12°SAN LUIS - Domingo 04 de Junio de 2023

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Masonería y 25 de mayo: la herencia emancipadora

Abundan las especulaciones que apuntan al enigma y al secretismo de las órdenes esotéricas o filantrópicas que configuraron los destinos de la historia en el mundo. Muchas conjeturas apenas rozan la verosimilitud en medio de amplios márgenes de lo absurdo, otras están más ancladas en la realidad. Como sea que se miren los hechos, particularmente en nuestro país, es imposible abstraerse de la columna vertebral de los acontecimientos: la influencia masónica y su depósito idealista en los valores de libertad, igualdad y fraternidad.

 

¿Qué tuvo que ver la Masonería con el 25 de mayo? Indudablemente mucho. Basta con imaginar el avance independentista de toda América. Si los líderes de la emancipación no hubieran recibido el apoyo de la institución, probablemente no habrían podido hacer frente al absolutismo monárquico.

 

Se ha hablado ampliamente sobre la pertenencia de distintas figuras políticas y militares a sociedades de americanos, sociedades de caballeros racionales, instituciones masónicas, paramasónicas, logias, entre otras. A mi parecer, la profunda discreción que hace a estos ámbitos quizá fue propicia para cuidar los secretos de las acciones que se bifurcaban entre la vida y la muerte.

 

Lo cierto es que si se ahonda más en los datos, se puede advertir que no pocos masones fueron protagonistas de la histórica Revolución de Mayo de 1810, que fue una auténtica acción popular que dio origen a lo que se conoce como el primer gobierno patrio y que marcó el arranque del proceso de independencia que concluyó en julio de 1816.

 

Hubo una participación clave en los hechos que derivaron en el 25 de mayo y para entenderlo, hay que recordar que la conformación de la Primera Junta de Gobierno fue integrada por nueve personas, de las cuales solo una, Miguel de Azcuénaga, no era masón.

 

Distintos historiadores coinciden en que a finales del siglo XVIII y principios del XIX, se instalaron logias masónicas en Buenos Aires que fueron de vital importancia. Por mencionar un ejemplo, la Logia “Independencia” (con carta constitutiva de la Gran Logia General Escocesa de Francia) materializó la iniciación de Manuel Belgrano y Juan José Castelli.

 

Para 1804, la Logia “San Juan de Jerusalén para esta parte de América” impulsó la independencia del Virreinato del Río de la Plata. Incluso, el taller "Independencia", que fue presidido por Julián Álvarez, tuvo una participación primordial en los hechos de mayo.

 

No se puede evadir la actuación del “gran iniciado”, José de San Martín. Con su llegada a Buenos Aires en 1812, se fundó la Logia "Lautaro", integrada por otras personalidades como Carlos María de Alvear (aunque algunas fuentes señalan que en realidad San Martín no era masón, sino templario).

 

Pocos imaginan la influencia masónica en el devenir social. Y aun bajo la más vasta ignorancia, el velo no puede evitar la manifestación de la herencia emancipadora, que se revela en las idiosincrasias de naciones que son muy masónicas aun sin saberlo y sin querer serlo. Esta anécdota, si se la puede definir de esa forma, se da con una contundencia interesante en países de América del Sur, seguramente por la fuerte intervención que han tenido estos sectores en los enclaves históricos.

 

Los iniciados en los misterios figuran el simbolismo de la escuadra, el compás, el cincel, el martillo, la plomada, entre otros, como elementos transversales que tienen un valor moral y ético. Seguramente en el resurgir del obrero que emerge de la piedra, los atisbos de la búsqueda de la perfectibilidad sigan configurando el destino de una Argentina que aún es un diamante en bruto a pulir.

 

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