El colmo: asaltaron una despensa frente a la Jefatura y un policía se negó a ayudar
El domingo a la noche, un ladrón entró a un comercio ubicado al frente mismo la Jefatura Central. El dueño salió a perseguirlo en su auto y se encontró con un agente que se ofreció a cuidarle el vehículo para que el damnificado fuera a atraparlo.
Por si algo faltaba para caer en la cuenta de la inseguridad que vive la provincia, un comercio ubicado al frente de la Jefatura Central, sobre calle Ciudad del Rosario, fue asaltado por un ladrón que luego fue perseguido por el comerciante en su vehículo. Cuando estuvo cerca de atraparlo, el damnificado pidió ayuda a un oficial que estaba en la zona, pero el efectivo se negó a dársela.
Más que el robo de las cosas, más que el mal momento que pasó, más que el susto, lo que le molesta al dueño de “Tuki Tuki”, la despensa ubicada en Ciudad del Rosario 717, calle de por medio de la Jefatura Central, fue lo que sucedió después. Emiliano Nicolás Monmany Sosa se subió a su auto y, en medio de la noche del domingo, salió a perseguir al ladrón, que corrió, solitario, hacia la zona de los barrios que está detrás del edificio policial.
“En un momento, el ladrón cruzó por delante del auto. Yo aceleré tratando de impedir que siguiera escapando y estuve muy cerca de alcanzarlo, pero finalmente logró continuar”, contó el comerciante que relató que luego el delincuente llegó hasta una pared custodiada por garita policial.
Allí sucedió lo más insólito de la noche. Un oficial de Policía que estaba en el lugar recibió el pedido de auxilio de Monmany, quien todavía podía ver al ladrón en su huida: intentaba trepar otra pared y se había quedado atrapado.
“Le pedí desesperadamente al policía que me ayude –contó el comerciante- porque el ladrón todavía estaba cerca, pero me dijo secamente que no me podía ayudar”.
Sin entender del todo la situación, el asaltado intentó explicarle al oficial que si salía a perseguir al ladrón a pie su auto corría peligro en una zona oscura y mal estacionado. Como si no hubiera vivido situaciones insólitas en la noche, Emiliano escuchó la frase más extraña de todas: “Bueno, yo te cuido el auto. Andá a buscarlo”.
“Es decir que después de haber sufrido un robo a mano armada, un policía me planteaba que fuera yo mismo a perseguir a una persona que estaba armada, mientras él se quedaba cuidando mi vehículo”, señaló el asaltado sin salir de su asombro.
El robo se produjo el domingo 23 de agosto antes de las 22 cuando Momany Sosa estaba detrás del mostrador. Un hombre delgado, tez morena, con la cara tapada, campera roja y una voz algo ronca entró, sacó un arma tumbera, lo apuntó: “Guachín, esto es un asalto. Quedate quieto, no grités y no hablés.”
“Después pasó detrás del mostrador, me hizo correr hacia un costado y me obligó a ponerme en cuclillas. Me amenazaba con dispararme si gritaba o intentaba hacer algo”, recordó y dijo que el ladrón se llevó 250 mil pesos y su iPhone 16 Pro Max, valuado aproximadamente en 1.300.000.
A los pocos segundos, el ladrón huyó y el comerciante “en medio de mi desesperación”, tomó las llaves del auto y salió detrás por varias cuadras. “En varios momentos me puse a su lado con el vehículo y empecé a gritar “¡Policía, policía, policía!” para pedir ayuda y alertar a los vecinos. Mucha gente salió por los gritos, porque fue realmente una situación desesperante”.
El lunes por la mañana, la Policía detuvo a un hombre al que le adjudicó el asalto pero no encontró ni el dinero ni el teléfono.
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