Una historiadora apuntó la "degradación" y ocupación de la plaza Pringles
Leticia Maqueda alertó sobre el deterioro del emblemático espacio verde y exigió una urgente intervención municipal para preservar la identidad puntana.
La plaza Pringles, históricamente considerada el corazón verde y cultural de San Luis, se encuentra en el centro de la polémica tras un duro análisis realizado por la reconocida historiadora y docente, Leticia Maqueda. A través de un escrito difundido en sus redes sociales, manifestó su profunda preocupación por lo que calificó como el "imperdonable descuido y degradación de un patrimonio cultural que nos pertenece", señalando de forma directa la inacción de las autoridades locales ante la proliferación del comercio informal en el sector.
De acuerdo con el testimonio de la especialista, el principal paseo público de los puntanos ha sufrido una transformación radical que atenta contra su fisonomía tradicional y su valor histórico. "La Plaza Pringles (...) ha sido tomada en su totalidad por vendedores ambulantes", advirtió Maqueda, describiendo un panorama donde el tránsito peatonal se ha vuelto complejo debido a la instalación de puestos precarios que ocupan pasajes y hasta las propias fuentes ornamentales.
La historiadora hizo hincapié en que este desborde comercial no solo afecta la estética urbana, sino que infringe las normativas vigentes de protección patrimonial. "El espacio público es de uso de todos pero en él cada uno no puede hacer lo que se le da la gana", enfatizó, al tiempo que recordó que la plaza está amparada por la Ley de Patrimonio de la Provincia.
Para Maqueda, la falta de control representa una falta grave: "Creo que la inacción municipal para impedir el mal uso de este espacio, y para ordenar en el ámbito de la ciudad la venta callejera es una falta grave, más aún si esta inacción daña el Patrimonio".
Un rescate de la memoria colectiva
Lejos de limitar su descargo a la queja coyuntural, Maqueda dedicó un extenso apartado a evocar los años dorados de la plaza, con el objetivo de concientizar a las generaciones más jóvenes que hoy se encuentran con un espacio "totalmente desdibujado".
En su texto, rescató la época en que el lugar destacaba por su "bella sencillez", sus tradicionales bancos de granito y madera, las esculturas que representan las estaciones del año y las retretas musicales en el "Kiosco de la Banda".
Asimismo, remarcó el rol de la plaza como el gran escenario de la vida social, política y religiosa de San Luis, habiendo sido testigo desde las tradicionales vueltas de los jóvenes al atardecer y las charlas en las confiterías linderas, hasta hitos históricos como las celebraciones patrias o la espontánea concentración popular tras el anuncio de la recuperación de las Islas Malvinas.
Hacia el final de su descargo, la intelectual aclaró que su motivación no responde a una mera melancolía, sino a la necesidad de resguardar el hilo conductor de la identidad puntana.
"No es nostalgia lo que siento al evocar estas imágenes, es tan solo recuerdo entrañable de espacios donde transcurrieron etapas de la vida comunitaria", concluyó, reiterando que el escenario actual resulta "intolerable" para quienes defienden el acervo histórico de la ciudad.
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