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Murió en el Carrillo y, casi seis meses después, su hija no sabe dónde está el cuerpo

María de Jesús Benítez afirma que nunca fue notificada formalmente de la muerte de su padre, el artista plástico Omar Benitez. La defunción se habría registrado cuatro meses después y la Justicia todavía no le permite acceder a un expediente que podría aclarar las cosas.

Por redacción
| Hace 21 horas

“Primero quiero saber dónde está mi papá”. El reclamo de María de Jesús Benítez Illesca lleva casi seis meses sin una respuesta concreta. Su padre, Américo Omar Benítez, murió en marzo en el Hospital Ramón Carrillo, pero la mujer asegura que ninguna autoridad le informó qué ocurrió con el cuerpo ni dónde se encuentra.

 

 

La familia tampoco fue notificada formalmente del fallecimiento. María de Jesús se enteró días después, cuando un amigo acudió al centro de salud para preguntar por Benítez, un reconocido artista plástico de la provincia, y recibió en la mesa de entrada una respuesta inesperada: le dijeron que había muerto el lunes 16 de marzo.

 

 

Más tarde apareció una segunda fecha. De acuerdo con la información que una abogada pudo obtener en el Hospital, el fallecimiento figuraba registrado el martes 17. La partida de defunción, según la hija, recién habría sido incorporada el 27 de julio, más de cuatro meses después.

 

 

Durante ese tiempo, Benítez continuó activo en los registros de la Administración Nacional de la Seguridad Social. “Me llamó el Registro Civil para preguntarme si yo estaba segura de que estaba muerto”, relató María de Jesús para describir el desconcierto administrativo que rodeó el caso.

 

 

El hombre tenía 86 años, vivía solo en La Punta y se atendía habitualmente en el Hospital María Juliana Becker. Según su hija, conservaba la lucidez y se desenvolvía de manera independiente, aunque padecía problemas de salud propios de su edad.

 

 

La historia comenzó en febrero, cuando fue atendido por una obstrucción urinaria y debieron colocarle una sonda. Luego fue derivado al Hospital Ramón Carrillo, donde quedó internado por una infección urinaria, pielonefritis y hematuria, con presencia de Escherichia coli.

 

 

La documentación médica aportada indica que ingresó al Carrillo el 11 de febrero y permaneció internado durante 14 días. La epicrisis señala que recibió antibióticos y presentó una evolución favorable. Antes del alta fue descripto como un paciente “lúcido, estable, afebril” y con buen estado general.

 

 

Sin embargo, el mismo informe reconoció que Benítez atravesaba una situación de vulnerabilidad social: tenía asistencia limitada, no contaba con un vínculo familiar cercano en San Luis, presentaba fragilidad y riesgo de caídas y no podía afrontar económicamente algunos controles médicos.

 

 

El Hospital dejó asentado que había coordinado su situación con Trabajo Social y que, una vez externado, tendría seguimiento de personal de la Municipalidad de La Punta. María de Jesús asegura que, antes de que su padre abandonara el establecimiento, preguntó expresamente si ese dispositivo estaba preparado y recibió como respuesta que el acompañamiento ya había sido organizado.

 

 

La hija sostiene que Benítez recibió el alta en tres oportunidades. En las dos primeras, el propio paciente se habría negado a salir porque se sentía débil y consideraba que todavía no estaba en condiciones de regresar a su casa.

 

 

La tercera vez fue trasladado en una ambulancia. Como no tenía consigo las llaves de la vivienda, el personal habría pasado por la casa de un remisero amigo del hombre para buscarlas. Después lo llevó hasta su domicilio, lo dejó sentado en una silla y devolvió las llaves.

 

 

“Me acaban de dejar en tu casa”, le dijo María de Jesús durante una comunicación telefónica. La respuesta de su padre la alarmó: “Sí, Pipi, y no me puedo mover”. Ante la pregunta de por qué había aceptado salir del Hospital, Benítez le habría contestado que no había aceptado el alta y que lo trasladaron de todas maneras.

 

 

Como la hija se encontraba en Buenos Aires, pidió ayuda a una familia vecina. Una mujer ingresó en la casa, lo acostó, lo higienizó y le cambió los pañales. Según el relato, Benítez no podía desplazarse ni alimentarse sin asistencia.

 

 

Unas 24 horas después, el adulto mayor consiguió llamar por teléfono al remisero y le dijo: “Me estoy muriendo”. El hombre avisó a la Policía y al servicio de emergencias. Los efectivos tuvieron que forzar una puerta para ingresar a la vivienda mientras Benítez les daba indicaciones desde una ventana.

 

 

La hija afirma que inicialmente le comunicaron que su padre sería trasladado al Hospital de La Punta. Sin embargo, el hombre terminó nuevamente en el Ramón Carrillo. Un médico le informó después que se encontraba en grave estado y manifestó sorpresa cuando ella le explicó que el paciente había sido dado de alta por ese mismo establecimiento el día anterior.

 

 

Durante la nueva internación, Benítez habría conservado inicialmente la lucidez. Amigos de María de Jesús fueron a visitarlo y le informaron que tenía colocada una sonda nasogástrica porque no quería comer. La hija asegura que nadie le había comunicado previamente esa decisión y que, para entonces, también le habían retirado el teléfono celular, su único medio de contacto directo con ella.

 

 

Días después, un médico le explicó que Benítez intentó quitarse la sonda, sufrió una broncoaspiración y quedó en estado crítico. María de Jesús sostiene que durante todo ese período recibió insistentes mensajes para que viajara a San Luis, pero no información completa sobre las decisiones médicas adoptadas.

 

 

Luego dejaron de responderle. El miércoles siguiente, uno de sus conocidos concurrió al Hospital y fue informado de que Benítez había muerto dos días antes. La hija asegura que no recibió una llamada del establecimiento, una comunicación oficial ni una indicación sobre el retiro de los restos.

 

 

“Murió en un hospital público. Aunque no me consideraran hija o estuvieran enojados conmigo, tenían que avisar. No se informó nada a nadie”, cuestionó.

 

 

La incertidumbre se mantiene hasta hoy. María de Jesús desconoce si el cuerpo continúa en la morgue del Carrillo, si fue trasladado a otra dependencia o si terminó en una fosa común. Benítez tenía contratado un servicio funerario y, según su hija, había expresado su voluntad de ser cremado.

 

 

“No sé dónde está Omar. No sé qué hicieron con mi papá”, repitió. “Quiero que tenga su paz y un final digno”.

 

 

El caso llegó a la Justicia provincial. Según reconstruyó la hija, una primera presentación fue remitida a otra fiscalía porque ya existía una comunicación institucional relacionada con la situación de vulnerabilidad de Benítez. El objetivo era reunir ambos trámites y evitar decisiones contradictorias.

 

 

La representación de María de Jesús habría formulado numerosos pedidos para acceder a ese expediente y conocer el contenido de la comunicación realizada por el Hospital de La Punta. Sin embargo, asegura que desde hace más de un mes no obtienen la vinculación solicitada.

 

 

La familia también denuncia que, después de que un medio provincial publicara una nota en recuerdo de Benítez, algunos de los contactos institucionales que mantenían comunicación con la hija la bloquearon. María de Jesús evita presentar como certezas las sospechas que esa reacción le generó, pero exige que se investigue la atención recibida, las condiciones del alta y todo lo ocurrido después del fallecimiento.

 

 

El Hospital Ramón Carrillo deberá aclarar cuándo murió Benítez, de qué manera se notificó el fallecimiento, qué destino se dio al cuerpo y por qué la defunción habría tardado más de cuatro meses en incorporarse a los registros. También resta conocer qué seguimiento se coordinó con la Municipalidad de La Punta y si ese dispositivo llegó a ponerse en funcionamiento.

 

 

Mientras esas respuestas no aparecen, María de Jesús continúa reclamando lo más elemental: saber dónde están los restos de su padre y poder cumplir su última voluntad.

 

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