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Jefas de hogar, trabajo informal y redes para llegar a fin de mes

En plena crisis, crían solas, sostienen la casa y se organizan entre vecinas. "Primero comen los chicos y después vemos nosotras".

Por redacción
| 23 de agosto de 2026

Son sostén económico, crianza y gestión del hogar concentrados en una sola persona. En San Luis, la realidad de las madres solteras que crían a sus hijos sin pareja refleja uno de los mayores esfuerzos cotidianos de subsistencia en el actual contexto de crisis económica.

 

 

Los datos oficiales ayudan a dimensionar esa realidad: en la provincia, el 62,6% de los hogares tiene jefatura femenina. Además, 7 de cada 10 mujeres de entre 18 y 65 años tienen hijas o hijos. En muchos casos, son ellas las que sostienen la casa cuando el sueldo no alcanza y las cuentas siguen llegando.

 

 

 

La realidad golpea por varios frentes. Muchas madres recurren al comercio informal, a la venta de comida por redes sociales, a pequeños emprendimientos o al trabajo de limpieza por horas. No siempre es una elección: muchas veces es la única manera de conseguir ingresos y, al mismo tiempo, disponer de horarios que les permitan cuidar a sus hijos.

 

 

Con un solo ingreso familiar, llegar a fin de mes se convierte en una carrera permanente contra el aumento de los alimentos, los servicios y los alquileres. A nivel nacional, 4 de cada 10 madres viven en situación de pobreza y en San Luis esa realidad también se hace sentir. Cuando la plata no alcanza para todos, la prioridad son los chicos.

 

 

"Primero comen los chicos y después vemos nosotras" resume una lógica que se repite puertas adentro de muchos hogares.

 

 

A eso se suma otro problema: conseguir quién cuide a los niños mientras ellas trabajan. La falta de vacantes o de alternativas públicas de cuidado limita las posibilidades de extender las jornadas laborales o aceptar nuevos trabajos. Sin una red familiar que acompañe, muchas madres terminan rechazando changas porque simplemente no tienen con quién dejar a sus hijos.

 

 

Y mientras buscan generar ingresos, también cargan con la crianza, la escuela, las tareas domésticas, los turnos médicos, las compras y cada una de las responsabilidades necesarias para mantener una casa en funcionamiento.

 

 

 

Frente a ese escenario, muchas madres construyeron sus propias estrategias para sostenerse y no quedar solas.

 

 

En barrios de San Luis y Villa Mercedes se reactivaron redes de intercambio y trueque. Allí circulan ropa, útiles escolares, alimentos y servicios entre vecinas. Una corta el pelo, otra cocina, otra cuida a los chicos. Es una manera de resolver necesidades urgentes cuando el dinero escasea.

 

 

Otras encontraron una salida en los emprendimientos digitales. WhatsApp, Facebook e Instagram funcionan como vidrieras para vender tortas fritas, comidas, ropa, productos artesanales o manualidades sin necesidad de abandonar la casa durante varias horas. Para muchas, el living se convirtió en taller y la cocina, en una pequeña panadería.

 

 

Pero quizás la herramienta más importante sea el cuidado comunitario. Madres que se organizan para turnarse en el cuidado de los niños durante las jornadas laborales. "Hoy me los cuidás vos, mañana yo a los tuyos".

 

 

Una organización sencilla que, para muchas mujeres, representa la diferencia entre poder salir a trabajar o tener que quedarse en casa.

 

 

A nivel nacional, alrededor de 1,6 millones de mujeres crían solas a más de 3 millones de niños y niñas. Los hogares monomarentales crecieron con fuerza durante las últimas décadas y detrás de las estadísticas aparecen historias atravesadas por una misma dificultad: sostener económicamente un hogar mientras toda la responsabilidad cotidiana de la crianza recae sobre una sola persona.

 

 

En San Luis, en 2026, ser madre soltera significa hacer malabares con el tiempo y con la plata. Trabajar cuando se puede, cuidar siempre y encontrar soluciones donde muchas veces no las hay.

 

 

Y cuando el sueldo, las changas o la asistencia no alcanzan, aparece otra herramienta difícil de medir en las estadísticas: la solidaridad.

 

 

Una vecina que cuida, otra que presta, otra que comparte y otra que compra lo que alguna produce.

 

 

Son redes silenciosas que se construyen todos los días y que ayudan a sostener hogares enteros. Madres que, mientras hacen equilibrio para llegar a fin de mes, también sostienen buena parte de la vida cotidiana de sus barrios.

 

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