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Epicentro de la docencia

La escuela fundacional de Sarmiento y la vocación pedagógica de Rosenda Quiroga tuvieron a la localidad del norte puntano como referencia.

Por Hernan Silva
| 18 de septiembre de 2023

San Luis tiene varias cuestiones de las que puede enorgullecerse. Quizá una de las más importantes es que a lo largo de la historia ha sido una auténtica cuna de maestros, quienes han llevado sus saberes, su pedagogía y su paciencia a todos los rincones de la Argentina. Si el azar es un velo creado por lo que aún no se conoce y todo posee una causa, San Francisco aparece como un lugar con un mandato evidente. La carrera de Domingo Faustino Sarmiento se inició aquí, con su primera escuela; y entre estas sierras nació y creció Rosenda Quiroga, una mujer pionera que hizo de la enseñanza el gran propósito de su vida.

 

 

La escuela fundacional

 

En la segunda década del siglo XIX, Sarmiento arriba a San Luis acompañando a su tío, el presbítero José de Oro. El sacerdote había sido desterrado de San Juan al oponerse a las reformas religiosas implementadas por el gobernador de esa provincia. El joven Domingo Faustino tenía una especial predilección por su tío, y le pidió a su familia acompañarlo en el exilio puntano. José de Oro resulta una persona trascendental para la formación del futuro presidente de la República. Le enseña matemáticas, historia, gramática y latín.

 

Al poco tiempo de llegar a San Francisco encuentran un rancho abandonado que acondicionan con rapidez para que pueda funcionar como escuela. Era una estructura precaria, construida con adobe y recubierta de un techo de paja. Estaba emplazada a una cuadra de la plaza central de la Banda Sur de la localidad. La humildad del inmueble no se correspondía con su significancia: era el único establecimiento educativo a casi doscientos kilómetros a la redonda. Sarmiento empieza a dar clases en esta escuela en 1826, con solo 16 años de edad.

 

La mayoría de los pobladores de ese San Francisco primigenio, entre los que había mineros y hacendados, eran analfabetos. Sarmiento preparaba las lecciones junto a su tío, pero el sacerdote era inquieto y, por lo general, prefería salir a recorrer el pueblo. El joven Sarmiento era quien se quedaba,

 

entonces, a cargo para dar las clases, las que ofrecía en el alero de la casa y a la sombra de los árboles.

 

Los alumnos que tenía Sarmiento eran bastante más grandes que él; el menor superaba los veinte años de edad. Más allá de estas diferencias, la posibilidad de leer y escribir representaba un paso enorme y trascendente para los pobladores. Los estudiantes reconocían esta ayuda y expresaban su agradecimiento al joven docente regalándole los obsequios más preciados que tenían a su alcance, como gallinas y huevos.

 

La experiencia de Sarmiento como maestro en San Francisco concluye cuando su padre le comunica que habían conseguido los recursos para que el joven pudiera proseguir sus estudios en Buenos Aires. Dicen que al principio se negó de manera rotunda, muy aquerenciado a la vida con su tío, a San Francisco y a su rol como docente.  Pero ya nada podía torcer el mandato de desandar un camino que lo llevaría a transformarse en la persona clave para la construcción del sistema educativo argentino.

 

En 1941 el gobierno central se hace cargo de la escuela fundacional, declarándola Monumento Histórico Nacional. En la década del sesenta colocaron una losa y en un primer momento recubrieron el lugar con ventanales. El pequeño rancho quedó a la vista de todos, como si estuviera en una caja de cristal. Sin embargo, el vidrio generaba un efecto invernadero que incrementó la humedad y deterioró el inmueble.

 

El templete de hormigón incluye actualmente un patio de actos, un mástil, una estatua del prócer, placas conmemorativas y un museo-biblioteca. En 2007, la localidad de San Francisco del Monte de Oro fue declarada por el Congreso Nacional como Cuna de la Educación Pública y del Maestro.

 

 

La vocación de Rosenda Quiroga

 

La escuela y el ejemplo de Sarmiento dejaron una fuerte impronta en la localidad y en la provincia, que siempre tomó la enseñanza como un legado. La maestra, escritora y periodista, Rosenda Quiroga, impulsora formidable de la educación y la cultura para el norte puntano, nació el 1 de marzo de 1869 en San Francisco. Completa sus estudios primarios en el pueblo, se traslada a la ciudad de San Luis y egresa como docente en 1890, en la Escuela Normal de Maestras.

 

Después de graduarse ocupa diversos cargos administrativos. En 1915 es designada subgerente y catedrática de la Escuela Normal de Formación Docente de la localidad, un establecimiento que fue bautizado con el nombre de "Domingo Faustino Sarmiento" y cuya creación fue un sueño cumplido en buena medida gracias a la perseverancia de Quiroga.

 

La injustificada clausura de la institución en 1930 le generó una profunda tristeza y desazón. Quiroga falleció un año después, a los 62 años de edad.

 

La vivienda de aspecto colonial en la que vivió Rosenda se convirtió en una casa-museo que ha logrado conservar indumentaria, documentos y mobiliario de la época. Aún hoy, el inmueble permite apreciar la valía de Rosenda como artífice del desarrollo y la elevación cultural de la localidad que la vio nacer.

 

San Francisco, epicentro de la docencia, parece tener un mandato tan claro como el agua de sus ríos y la diafanidad de sus cielos.

 

 

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