13°SAN LUIS - Sabado 25 de Abril de 2026

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¿Puede San Luis ser una provincia sin animales abandonados?

En barrios, plazas, redes sociales, la postal es la misma: perros y gatos sin familia, en busca de refugio o comida. No es un fenómeno natural ni una fatalidad del destino; es el resultado de un sistema que ignora el origen del problema y un Estado que, cuando llega, lo hace tarde. Por Facundo Valle.

Por redacción
| 24 de abril de 2026

En nuestra provincia, como en casi todo el país, enfrentamos una crisis de sobrepoblación de fauna urbana domesticada. Esto significa, básicamente, que nacen más animales que los hogares disponibles para recibirlos. Es el resultado es un ciclo de abandono, maltrato y sufrimiento que desborda la capacidad de las asociaciones protectoras y la paciencia de los vecinos. Pero para encontrar la salida, primero hay que entender cómo llegamos a este laberinto.

 

 

Sabemos que nuestros compañeros caninos son descendientes de los lobos, pero olvidamos un detalle evolutivo clave. En una manada de lobos, solo la pareja alfa procrea; la presencia de la hembra líder inhibe el celo de las demás. Al domesticarlos durante milenios y desarmar la vida en jauría, los perros perdieron esa capacidad biológica de autorregular su crecimiento. Sin el "freno" del alfa, la procreación se volvió continua y descontrolada. Nosotros rompimos su equilibrio natural; por lo que somos responsables de restaurarlo.

 

 

La industria del descarte

 

A este desajuste biológico se le suma el factor comercial: las "fábricas de cachorros". Los criaderos mercantilizan seres sintientes con un único objetivo: el lucro. Producen animales en masa y nunca exigen la castración de los individuos que venden.

 

 

Esto genera una reacción en cadena donde esos nuevos integrantes de familia terminan teniendo camadas propias, alimentando una crisis de sobrepoblación que la sociedad ya no puede absorber. Priorizar la venta sobre el bienestar es, en términos de salud pública, una irresponsabilidad compartida entre quien explota y quien compra.

 

 

La solución: El Estado como garante de salud

 

La sobrepoblación no es un problema de "tenencia responsable" individual, sino de salud pública. Un Estado ausente, que no castra en la magnitud necesaria, solo empeora la situación.

 

 

La única solución ética y eficaz es la implementación de políticas de Estado que prohíban los criaderos y ejecuten un Programa de Equilibrio Poblacional real. No necesitamos más refugios que funcionen como depósitos de animales, sino un servicio público de castración que cumpla con seis características innegociables:

 

 

Masivo: Se debe castrar, como mínimo, al 10% anual de la población estimada para frenar el crecimiento. Lo ideal es tender al 20%.

 

Gratuito: La salud pública no puede tener barreras económicas. Si el servicio se cobra o se limita, el programa fracasa.

 

 

Sistemático: Debe ser ininterrumpido. El ciclo de gestación no se toma vacaciones; el Estado tampoco debería.

 

 

Extendido: El quirófano móvil debe llegar a cada rincón, desde el centro hasta las zonas rurales y barrios periféricos.

 

Temprano: Castrar antes del primer celo (alrededor de los 6 meses) es la clave para evitar camadas "no deseadas" que terminan en la calle.

 

 

Abarcativo: Debe incluir a todos: machos, hembras, caninos, felinos, animales con familia y aquellos que viven en la vía pública.

 

 

El fracaso de las medidas cosméticas

 

Los registros, las multas, el chipeo o las capturas son modelos de fracaso ya probados. Son parches que intentan tapar el sol con la mano mientras el problema sigue creciendo exponencialmente. Un Estado que solo castra de forma esporádica o que deriva la responsabilidad a la buena voluntad de los vecinos está incumpliendo su rol como garante de la sanidad.

 

 

La sobrepoblación animal conlleva enfermedades zoonóticas, accidentes viales y contaminación. No es una "causa mascotera", es una urgencia social. La esterilización masiva, combinada con educación real, es la única herramienta que puede devolverle la dignidad a los animales y la tranquilidad a nuestra comunidad. Es hora de dejar de hablar de "perros de la calle" y empezar a hablar de políticas públicas a la altura del problema.

 

 

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