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Cárcel para la joven acusada de prender fuego y matar a su pareja

La fiscalía solicitó 120 días de prisión preventiva; el juez le impuso solo un mes.  Yris Garay declaró y sostuvo su inocencia. Sus abogados pidieron domiciliaria porque aún amamanta a su hijo.

Por redacción
| 27 de octubre de 2023
La joven imputada fue trasladada a la Penitenciaría Provincial luego de la audiencia de formulación de cargos. Foto: Héctor Portela

"Yo no quise matar a nadie. Yo no maté a nadie”, sostuvo este viernes Yris Garay, quien finalmente fue imputada por haber rociado con nafta y luego prendido fuego al padre de su hijo, Brandon Bustos, quien murió a las pocas horas. La joven de 22 años decidió declarar ante el juez de Garantías Ariel Parrillis antes de que el magistrado resolviera su situación procesal. Además de negar el crimen, aseguró que extraña mucho a su pequeño, que no está bien anímicamente y que incluso ha pensado en el suicidio. Su relato no conmovió a la fiscalía, que mantuvo su pedido de encarcelarla por 120 días y acusarla por un delito que prevé la única pena de prisión perpetua. Con el argumento de que debe tenerse en cuenta el interés superior del niño en cuestión, hijo también de la víctima fatal, la defensa solicitó la prisión domiciliaria, pero en una decisión que podría considerarse salomónica, el juez la envió a la cárcel por un mes mientras sus abogados presentan constancias de su estrategia defensiva. Ninguna de las partes quedó conforme y ambas apelaron la resolución.

 

“Quiero ser oída y escuchada por usted”, respondió la imputada cuando el juez le ofreció dar su testimonio. “Quisiera empezar diciendo que extraño mucho a mi hijo, primero que nada, que necesito estar con él y que él me necesita a mí. Que estoy muy mal por todo lo que pasó y que todo lo que han dicho y ha puesto la gente en redes sociales no es cierto. Yo no quise matar a nadie. Yo no maté a nadie”, comenzó, y luego dijo que el pequeño ha bajado de peso en sus días de encierro y que los médicos pediatras que lo revisaron sostienen la necesidad de que esté junto a ella.

 

También comentó que la relación con Bustos estaba terminada, pero que él no quería irse de su casa, un departamento en el mismo predio que el hogar de su abuela, en la manzana J del barrio 1º de Mayo. Por eso ella y la criatura se quedaban en la parte delantera de la morada y el joven residía solo en el departamento en el que supieron convivir. “Yo le había pedido que agarrara sus cosas y se fuera a lo de su madre o a donde fuera, pero él no se iba. Busqué la manera de que entendiera que ya no estábamos juntos, pero él no entendía”, soltó.

 

Sobre el día del hecho, el martes 17 de octubre pasado, repitió la versión que ya había difundido uno de sus abogados: que Brandon comenzó a agredirla desde temprano porque ella había comentado el estado de otro joven en redes sociales y él la celaba. Antes de las 23 la pareja se encontró en el patio, discutieron y el chico “me empezó a pegar, a agredir, a insultar. Que yo era una fácil, que estaba con cualquiera”.

 

A continuación, siempre según su relato, comenzaron a hablar de la moto Honda 150, propiedad de la joven, y Bustos le exigió que le sacara el combustible porque lo había pagado él. Ella comenzó a llenar una botella con nafta y él “me pegó una patada muy fuerte en el brazo, me empezó a tirar de los pelos, quiso romper el plástico de la moto…”, provocando que ambos terminaran rociados con líquido inflamable. “Él tenía la costumbre de andar con encendedor porque fumaba cigarros y, entre una cosa y la otra, sinceramente desconozco cómo pasó, se incendió”, declaró Garay.

 

 

“Traté de ayudarlo”

 

La joven comentó que junto a uno de sus tíos trataron de sofocar las llamas en las que estaba envuelto Brandon, pero que no pudo y que luego cayó presa de una laguna mental: “No me acuerdo más nada”, sentenció.

 

Ante preguntas de sus abogados, la imputada sostuvo que la víctima siempre fue violenta con ella y que incluso una pareja anterior del joven le había comentado sobre órdenes de restricción por violencia. “Siempre me trataba mal, nunca podíamos llegar a un acuerdo para estar bien. Le decía que si nos separábamos yo nunca le iba a negar a mi hijo”. “Él llegó a decirme en varias oportunidades que si yo lo dejaba, él se iba a quitar la vida”, sumó, y dijo que nunca lo denunció por miedo, pero que sí le comentó lo que padecía a familiares y amigas.

 

Turnándose la palabra, los defensores Esteban Bustos, Maximiliano Correa Fernández y Claudio Pérez Calderón le solicitaron a Parrillis que, en caso de ser procesada, su defendida fuera beneficiada con la prisión domiciliaria invocando el derecho a la lactancia del pequeño, al interés superior del niño, amparado en la Constitución y los tratados internacionales, y al posible empeoramiento de la situación psicológica y física de Garay si continúa encerrada.

 

Dijeron que no existen riesgos procesales de fuga, porque no cuenta con los medios y no se va a ir sin su hijo, tampoco de entorpecimiento de la investigación; que una psicóloga de parte que la atendió concluyó que Garay es “una persona deteriorada en su estado psicológico con tendencias suicidas porque no soporta el encierro ni estar distanciada de su hijo”.

 

 

Habrá una revisión

 

El fiscal de Instrucción 3, Estaban Roche, rechazó el planteo de la defensa, dijo que el vínculo entre madre e hijo puede continuar sin la necesidad de convivencia y que, en general, no hay agregado al expediente ningún informe o documento que acredite ese estado psicológico de ella ni el presunto deterioro físico del pequeño.

 

“El fundamento principal sobre la solicitud y la preventiva es que estamos ante un delito de índole intrafamiliar y que cualquier otro tipo de medida de coerción que se dicte en la presente causa no va a sacar el riesgo de peligro de entorpecimiento que existe”, ya que la mayoría de los testigos son sus parientes y puede influir en ellos, dijo.

 

Tras más de una hora de audiencia, al momento de resolver, Parrillis se valió de los argumentos de ambas partes para fundar el suyo. A la defensa le pidió acreditar el estado de salud y psicológico de Garay para saber si realmente está en condiciones de estar con su bebé, y que eso sería abogar por el interés del niño; a la fiscalía le solicitó robustecer las pruebas contra la mujer y apuntalar los riesgos procesales que expuso.

 

Solo al final, cuando escuchó que iba a ser conducida al Penal, Garay lloró.

 

Redacción / NTV

 

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