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"Cuando vi el frente de fuego entendí que iba a llegar a casa", recordó Cristóbal Scarpati

Una bocina al amanecer cambió todo: su familia enfrentó las llamas con baldes y matafuegos para salvar su hogar en Estancia Grande.  

Por redacción
| Hace 13 horas

El jueves 16 de julio Estancia Grande amaneció con el sonido desesperado de una bocina. No era un saludo ni una urgencia cualquiera. Eran las 06:40 cuando una vecina se detuvo frente a la casa de Cristóbal Scarpati para advertirle que el incendio estaba encima. Hasta unos minutos antes, todo había sido normal. La noche anterior se habían acostado con la alegría del triunfo de la Selección Argentina, sin imaginar que al despertar comenzarían una de las jornadas más angustiosas de sus vidas.

 

 

Scarpati apenas alcanzó a vestirse. Subió hasta el mirador del dique Berta Vidal de Battini buscando confirmar lo que le había dicho la mujer. Desde allí la escena era estremecedora: un frente de llamas inmenso avanzaba sobre el monte mientras el amanecer apenas comenzaba a iluminar el paisaje.

 

"Cuando vi ese frente de fuego entendí que iba a llegar a casa", recordó.

 

 

No hubo tiempo para pensar demasiado. Volvió corriendo y comenzó a preparar el predio (Los Alazanes) para resistir. Separaron todo lo que pudiera prenderse fuego, organizaron los matafuegos y dejaron listo cuanto elemento pudiera servir para defender el quincho, la vivienda y los corrales donde resguardan a sus animales.

 

 

Con el paso de las horas, el incendio transformó por completo la calma habitual de Estancia Grande. El empedrado, normalmente silencioso, se llenó de camionetas, autobombas, patrulleros y sirenas que iban y venían buscando contener un frente que parecía no dar tregua.

 

Los bomberos recorrían el lugar sin descanso. Cada vez que pasaban preguntaban si necesitaban ayuda, pero Scarpati les respondía que todavía había sectores más comprometidos. "Les decía que fueran donde fuera más urgente", contó.

 

 

Al mediodía ya no hubo margen. Las llamas estaban a pocos metros de la casa.

 

Entonces comenzó otra batalla, una que libró junto a toda su familia. Su esposa, embarazada; los niños; unas visitas que casualmente estaban en la vivienda y él mismo enfrentaron el fuego con baldes, jarras, matafuegos y cualquier recipiente que pudiera transportar agua.

 

"No dábamos abasto. El fuego aparecía por un lado y después por otro", relató.

 

 

 

 

 

Durante horas resistieron prácticamente solos. Primero se terminó el agua disponible. Después se cortó el suministro. Más tarde también se quedaron sin electricidad. El cansancio empezaba a imponerse cuando una dotación de bomberos regresó, luego de combatir otros focos, y logró contener el avance de las llamas sobre la parte más frondosa del terreno.

 

"Llegaron en el momento justo. Si no aparecían, también se incendiaba la cabaña que tenemos más adentro", aseguró.

 

 

El fuego pasó a escasos metros del quincho, de la vivienda y de los animales. La amenaza estuvo ahí durante toda la tarde, hasta que el viento cedió y los principales focos comenzaron a perder fuerza.

 

Cuando finalmente pudieron mirar hacia atrás, la sensación fue de alivio antes que de victoria. No hubo animales muertos ni pérdidas materiales irreparables, aunque el incendio dejó marcas que permanecerán mucho tiempo.

 

 

"Lo más importante es que no tuvimos que lamentar ninguna vida. Lo otro es el fruto de muchos años de trabajo, pero se puede volver a hacer", dijo Scarpati, todavía con la memoria puesta en aquella mañana en que el monte ardió y el fuego les golpeó la puerta de su casa.

 

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