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La raza del actor

El intérprete de Carlos Carrascosa en la miniserie de HBO max "María marta: el crimen del country" es, hace poco, presidente de una agrupación de actores. Reflexiones sobre el rol de la ficción y el valor de contar las historias reales sin resolver.

Por redacción
| 12 de septiembre de 2022

Con más de 45 producciones en su haber, entre protagónicos, villanos y secundarios, el último papel de Jorge Marrale lo puso en la fina línea entre la inocencia y la culpabilidad. Para la miniserie de HBO Max, "María Marta: el crimen del country", el notable actor interpretó al viudo Carlos Carrascosa desde una seguridad de la que el propio público carece, la de su inocencia.

 

El también presidente de Sociedad Argentina de Gestión de Actores Intérpretes (Sagai) aseguró en una charla con Cooltura que nunca hubo tanta ficción disponible como en la actualidad con las plataformas de streaming; aunque la calidad sea un tema aparte parece ofrecer una de las soluciones a la crisis económica: invertir en producción argentina, de calidad y con el recurso de la diversidad de paisajes que ofrece el país.

 

—¿Cómo le llegó la propuesta para hacer a Carrascosa en “María Marta: el crimen del country”?
—Fue en 2020, antes de la pandemia, con la idea de que la podíamos hacer en junio de ese mismo año. Leí los ocho capítulos y yo recordaba el proceso judicial a la distancia, pero también que en algún momento había dejado de seguirlo porque hubo una instancia, cuando Carrascosa fue preso por primera vez, después es considerado culpable y se le da una sentencia definitiva, que no podía entender, ni terminaba de creer que eso fuera así. Me resultaba muy raro que ese hombre estuviera apoyado por toda la familia, que también cayó presa. No podía comprender que hubiera todo un complot turbio, oscuro y morboso de matar a la esposa y hermana del resto de la familia. Entonces me colgué de eso, no tuve más información y cuando me llega el guión de Martín Méndez empecé a mirar no solamente las vicisitudes de la vida personal de Carrascosa, su vida en el country y con María Marta, sino con algunas cuestiones que tienen que ver con lo judicial y la manifestación de los medios y del público que accedía a una información limitada y que ahora se va enterando dentro de la trama de la serie. 

 

—¿Por qué aceptó?
—Me parecía que era una gran oportunidad para traer la ficción a una plataforma, yo había hecho “Estocolmo”, pero esta era una gran oportunidad de meterme en la encarnación del personaje de Carlos, tomé la decisión y estuvimos de acuerdo de hacerla en el 2021. El proceso de investigación fue arduo, profundo, muy bueno e interesante. Además, en todas las facetas que tuve que encarar, una vez decidido el camino, cada día de filmación fue particular porque había que estar muy atento a muchas cosas, encarar a una persona contemporánea, que además está viva, es una responsabilidad. Más si tenemos en cuenta que había vivido una serie de circunstancias dolorosísimas, había estado preso y luego lo declararon inocente. Hacerlo era una responsabilidad enorme.

 

—¿Desde qué concepción partió, la inocencia o la culpabilidad?
—Yo partí de la idea siempre de que, para mí, Carrascosa era inocente y así fue como lo encaré. De no haber ido con esa premisa, no hubiese podido encararlo, uno no puede hacer un personaje dudando si es o no culpable. 

 

—¿Por qué al público le interesan estas historias?
—Creo que tienen que haber muchas razones por las cuales nos interesa como público, como actores o productores. Primeramente estos casos tienen un atractivo que es algo que ha sucedido durante tanto tiempo, que estuvo la gente tan pendiente de los acontecimientos, pero sin tener certezas y un poco flotando todos en el qué habrá pasado, por qué y cómo es que lo ponen preso con cadena perpetua y a los siete años se comprueba que no había sido él. Después estaba el qué pasó con la familia y con todos los que fueron arrasados por las circunstancias y que están en el presente todavía sin saber quién o quiénes fueron responsables de semejante asesinato. Le dieron cinco balazos en la cabeza y el sexto que rebotó con el famoso pituto. Hay muchas razones para estar interesado, porque ya la gente había escuchado a la prensa en el momento sobre qué había sucedido y en los distintos intervalos en los que el caso otra vez salía a la superficie. La gente escuchó muchas versiones, en última instancia uno podría pensar que habrá aquellos que seguirán pensando que hay otros responsables; y otros, que Carrascosa y la familia fueron responsables. Hay muchos elementos para generar interés. Además, la ficción tiene un valor muy distinto que el de un documental, hay algo de lo subjetivo, de una investigación propia y que echa luz de cosas que el público, al seguir una serie, sí se entera.

 

—Dijo que durante el proceso de hacer la serie no quiso reunirse con Carrascosa, una vez finalizada, ¿se dio ese encuentro?
—Sí, tuvimos un encuentro que fue muy interesante. Estuvo muy bien, yo no quise tenerlo antes porque quería ir con el pensamiento mío, lo que había visto, sentido y me había pasado a mí. Fue un trabajo notable el de la directora porque es una historia muy difícil de contar con las contradicciones del caso y de la Justicia y ella supo hacer algo muy bueno. 

 

—¿Por qué cree que cada vez hay menos ficción en la televisión y más en las plataformas?
—No deja de ser ficción. El trabajo, en última instancia, frente a las distintas formas y soportes sigue siendo el mismo. Lo que ocurrió es que hay un nuevo paradigma, el de la ficción en streaming. Se está imponiendo como forma y es una estructura que acompaña de una forma muy poderosa, no sé si hay una evolución en eso, sí creo que como nunca en la historia, desde la creación del cine, nunca tanta gente vio tanta ficción, lo cual no implica que toda sea buena. 

 

—¿Cómo toman los actores ese contexto?
—Es un desafío porque nos promueve a todos, en todo el mundo, a tener algo que está vinculado a la creatividad, la creación y el no aburrir. Esto demuestra el poder de las historias ficcionadas, siempre hay algo nuevo para contar, aunque a veces nos apoyemos en sistemas similares. En definitiva el vínculo humano es como una ficción, el desarrollo de lazos y conflictos, creo que sigue siendo un gran atractivo. Yo esperaría que la televisión que tenemos en casa pudiera tener un poco más de ficción porque casi no tiene nada nacional. Eso me parece que será muy importante, pero estamos viviendo la explosión del streaming.

 

—El rol del villano también cambió, antes eran malos hasta el hartazgo y ahora son más medidos…
—También depende mucho de los puntos de vista. La ficción lo que tiene es eso, los puntos de vista de dónde se cuenta la historia. Respecto a los malos, creo que lo que vamos afectando cada vez más es la malicia o lo que supuestamente puede ser lo incorrecto, el lugar equivocado, el elegido, de lo que está fuera de la ley con cierta y mayor naturalidad, convivimos cada vez más con eso. O sea que en la realidad estamos un poco más expuestos a aquellos comportamientos maliciosos y a esas actitudes, hoy por hoy vemos una sucesión de robos, por decir algo, por las cámaras de la calle que toman esa realidad tan crudamente, vemos cotidianamente asesinatos y asaltos. Lo malo, la vejación, el robo, la muerte están mucho más cerca de todos nosotros que antes, con lo cual hay algo que se está incorporando de una manera más cotidiana no solamente en los adultos, sino que también lo ven los chicos. La televisión puede poner el cartel de imágenes no recomendadas, pero no se ocupa de cuidar que un chico no pueda ver un asesinato, entonces hay algo que cambió, nos estamos informando y reinformando.

 

—En un momento donde hay tanto consumo de ficción, ¿qué rol cobra Sagai? 
—La gran tarea de Sagai es correr en paralelo a los tiempos y tratar de que la propiedad intelectual de los actores y actrices sea cada vez más extendida, respetada y reconocida como regalías en las obras que aparecen en las plataformas. Las negociaciones con las plataformas son lentas, no solo en Argentina, sino que en todo el mundo, con el tiempo suponemos que por lo menos con las más importantes vamos a tener todos acuerdos, pero lleva tiempo, discusiones, posturas y es muy complejo. Además, Sagai no solamente representa a actores y actrices, sino que tenemos acuerdos con otras organizaciones y obras de acuerdos no nacionales. 

 

—¿Qué poder tienen actualmente las plataformas de streaming?
—Tienen la forma de saber qué se ve todos los días, de qué forma, si lo ven doblado o en su idioma original, completo o si lo cortaron. Tienen un gran poder y una posición dominante con lo cual negociar no es tan sencillo, estamos con eso, la pelea por la ley de la propiedad intelectual en el mundo es una lucha permanente. Todos estamos acostumbrados al derecho laboral, pero el de la propiedad mucha gente se está enterando ahora. 

 

—¿Cómo es el trabajo interno de asegurar que los actores y actrices reciban sus regalías?
—Sagai tiene 16 años, es relativamente joven, y tiene más de ocho mil socios. Hay que gestionar mucho, es un trabajo muy arduo el que hacemos nosotros, para abonar tenemos que tener fichas de las obras y si no tenemos que mirar la obra entera y separar la cantidad de secuencias que tiene cada actor y , en función del valor de la obra, sacar el porcentaje de cada trabajo. Es una labor ardua que se hace para ser equitativo. Hay que pagar las regalías como corresponden y para eso son muchas horas de empleados de Sagai mirando ficción.

 

—¿Qué rol ocupa la política en esas discusiones laborales? 
—Nosotros no hemos tenido encuentros con el Presidente como tuvieron otras asociaciones, sí con distintos estamentos del estado que también tienen plataformas, como el Incaa o Cont.ar, con las que todavía estamos luchando. Con el Incaa llegamos a un primer acuerdo para acceder a un cobro, no es realmente la cantidad que desearíamos, pero el instituto está pasando un momento complicado. 

 

—¿Las negociaciones continúan?
—Estamos llegando a una forma de acuerdo, siempre con la idea de que en el futuro se puedan ir modificando las cosas y que lo que incline esa balanza sea que tengamos más trabajo en la medida en que en Argentina produzcamos y exportemos más ficción. En este momento se necesitan dólares y trabajo que se pague desde el exterior hacia acá; más allá de lo que es necesario porque la gente y el público quieren ver a sus actores y actrices. El éxito que tiene “María Marta…” demuestra la calidad que tenemos para competir en el mundo.

 

—¿La ficción genera ingresos?
—Sí, pero se necesitan algunos elementos que promuevan a la ficción que es una industria que genera mucho dinero. No solamente en el ámbito específico de la producción y de los equipos, sino lo que genera. Por ejemplo, si hacemos una producción en San Luis generaría mucho turismo, todos los trabajos paralelos al nuestro son muchísimos y, además, aprovechar los espacios porque tenemos un país con unas bellezas descomunales.

 

—¿Filmó alguna vez en San Luis?
—Sí, hice una película que se grabó más en Villa Mercedes. Es la única experiencia que tuve allí, pero sí me enteré de San Luis Cine que fue un momento muy importante de la provincia, además tienen un estudio muy grande de audio para grabaciones. Cuando me enteré de eso me pareció muy bueno, en su momento produjo bastante material cinematográfico. Lo que sí veo y es muy interesante es que cada vez más provincias tienen leyes de cine que van desarrollando nuevos elementos. Por ejemplo, trabajé en Córdoba en una producción financiada por el cine cordobés; Neuquén y Mendoza están en lo mismo. Hay que incentivar que en cada provincia donde se pueda haya una ley que favorezca el desarrollo de la industria audiovisual. Haciéndolo con calidad es una industria muy potente.

 

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