproclamadas brujas de la marcha. Qué mejor forma de alimentar la mística de las nietas de aquellas que no pudieron quemar.

 

Un tercer espacio a destacar de la movilización fue el que ocupó casi en primera fila, luego de la comisión organizadora, el de la familia de Guadalupe Lucero, la niña que desapareció en San Luis el 14 de junio de 2021. En él también reinó la ausencia del sonido, aunque por motivo diferente: respeto y dolor. A ella la siguieron una hilera de carteles con una decena de mujeres desaparecidas en Argentina: por mencionar a algunas, Sofía Herrera, María Cash y Valeria López. El desfile de sus rostros y nombres en pancartas, lejos de pasar desapercibido, fue acompañado de un aplauso solemne.

 

Una manifestante habría resultado herida en la cabeza. Al parecer, alguien habría arrojado una piedra desde dentro de una casa. Por eso se escuchó la sirena de una ambulancia que se dirigía hacia donde estaba el grueso de la marcha.

En el arribo a la plaza Pringles llegó el tan temido encuentro con la Catedral de San Luis. Una garita policial con cámaras y doble valla esperaron a la marea verde y violeta. Nuevamente, la respuesta de las marchantes también mostró varias aristas. Algunas cantaron temas oportunos con frases como “Iglesia, basura vos sos la dictadura”; otras colgaron pañuelos naranjas del movimiento “Iglesia y Estado, asuntos separados”. Un tercer grupo, menor pero más reaccionario, prendió fuego una goma de auto que rápidamente fue sofocada.

 

Para cuando el frente principal llegó a la avenida Sarmiento, la movilización se fracturó, en al menos tres bloques, a causa de pequeños rezagos. La solución fue simple: correr e incitar a las compañeras de atrás a hacer lo mismo para volver a reunirse.

 

Los microclimas constantes que se viven dentro de una marcha de la magnitud de la que tuvo San Luis la noche del domingo reflejan las mismas diversidades que suceden dentro de un movimiento tan heterogéneo como sus integrantes. Al igual que los sectores festivaleros y los de silencios, el feminismo contiene espacios de mayor revuelta y manifestaciones activas y otros que transitan sus ideales con la misma calma con la que recorrieron las calles de la ciudad.

 

La emoción en el rostro de una amiga, los bailes de celebración masivos y las lágrimas de una desconocida son los momentos que, independientemente a cómo viva cada mujer o disidencia el encuentro, refuerzan el sentimiento común de los últimos dos días: libertad y seguridad. Porque: “Qué momento, a pesar de todo hicimos el encuentro”.

 

 

Fiesta y peña

 

 

 

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