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Dos hermanos que se fueron de Villa Mercedes cumplen sus sueños en Oceanía

En 2023, y con un mes de diferencia, emigraron con la Working Holiday Visa, una documentación que les permite trabajar y tener vacaciones. A principios de mes tuvieron la sopresa de la visita de sus padres. Una historia de nostalgia y superación. 

Por redacción
| Hace 12 horas

Julieta tiene 36 años, vive en Nueva Zelanda, trabaja como chef y tiene el título de Comunicadora Social. Emanuel tiene 32, vive es Australia, instala paneles solares y se recibió de Licenciado en Comercio Exterior. Entre las coincidencias que tienen están su apellido, su ciudad natal, Villa Mercedes, y su infancia en el barrio Las Mirandas. Son hermanos que hace tres años decidieron emigrar apoyados en la Working Holiday Visa.

 

 

A principios de abril, los hermanos recibieron por primera vez desde que están fuera del país a sus padres, Daniela y Osmar, dos comerciantes de Villa Mercedes que se decidieron por fin a viajar. El reencuentro fue muy emotivo y con el paso de los días se convirtió en una experiencia inolvidable que tuvo el sabor de la reunión familiar, aunque no completa. Jeremías y Mateo, los otros hijos del matrimonio, se quedaron en Argentina.

 

 

“Trato de hablar a Villa Mercedes dos o tres veces por semana, pero el gran problema que tenemos es la diferencia horaria”, sostuvo Julieta.

 

 

En algún profundo lugar de su pensamiento, Daniela, la madre, viajó dispuesta a decirles a sus hijos que ya era hora de regresar, que lo vivido hasta ahora era suficiente. “Pero los vimos tan bien, tan crecidos como personas y económicamente, en países que los abrazaron, que nos vamos a ir muy contentos, muy felices”, dijo la mujer. “Nunca me imaginé que a mis papás les iba a gustar tanto el lugar donde vivimos”, se sorprendió Julieta.

 

 

La chica emigró hacia Nueva Zelanda en febrero de 2023 y apenas un mes más tarde, Emanuel lo hizo hacia Australia. En ambos casos, la decisión se inició con la oportunidad que les entregó la Working holiday Visa, un sistema muy conveniente que le permite a los argentinos de entre 18 y 30 años con dos años como mínimo de estudios universitarios trabajar y tener vacaciones en esos países.

 

 

 

“Las condiciones cambian de acuerdo al país, pero el trámite es muy accesible: hay que saber algo de inglés y demostrar fondos económicos. En el caso de Australia es por cupos y para Nueva Zelanda las postulaciones se abren un día específico en el año, a determinada hora, y solo entran mil argentinos”, explicó Julieta.

 

 

El otorgamiento de la visa les permite trabajar las horas que deseen y también, de acuerdo a su nombre, tener vacaciones. Gracias esa metodología, Emanuel ya conoció Japón, Tailandia e Indonesia.

 

 

La llegada de Osmar y Daniela les permitieron a los hermanos Sosa volver a verse después de tres años. Es que a Julieta y Emanuel los separan nueve horas de viaje, por lo que la comunicación entre ellos es igual a la que mantienen con sus padres. “Trato de hablar a Villa Mercedes dos o tres veces por semana, pero el gran problema que tenemos es la diferencia horaria”, sostuvo Julieta, quien suele chequear la última conexión de sus contactos argentinos antes de escribirles por Whats app.

 

 

La chef dijo, emocionada, que tiene amigas que “viajan comigo por más que no se hayan movido de sus casas”. La compañía, la llegada de un mensaje o el abrazo a la distancia son cosas que cotizan muchísimo cuando se está afuera del país.

 

 

 

“Por supuesto que se extraña, se extraña mucho. Más que nada a la familia, a los amigos”, remueve Sosa y pone en otro orden un elemento argentino que añora: la espontaneidad de la gente, el hecho de juntarse a tomar mates o a comer un asado sin tanta planificación.

 

 

“Cuando Julieta nos dijo que se iba del país –recordó la madre- nos pusimos muy mal, pero acompañamos su sueño. Y cuando Emanuel nos dijo lo mismo, nos partió al medio, pero acompañamos su sueño”.

 

 

Sostuvo la joven que Argentina tiene una cercanía entre las personas que aquellos países no tienen y que la forma que encontró de suplirla fue hacerse amigos de chilenos, colombianos, mexicanos, peruanos y hasta brasileños que aprendieron a hablar en castellano para comunicarse con su “hermano latino”.

 

 

El mundo ha sido tan chico para los hermanos o Villa Mercedes es tan grande, que Julieta tuvo al menos dos encuentros muy significativos desde que está radicada allá. Cuando se decidió a empezar clases de canto se encontró con la sorpresa de que los profesores eran de San Luis; y cuando fue a llevar su auto al mecánico, resultó que el empleado era Juan Cruz Lemoine, villamercedino.

 

 

Con el paso del tiempo, los hermanos reconoces que no todo fue fácil en su estadía. “Mi intención de venir acá era mejorar el inglés. Y, claro, cuando llegás te encontrás sin nada, estás frente a un mundo nuevo, con gente que habla en otro idioma, con costumbres que no son las tuyas, despojada de tu familia, de tus amigos. Y hay que rebuscárselas sola. No queda otra”, enumeró Julieta.

 

 

La primera parte del viaje de sus padres fue en Nueva Zelanda y luego siguieron en camino los tres para ir a la casa de Emanuel, en Perth. Como Julieta, el joven vive en rommies con otros dos chicos y está “fascinado” con el país y con su trabajo.

 

 

 

La seguridad con que se vive en esos países, la sensación de “estar jugando un videojuego en modo fácil”, cuando en Argentina se juega en modo difícil y las oportunidades de trabajo son los elementos que los hijos comprobaron apenas llegaron y que Osmar y Daniela comprobaron ahora, en su viaje. “Cuando Julieta nos dijo que se iba del país –recordó la madre- nos pusimos muy mal, pero acompañamos su sueño. Y cuando Emanuel nos dijo lo mismo, nos partió al medio, pero acompañamos su sueño”.

 

 

En la búsqueda de algunos elementos que acorten la distancia, Julieta encontró algunas peñas argentinas que se hacen en Nueva Zelanda y que reafirman su contacto cultural, que nunca abandonó. “En cada mate que nos tomamos a la mañana nos acordamos de Argentina, yo me informo de lo que pasa en el país; escucho música argentina, leo libros de autores argentinos”, dijo mientras espera con ansias el 25 de mayo para ir a celebrar el día de la patria aun con emigrantes de países sudamericanos.

 

 

Espera Julieta, también, tener la emoción que tuvo el año pasado, cuando sus profesores de canto puntanos se animaron a bailar la “Calle Angosta” en un salón de una ciudad neozelandesa y ella se sintió, en la otra punta del mundo, más cerca de su ciudad, más cerca de Villa Mercedes.

 

 

 

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