Crisis en kioscos puntanos: caen las ventas, suben los costos y cierran locales
El consumo masivo no repunta. Los comerciantes de San Luis se quejan porque no llegan a cubrir alquileres y tarifas. La gente compra solo lo necesario y desaparecieron las golosinas y segundas marcas.
La crisis golpea de lleno a los kioscos puntanos. El sector atraviesa el peor momento en años por la caída sostenida del consumo masivo, el aumento de tarifas y alquileres que se volvieron impagables. El resultado son persianas bajas, carteles de "se alquila" y comerciantes que buscan alternativas para no cerrar.
En San Luis la recesión se siente en cada barrio. El consumo minorista acumula meses en rojo y en los canales tradicionales como almacenes y kioscos la baja ronda el 4,6% interanual. Pero el golpe es más duro en el Interior, donde el kiosco de barrio era el comercio de todos los días.
Hoy ese hábito cambió. Los clientes de San Luis y Villa Mercedes restringen el gasto a lo estrictamente necesario. Desapareció la segunda unidad y se desplomó la venta de productos "impulsivos": golosinas, alfajores de primeras marcas, gaseosas grandes. La gente migra a líneas económicas, a las segundas marcas y a los envases más chicos para que el dinero alcance hasta fin de mes.
Mientras las ventas caen, los costos fijos asfixian. Las facturas de luz y servicios llegaron con aumentos fuertes y las renovaciones de alquileres son imposibles de sostener. Por eso la mayor cantidad de cierres se están dando en el microcentro de la ciudad de San Luis y en el centro de Villa Mercedes, donde los locales pagan los alquileres más altos.
El panorama nacional también preocupa. Según la Unión de Kiosqueros de la República Argentina (UKRA), en el país cierran entre 50 y 70 kioscos por día. En San Luis se repite la postal: locales vacíos y una competencia desigual frente a las grandes cadenas y a supermercados y farmacias que también venden golosinas.
Para sobrevivir, muchos kiosqueros puntanos tuvieron que reinventarse. Sumaron cafetería, sangucherías, venta de comida preparada o incorporaron segundas marcas. La idea es mantener el ticket diario y que el cliente siga entrando, aunque sea a comprar un café y un pan.
Los comerciantes advierten que sin un repunte del consumo y con los costos actuales, la crisis va a seguir dejando locales cerrados. El kiosco de barrio, que fue durante años punto de encuentro y sustento de familias, hoy lucha para llegar a fin de mes.
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