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El robo de una bebé, la valentía de la madre y una misteriosa mujer alta y rubia

El hecho sucedió en el Policlínico Regional, en enero de 1979. Una mujer vestida de enfermera entró a la habitación donde estaba Mirta Mercau con su nena recién nacida y se la llevó. La persecusión posterior en los pasillos del hospital terminó con la detención de la ladrona. 

Por redacción
| 31 de octubre de 2026

El enero de 1979 tomó calor en San Luis por un hecho poco frecuente en el Políclino Regional, que por entonces quedaba en lo que ahora es Héroes en Malvinas, en el predio que ocupa el Hospital Pediátrico. Y justamente de niños recién nacidos trata la historia ocurrida el 27 de enero cuando una mujer intentó robar a una bebé que tenía apenas dos días de vida.

 

 

Sucedió en la habitación 11 del nosocomio, cuando Mirta Edith Mercau de Galván, la joven y heroica madre puntana, se levantó adormecida de la cama del hospital, donde se hallaba postrada por el proceso post-parto y salió en persecución de Elva Violeta Domínguez, quien se llevaba a la nena.

 

 

Mirta contó días después a El Diario de San Luis los detalles de lo sucedido: “Eran las 12.30 de la noche y yo dormitaba, exhausta y debilitada, al lado de mi hija. De pronto una mujer, con un pañuelo blanco a la cabeza, como una toga de enfermera, me preguntó si estaba en la cama 13”.

 

 

Asustada por el repentino despertar y las pesadillas que sufrió, la madre reciente tuvo una noche intranquila porque la recién nacida había estado enferma, a tal punto que le hicieron una radiografía. Cuando terminó de despertar, la desconocida tenía a la beba en brazos.

 

 

Mercau era la esposa de Luis Gilberto Galván, con quien tenía otros dos hijos, una nena de 2 años y otro bebé de uno. Vivían humildemente en Constitución 1576, de San Luis.

 

 

 

“Me tengo que llevar a su hija”, dijo la falsa enfermera ante la duda maternal de Mirta que, no obstante, cansada y desconfiada, dejó ir a la supuesta trabajadora. Pero algo encendió la duda de la madre que empezó a seguir a la enfermera, que se había ido raudamente de la habitación.

 

 

“La vi que se iba de la habitación y algo dentro de mi me dijo que no la dejara ir”, recordó una semana después del hecho la madre a El Diario. Pensamiento y acción fueron una sola cosa. Vestida como estaba, en la cama, se levantó a duras penas, se puso unas pantuflas de goma que le había llevado su marido y salió tras la ladrona.

 

 

En medio de la oscuridad del hospital era más difícil encontrar a la bebé. En la recorrida por los pasillos, Mirta vio por fin a la enfermera en una escalera, en descenso, con su hija en brazos.

 

 

“Miraba a cada rato para atrás como tratando de ver si alguien la seguía. Yo le grité, pero ni caso me hizo. Cuando llegué al primer peldaño de la escalera ya no la veía... Caí a los saltos, bajé el primer tramo, pero cuando estaba en el segundo me sentí muy cansada y además como la transpiración de los pies me había mojado las chinelas, me caí. Rodé tres o cuatro escalones”

 

 

 

Pero el accidente no le impidió a Mercau gritar desesperadamente, lo que llamó la atención del portero del hospital, un hombre de apellido Gómez, y del policía de guardia.

 

 

Entonces, atrapar a la mujer fue mucho más fácil. Lo difícil fue que Domínguez dijera otra cosa de respuesta cuando el oficial le preguntó por qué había sacado a la niña: “Me mandaron, fue una señora alta y rubia... Una señora alta y rubia”.

 

 

Nadie había visto a una mujer con esas características, a excepción del encargado de la guardia médica, un doctor de apellido Rossi, que dijo que creyó ver en un Dodge rojo que estaba estacionado en la puerta del hospital a alguien con esas características.

 

 

“De todos modos yo había recuperado mi niñita, que es lo que más me importaba en esos momentos. El policía le dijo a la ladrona que estaba detenida y todos subimos al piso donde yo estaba internada. Allí el guardia se fue con la secuestradora”, contó la mujer.

 

 

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