Zanjitas: 15 años del día que San Luis se volvió un solo corazón
El 2 de noviembre de 2011, a las 12:05, el tren embistió al colectivo del Colegio Santa María. Murieron seis nenas de 10 y 11 años y dos docentes. El recuerdo del dramático día y del corredor humanitario que salvó vidas.
Hay tragedias que no se archivan. Se quedan a vivir en una provincia entera.
Hace 15 años, el 2 de noviembre de 2011, San Luis se partió al medio. A las 12:05, en el paso a nivel de la ruta provincial 3, en Zanjitas, un tren de carga de la línea San Martín —entonces operado por América Latina Logística (ALL)—, compuesto por 44 vagones cargados con cal y cemento, embistió a un colectivo de la empresa Polo y lo arrastró 200 metros.
Adentro viajaban 49 personas del Colegio Santa María: 42 alumnas de 5.º grado, de 10 y 11 años, docentes y padres. No iban de excursión. Iban en misión solidaria a la escuelita de Cazador, con ropa, alimentos y juguetes. Llevaban también un retiro espiritual.
La violencia del impacto mató en el acto a ocho personas: seis alumnas, una docente y la vicedirectora. Era un viaje de amor. Terminó siendo la peor tragedia ferroviaria de la historia puntana.
Los primeros fueron los vecinos
El libro oficial “Relato de una tragedia: Zanjitas 2 de Noviembre”, editado por el Gobierno de San Luis, reconstruye minuto a minuto lo que ningún parte puede explicar: la gente común haciendo lo imposible.
A las 12:20, apenas 15 minutos después del choque, los trabajadores de Seguridad Comunitaria de Zanjitas, junto a los vecinos, ya habían sacado del colectivo a la mayoría de las nenas heridas. Las ambulancias todavía estaban en camino.
El intendente comisionado de Zanjitas, Jorge Antunes, lo dijo así: “Agrupamos a 12 o 15 chicas y las cargamos en mi camioneta y las llevamos rápido al centro de salud”.
Pablo Pérez, encargado del corralón, rompió ventanillas, asientos y hierros para tratar de sacar a las nenas aprisionadas. Azucena Lucero, del Registro Civil, lo resumió con una frase que todavía estremece: “Fue desesperante. Nos faltaban brazos para levantar a todas las nenas heridas”.
Y las protectoras comunitarias de Zanjitas —Alicia Alcaraz, Marcela Caballero, Filomena Ochoa, Paola Pinelli y Daniela Valette—, que habían sido capacitadas en primeros auxilios apenas 15 días antes, hicieron torniquetes en la vía, sobre el barro y la nafta. Una de ellas le salvó la pierna a una nena con un torniquete improvisado.
Esa acción es la que le valió a la localidad ser declarada en diciembre de ese mismo año “Pueblo Heroico”. Hoy el Parque Zanjitas Pueblo Heroico es el homenaje a esos brazos que no alcanzaban.
El corredor que salvó vidas
En minutos, el Estado activó todo. Pero lo que salvó vidas fue la coordinación humana.
Bomberos voluntarios y de la Policía: desde la ciudad sonaba insistente la sirena que llamaba a los hombres de franco a presentarse en el cuartel. Al lugar llegaron móviles de la Policía, bomberos policiales y voluntarios, personal de San Luis Solidario, Cruz Roja y Defensa Civil. Entre ellos, el bombero de la Policía puntana Darío Zavala, que formó parte de las primeras dotaciones en llegar al paso a nivel.
Zavala fue uno de los que trabajó cuerpo a cuerpo entre los hierros retorcidos del Polo. Como todos los bomberos de esa tarde, su testimonio de entonces habla de lo mismo: la maraña de uniformes de las pequeñas, las mochilas con útiles solidarios desparramadas y nenas de la edad de sus propias hijas que no podían entender qué había pasado. Son los hombres que tuvieron que cortar el colectivo para liberar a las alumnas atrapadas.
Policía y Seguridad Comunitaria: organizaron lo más difícil: el orden. Abrieron un corredor vial para despejar el camino de retorno a las ambulancias y ganar minutos de oro. Personal de la propia empresa ferroviaria separó el convoy en dos partes para habilitar el acceso de salud y seguridad.
Médicos, enfermeros y el Policlínico: en la capital se dispuso alerta roja en el Complejo Sanitario San Luis. Llegaron a Zanjitas aproximadamente 15 ambulancias del sistema público y privado. El ministro de Salud de la Nación, Juan Manzur, que viajó esa misma tarde, confirmó más de 16 ambulancias en el lugar.
En el Complejo, los quirófanos ya estaban listos. El director, Dr. Roberto Schwartz, dio el parte más duro de aquella noche: 20 heridos internados y amputaciones de urgencia. “Tenemos en estado crítico dos niños que tuvieron que ser amputados”.
En Zanjitas, el hospital quedó desbordado y se habilitó la escuela como centro de crisis. En la capital, el Policlínico se llenó de familiares, sacerdotes y psicólogos del Ministerio. Monseñor Pedro Martínez celebró misa en la Catedral.
El dolor que queda
Aquella tarde, San Luis mostró lo que ningún protocolo puede escribir. El gobernador de entonces, Alberto Rodríguez Saá, lo recordó así: “reacciono y llamé al servicio de Salud, a la Policía y a los Bomberos y me dijeron que estaban todos alertas y marchando hacia Zanjitas”.
Fueron vecinos que levantaron a pulso a niñas que no podían caminar, bomberos policiales como Darío Zavala y voluntarios que trabajaron sin relevo, policías que abrieron camino, médicos y enfermeros que operaron sin pausa y una comunidad católica entera que rezó junta.
15 años después, el dolor sigue intacto en el Colegio Santa María.
Recordamos a quienes partieron haciendo el bien:
Luz María Bianciotti (10), Ana Paula Salomé Garro (11), Daira Rocío Mariani Manucha (10), Iara Melina Medero (10), Julieta Sánchez (10), Paula Lucía Quiroga Morasso (11) y las docentes Jésica Sabrina Brancal (23) y María Virginia Farías (30).
Que descansen en paz.
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