El florista que puso un vivero móvil en honor a la idea de su abuelo
En la misma esquina donde hace años se instalaba su abuelo a vender plantas, ahora José Federico Ibañez Segura repite la profesión con la misma pasión y hasta con el mismo camión.
Un Mercedes Benz 608 modelo 73 con más de un millón de kilómetros recorridos alberga plantas, flores e historias. Algunas de ellas las puede contar José Federico Ibañez Segura, un hombre de 42 años que modificó el tradicional negocio familiar y estableció en el vehículo, comprado por su abuelo cuando era 0 kilómetro, un vivero móvil.
José es nieto de José Emiliano Segura y Carmen Yuvel, pioneros en el negocio de las florerías en San Luis. El matrimonio fundó la florería “Cristina” en la calle Mitre, frente a la plazoleta Baigorria y a metros del cementerio del Rosario, donde ahora está “La orquídea”, atendida por Isaias Segura, el hijo de los dueños originales.
“Somos una familia de floristas que mantiene el negocio en San Luis en diversos formatos; mi abuela, mi madre y mi tío con las florerías, yo con el vivero móvil”, dijo José en la esquina de Juan W. Gez y la avenida Juan Domingo Perón, frente al supermercado Aiello, donde todas las tardes se instala para vender sus plantas y asesorar a conocedores e ignotos del mundo de las flores.
El iniciador de la tradición fue el abuelo de José, un empleado del correo que trabajó 20 años en las oficinas y tenía un almacén en la calle Mitre. Un día, una vecina le llevó unas calas para que las pusiera a la venta. En el San Luis de finales de los 60, llevar flores al cementerio ya era una tradición. El primer día se vendieron todas las flores.
Allí, José Emiliano vio la posibilidad de crecimiento y se compró el camión, con el que en el principio se dedicó a las mudanzas y al transporte y con el que iba con frecuencia a Buenos Aires, donde se contactó con un japonés que vivía en Escobar y tenía un vivero. “Se trajo en la caja de su camión una gran cantidad de plantas, que empezó a vender con más frecuencia que los productos sueltos que tenía en su negocio”, recordó su nieto.
Con la separación del matrimonio, las florerías se diversificaron. Carmen instaló una que todavía funciona al lado de las salas velatorias de la Previsora San Luis, en la calle Alberdi, que la señora atiende junto con Cristina, la madre de José Federico y a quien debe el nombre del comercio. Y José Emiliano puso un vivero cerca del Puente Blanco.
Cada tanto, don Segura se instalaba con sus plantas en el pasaje Juan W. Gez y avenida Sucre, actual Juan Domingo Perón, para ofrecerlas a los puntanos. Muchos años después su nieto hace el mismo trabajo, en la misma esquina y con el mismo camión y la misma pasión de su abuelo, quien falleció en 2020. El vivero móvil es desde el nombre un homenaje: se llama “Don Segura”.
“Como el vivero que tengo en el barrio 500 Viviendas Sur estaba un poco estancado con las ventas, decidí comprar el viejo camión que era de mi abuelo, remodelarlo y salir a ofrecer las plantas”, sostuvo José Federico, quien durante un tiempo se estableció frente al supermercado Vea, por Julio A. Roca, pero ahora cambió de lugar y alterna cada tanto las ferias de emprendedores.
Al igual que su abuelo, Federico usó el camión también para hacer mudanzas y transporte, pero ahora está mayoritariamente acondicionado para movilizar las plantas de un lugar a otro. “Eso no quita que cada tanto haga una mudanza. Y aprovecho los viajes a Buenos Aires que salen cada tanto para ir a Escobar a buscar plantas, como hacía mi abuelo”, recordó.
Federico es padre de dos mellizos que estudian en la universidad y esposo de una abogada que lo apoya en sus decisiones. Además, hace siete años se decidió a saldar la deuda pendiente de tener un título universitario y se recibió de “Técnico en energía renovables”, una carrera que aunque no está relacionada directamente con su profesión, le permitió obtener algunos conocimientos que trata de incorporar
Entre plantas de interior, pinos, frutales y sansevierias (“la que más pide la gente), el hombre tiene el hobby oculto de la carpintería, que aprendió en las escuelas Otto Krause, del centro comunitario “Los tres barrios”, y se propuso el objetivo de transformar el campo que tiene en El Volcán en un vivero sustentable en el que vivir y producir sus propias plantas. Sería otra forma de brindarle más homenajes a su abuelo.
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