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Majox: "Hay que reeducarse para volver a reír"

 La creadora del libro "La Negra Gedienta" combina humor, injusticias y perspectiva de género.

Por redacción
| 22 de enero de 2023
Catarsis trazada. Inició con las historietas de la piba de barrio un poco guarra en 2016, cuando sintió la necesidad de expresarse sobre las cosas que la incomodaban de la sociedad. Foto: Gentileza.

La Negra" es una tipa de barrio, que le gusta la joda y tiene una vida sexual plena. Lleva consoladores a sus viajes y le ofrece a su novio constantemente abrir la pareja. "La Negra" tiene inseguridades, pero sobre todo tiene ganas de alzar la voz y contar, entre viñetas y chistes, las injusticias que ve en la sociedad. "La Negra" es una mujer muy parecida a muchas y, aunque las diferencian sus cabelleras una cobriza y la otra azabache, está hecha a imagen y semejanza ideológica de su creadora, Majox González.

 

La dibujante e historietista puntana de 38 años publicó su libro "La Negra Gedienta". Es una recopilación de sus historietas que publica en redes sociales, más algunas inéditas, que están conectadas por una trama principal: la perspectiva de género.

 

—¿Cómo nació la fusión del dibujo con el humor?

 

—En realidad siempre me gustó mucho el humor, me encanta Maitena y Quino, consumía mucho eso de chica. Además, me dedico a hacer historietas, más tipo novela gráfica, y he laburado de eso muchos años y, en un punto, tuve la necesidad de expresarme en lo que era el humor. Sentía que había un montón de cosas que me incomodaban y creía que, a través del humor, podía hacerlas visibles y usarlas a modo de protesta también. Empecé a indagar esa posibilidad, y la verdad es que, desde entonces, mi forma de hacer humor fue evolucionando.

 

—¿Por qué “La Negra Gedienta”?

 

—Tenía una amiga a la que le decíamos “la Negra” y se me ocurrió dibujarla como una piba de barrio, la más de barrio que se te pueda ocurrir, que no fuera hegemónica, ni delicada y que le gustara la joda. Hay cierta delicadeza que se le atribuye a la mujer, entonces quería hacer lo contrario.

 

—Decís que tu humor fue evolucionando ¿cómo?

 

—En el primer chiste que hice ella le decía al pibe: "Vos querés un noviazgo, pero yo solamente te puedo ofrecer un ‘conchazgo’". Eran chistes medios guarros y que las tiras que había en ese momento en Internet, dibujadas por mujeres, no hacían. Quería buscar un toque distinto y mostrar que hay otras voces y mujeres con otras formas de hacer humor. Es algo de lo que nunca trabajé oficialmente, fue un proyecto personal con el que no ganaba un mango, por semana hacía dos o tres tiras con cosas que me llamaban la atención o con situaciones que yo veía que pasaban, autobiográficas y de gente que estaba alrededor mío. Fue un juego, en un principio no nació con el objetivo de sacar un libro. Empezó como una catarsis de un montón de cosas que no me gustaban de la sociedad. Sentía que siendo mujer había espacios que se nos eran negados, entonces, de ese enojo, básicamente surgió esta idea. Después, cuando pasaron los años vi que tenía una cantidad de tiras que ya ameritaban ser un libro, que cuenta una historia. Hay muchas tiras inéditas que no están en mis redes.

 

Una de varias. Relaciones responsables, placer femenino, despecho y la belleza hegemónica, en su agenda.

 

 

—Pasaron ocho años de ese primer chiste, ahora que la mujer encare a un hombre está más naturalizado ¿evolucionó no solo tu forma de hacer humor, sino también la sociedad?

 

—Totalmente. Además, hay un montón de cosas que me molestaban en ese momento y ahora siento que sería casi imposible que sucedieran. Hay muchos humoristas varones que por ahí se enojan porque piensan que ya no pueden hacer chistes sobre ciertas cosas. La verdad es que eso también es una evolución, cuando estás comunicando tenés que tener mucho cuidado con el discurso, porque lo que a lo mejor a vos te parece gracioso para otro puede ser ofensivo. En ese sentido evolucionamos un montón como sociedad, hay muchas cosas que son ofensivas y que ya no se toleran. Eso está bueno.

 

—¿A qué crees que se debe?

 

—Básicamente, lo que a mí me atravesó fue el movimiento de mujeres, empezar a quejarnos de la desigualdad y mostrar que estamos en un lugar donde todo nos cuesta más. Y ni siquiera es que te das cuenta porque viene alguien y te pega con un látigo, sino que es algo de todos los días, como ser la persona que en tu casa tiene que limpiar y cuidar a los pibes. Esa es una realidad de muchas, hoy en día. Es algo que aún no cambió, y son cosas que a mí me enojan. Pero la evolución viene por ahí, del poder hacer un chiste de eso, de algo que me molesta, pero también puedo hacerlo sobre cosas que tienen importancia en este momento. Lo que aprendí mucho fue a cuidar el discurso y a pensar en lo que estaba diciendo. Hay que reeducarse para volver a reír y a hacer humor porque puede ser ofensivo. Hay chistes que fueron muy criticados de humoristas muy famosos, como reírse del cuerpo de la mujer o de su apariencia, y es algo que ya no da. Hay que repensar los discursos y tratar de explorar las diferentes formas de reírnos sin caer en la literalidad, eso no es humor tampoco.

 

—Hablás de los humoristas hombres, pero el público tampoco se ríe de lo mismo...

 

—Hay un crecimiento cultural de respetar más al otro, hay un montón de cuentas que sigo y demuestran que se puede hacer humor sin ser hiriente, solo hay que cambiar un poco el enfoque. Es tener la posibilidad de, con tu voz, contar lo que a vos te pasa y hacer tu crítica del mundo.

 

—Asegurás que el libro no es feminista, pero que sí tiene perspectiva de género ¿por qué hacés esta diferenciación?

 

—Creo que si decimos qué sí y qué no es feminista estamos encasillando todo en un movimiento que por ahí la gente no entiende bien de qué se trata. Es un movimiento muy grande, que dentro del mismo hay muchas incisiones, entonces, decir que algo es feminista porque lo hace una mujer, me da la impresión que es banalizar la importancia de la palabra y la lucha que busca una real igualdad. Hay uno de los chistes que ejemplifica bien esto, el chico con el que ella sale le dice que le va a contar un secreto y le dice que en realidad a ellos no les gustan las mujeres, sino que aman a sus amigos. Y la mina pone cara rara, son ese tipo de reflexiones. En el panorama del humor hay más posibilidades, y lo que trajo el feminismo a la mesa fue que todos podamos repensar lo que estamos haciendo como sociedad y no solamente lo que pasa con las mujeres: el bullying, el maltrato laboral, la responsabilidad afectiva y otros temas.

 

 

—El placer femenino y quitarles el tabú a ciertas cuestiones es algo que está muy presente en tu trabajo.

 

—"La Negra" es un personaje de una chica desfachatada que no le da vergüenza decir lo que piensa. Con el tema del disfrute y los juguetes sexuales siempre hice chistes sobre eso, lo naturalizo y trato de que toda la gente que esté a mi alrededor lo tome así. Hay un chiste en el que ella está pasando por la aduana y se ve en su mochila todos los penes y vibradores. Además, me gusta porque tiene que ver conmigo. Incluso en la presentación del libro llevé una cinturonga de plástico rosa y la puse en la mesa de la presentación, me gusta que la gente deje de tener pudor. Por ejemplo, a mi sobrina para su cumpleaños de 18 le regalé un vibrador. Está bueno poder disfrutar de eso sin que sea un tabú. Es como correrse del lugar desde el cual lo pensamos siempre y tener otro punto de vista que no jode a nadie, sino que al contrario habilita otras posibilidades de conocerse a uno mismo y de disfrutar el cuerpo de una. El placer fue un mito siempre muy vedado para las mujeres y que sigue siendo controlado hoy en día, por eso me parece interesante visibilizar.

 

—En contraposición a esta veda del placer femenino está el hecho de que la industria de los juguetes sexuales no solo está pensada mayormente para mujeres, sino que son ellas las principales consumidoras...

 

—Es increíble, me llama mucho la atención ese tipo de cosas porque de verdad es que el porcentaje de consumo en mujeres es ampliamente superior. Lo que pasa es que también tenemos un clítoris que tiene mucha más sensibilidad. Todo esto se está pudiendo estudiar y saber, por ejemplo, cuestiones relacionadas al orgasmo femenino, gracias a que se ha podido investigar, se derribaron muchos mitos. De esto nace también la tapa del libro con ella arriba de un vibrador. La idea es chocar, al punto de que lo veas tanto que es como que al final terminás haciéndolo parte de tu vida. Esa es mi bandera y mi idea cuando dibujo, que el libro sea un lugar de descubrimiento y un espacio en el que la mujer pueda decir todas las cosas que le pasan a diario. Desde ese punto de vista digo que no es feminista, sino que tiene mirada de género, estoy atravesada por ser mujer y haber nacido con concha; la autora es feminista, pero el libro habla de las cosas que nos pasan y eso no es feminismo sino que es la realidad, no tenemos las mismas condiciones que los hombres. Sino pareciera que estamos ofreciendo un producto para vender en el supermercado y esto es mucho más profundo. Es una transformación social.

 

 

 Buscan que no nos empoderemos porque les servimos más sintiéndonos feas y estando ahí abajo.
 

—La belleza está muy presente en tus historias ¿qué rol ocupa asociada con la felicidad en la mujer?

 

—Es un tema muy complicado, porque la belleza es un valor que está impuesto y es algo que se construye, entonces todos esos discursos hay que atenderlos porque son re opresivos para la mujer. Desde que tengo uso de memoria estoy acomplejada con mi cuerpo, y eso le pasa al 99 por ciento de mis amigas y a la que no es porque es hegemónica. Hay un porcentaje muy alto de mujeres que no se sienten cómodas con su cuerpo, y eso a los hombres no les sucede en la medida que nos pasa a nosotras. Eso es por los discursos que hay y que no son ingenuos, sino que buscan que no nos empoderemos porque les servimos más sintiéndonos feas y estando ahí abajo.

 

—Otro tema es la mujer y el despecho, incluso tomás el nuevo tema de Shakira en tus redes para hablar de eso...

 

—Me encantó, me parece bien que haya hecho esa canción. El despecho y el tema de cómo vincularse sanamente me interesan mucho, desde esta cuestión de que "la Negra" siempre le plantea al novio el tener una relación abierta, entonces es como que me parece que hay mala gestión de la comunicación y de las emociones en la pareja. Hay cosas que exceden al patriarcado, hay hombres y mujeres despechadas, el tema es que ahora te la mandás con una mina que tiene el poder que tiene Shakira y bueno, bancátela. Mi única reflexión es que cada uno maneja su frustración de la manera que puede, y él se la mandó.

 

—Hablás de feminismo y sos puntana, los últimos encuentros, el Plurinacional y el Nacional de Mujeres y Disidencias, se hicieron en San Luis ¿cómo te atraviesa?

 

—No pude ir porque justo tuve en ese momento un trabajo muy importante, pero hubiera dado todo por estar. Me pareció maravilloso que se haga en San Luis, creo que la provincia está cambiando un montón y cada vez que voy, las cosas están cada vez mejor. La última vez que estuve allá, fui a un asado y todos los chicos hablaban de la vasectomía, incluso había uno que se la había hecho. Las políticas públicas de salud en San Luis, sobre todo con la ESI, fueron un éxito. Es algo de lo que estoy al tanto y me parece muy bueno.

 

—¿Cómo fueron tus inicios como dibujante en la provincia?

 

—Gané en la beca de arte Siglo 21 y de ahí empecé a hacer historietas. Fue un incentivo re copado, sinceramente, fue una ayuda muy importante, y después me fui a Buenos Aires a seguir estudiando. En San Luis fui a la secundaria de arte N° 2, una hermosa escuela con profesores que me estimulaban. Me gustaba dibujar, le ponía mucha onda y la verdad que en ese sentido siempre los maestros que tuve allá fueron muy generosos. Para mí fue muy importante Roberto Tessi, que fue director de cultura y de la escuela de arte de Villa Mercedes. Él fue como un padre para mí, le gustaban las historias, era un artista plástico muy importante. El contacto con él me abrió la cabeza. Cuando lo conocí en la beca, hacíamos encuentros al aire libre de arte, pintamos murales, había una comunidad artística muy linda.

 

 

—¿Hay alguna intención de traer tu libro a San Luis?

 

—Me encantaría, pero nunca se me dio. Hace mucho que no tengo contactos allá, entonces tendría que organizar a dónde, quién estaría interesado o algún espacio cultural disponible. No estoy muy comunicada con los espacios de allá y eso me da mucha tristeza, todavía no logro hacer un puente cultural. Pero me gustaría ir, por ejemplo, a la Comic Con.

 

 

 Redacción / NTV

 

 

 

 

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