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Sin convicciones

La falsedad de convicciones se traduce en la llamativa y a veces reprochable conducta de dirigentes con mucha "vidriera", que aparecen sin un norte, sin un rumbo fijo, que van de un lado a otro como divagando, acomodándose como pueden a las diferentes circunstancias y escenarios.

Por redacción
| 29 de abril de 2024

Por una virtud natural para proteger sus huevos y sus crías, los teros tienen una gran habilidad de despistar. Se caracterizan porque "pegan el grito en un lado, pero ponen, o esconden, sus huevos en otro". Así sobreviven y se reproducen.

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Por una virtud natural para proteger sus huevos y sus crías, los teros tienen una gran habilidad de despistar. Se caracterizan porque "pegan el grito en un lado, pero ponen, o esconden, sus huevos en otro". Así sobreviven y se reproducen.

 

Otros dicen que el grito de los teros adelanta el cambio de tiempo, la llegada del viento que, dicho sea de paso, en los últimos tiempos sopló con mucha intensidad en San Luis.

 

Y, como el tero, hay muchos políticos que han asimilado sus "estrategias". Lo hacen para disimular sus movimientos camaleónicos, para ocultar la falta de convicciones y para tapar la debilidad que tienen de ceder a las tentacione$.

 

La falsedad de convicciones se traduce en la llamativa y a veces reprochable conducta de dirigentes con mucha "vidriera", que aparecen sin un norte, sin un rumbo fijo, que van de un lado a otro como divagando, acomodándose como pueden a las diferentes circunstancias y escenarios.

 

 

Las conveniencias sobre los ideales

 

Acá en San Luis, aunque tristemente cueste reconocerlo, hay dirigentes que, como el tero, un día dicen una cosa pero que al otro día, o al tiempo, aparecen haciendo otra.

 

Dejan de lado la historia, la tradición, las banderas y las convicciones de los partidos o movimientos a los que dicen pertenecer.

 

Lo hacen por el peso de las conveniencias momentáneas, de los cambios de escenarios y ceder ante las tentaciones.

 

En las últimas semanas uno de los protagonistas infaltables en los medios fue el rector de la Universidad Nacional de San Luis, Victor Moriñigo.

 

En su nuevo rol de presidente del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) que reúne a todos los rectores del país, fue uno de los dirigentes que encabezó la multitudinaria manifestación en defensa de la educación pública gratuita.

 

Por esta designación, el rector, de cuna radical, aparece con otra responsabilidad, con otra investidura. 

 

Ahora, por una situación ocasional, está situado al frente de una organización que está en la vereda contraria de quienes atentan contra las universidades y el beneficio igualitario de que los hijos de los trabajadores puedan estudiar.

 

Y acá quedan más expuestos los pasos y las huellas de Moriñigo. En 2023 jugó a favor de las candidaturas de Claudio Poggi y de Horacio Rodríguez Larreta, entre otros candidatos. Lo hizo abiertamente. Incluso, pese a la polémica que estalló, les armó un acto político en San Francisco del Monte de Oro, en la primera escuelita de Sarmiento.

 

Como el archivo no traiciona no hay dudas que Moriñigo trabajó para quienes comparten el vaciamiento y el derrumbe de las universidades, de la educación libre y gratuita.

 

Su socio Claudio Poggi veladamente salió a pedirle al Congreso de la Nación que le dieran al presidente Javier Milei todas las herramientas para desplegar "las políticas de la motosierra", que abarcan a las universidades, la ciencia y la tecnología.

 

Pero, por esa carencia de convicciones, de oportunismo político y económico, Moriñigo juega a dos puntas. Por un lado, preside el CIN que es parte de una gran lucha por salvaguardar a las universidades y por el otro, participa del gobierno de Poggi.

 

Muchos de los integrantes del equipo de rector de la UNSL hoy ocupan funciones estratégicas en el gobierno puntano que destruye escuelas, maltrata a los docentes, ajusta brutalmente a los trabajadores, los despide sin motivos, alienta la fuga de conocimientos y apoya a Javier Milei.

 

Por ausencia de convicciones, Moriñigo bambolea. Va de un lado a otro. Juega con Poggi, que de esto ya ha dado sobradas muestras. Y, como en San Luis dicen una cosa, pero afuera hacen otra, el rector desconcierta aún más cuando dice que Poggi lo apoya en la lucha en defensa de las universidades (¿?).

 

 

Las múltiples caras de Poggi

 

El gobernador se formó en el radicalismo riocuartense, en San Luis ingresó al justicialismo y después, por conveniencia, por intereses políticos y económicos, no dudó en saltar de un lado a otro.

 

Durante su primera gobernación coqueteó con Cristina Kirchner, después con Avanzar se hizo del PRO. Apoyó a Mauricio Macri, al tiempo se asoció a Rodríguez Larreta, cuando tuvo que apoyar a Patricia Bullrich no dudó y ahora se mileinizó.

 

Es decir que Poggi no tuvo ni tiene problemas en cambiar de color político, de colocarse la camiseta que sea, conducta de los que no tienen convicciones, que solo van detrás de las conveniencias personales, de lo económico.

 

 

El desorientado Olivero

 

El tercer actor de este texto es el senador por el Departamento Pueyrredón, Martin Olivero.

 

El exintendente de La Punta, también como su padrino político y Morinigo, va de un lado a otro siempre haciendo pesar las conveniencias por sobre las convicciones porque repite que es peronista, pero sus actos y decisiones dicen otra cosa.

 

El martes apareció en medio de la marcha en defensa de las universidades, pero en ese mismo ámbito ante una consulta desconoció los reclamos salariales de los miles de trabajadores de San Luis, entre ellos los docentes.

 

Claudio Poggi, Victor Moriñigo y Martin Olivero, tres dirigentes que con su accionar y decisiones marcan el pulso de muchos dirigentes puntanos que han corrido el eje y hacen que la balanza se incline grotescamente. Están del lado del peso de las tentaciones, de la "devolución de favores", de las gratificaciones y de la compra de voluntades por el accionar de los valijeros. Del otro lado de la balanza, sin ningún tipo de volumen y peso, las convicciones, con una visión difusa de los escudos y banderas del justicialismo y el radicalismo, entre otros sectores.

 

Por una virtud natural para proteger sus huevos y sus crías, los teros tienen una gran habilidad de despistar. Se caracterizan porque "pegan el grito en un lado, pero ponen, o esconden, sus huevos en otro". Así sobreviven y se reproducen.

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