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Viviendas sociales, el tema en el que la realidad mató al relato

Anormalidades en la adjudicación y casas con innumerables problemas

Por redacción
| 14 de agosto de 2022

Las viviendas sociales son, indudablemente, uno de los principales caballitos electorales de Claudio Poggi. Cada vez que puede, el diputado nacional saca a relucir que durante sus cuatro años como gobernador se realizaron unas trece mil casas. Lo hizo nuevamente el lunes, durante otra conferencia de prensa muy acotada, en un espacio físico que ya se asemeja a una sede de Juntos por el Cambio, la sala de reuniones del bloque Unidos por San Luis.

 

Acostumbrado a las preguntas complacientes, el dirigente cordobés se salió de quicio ante la consulta de FM Lafinur sobre la investigación judicial que pone la lupa en el delito “Defraudación por administración fraudulenta” en el que habría incurrido su gestión en la entrega de, al menos, una casa en el barrio 80 Viviendas de San Luis. En ese barrio ubicado frente a la ex Colonia Hogar, se desadjudicó por decreto a una inscripta en los plazos legales para darle el lugar al por entonces secretario privado del secretario general de la Gobernación, Víctor Endeiza, quien ni siquiera había superado los filtros de documentación en la etapa de inscripción. Por esa causa, fueron denunciados la exministra de Vivienda Cecilia Lucero, la exjefa del Programa Planeamiento y Gestión de Recursos Ivana Furlán, el exjefe del Subprograma Informatización Francisco Oromí y el feliz beneficiario Miguel Darío Roca.
“Hubo una sola vivienda que tuvo algún defecto de procedimiento… que tuvo un problema de papeles”, admitió tímidamente Poggi antes de agregar que pone “las manos en el fuego” por su exministra y mandar un tibio mensaje a la Justicia “para que investigue”.
Lo que quiso ser un punto y aparte terminó por reavivar cómo entregó su gobierno los hogares sociales. Es decir, poner calidad por encima de cantidad, a contramano de lo que siempre priorizó el exsenador nacional con mandato incumplido. Para eso veamos un par de ejemplos: La Toma y La Punta, dos casos que salieron a la luz esta semana y cuyas secuelas están a la vista.

 


El propio intendente de la capital del mármol ónix, Ernesto Ali, dijo que se tuvo que volver a invertir en un barrio de 20 casas, que era para madres solteras y que entre otras irregularidades no tenían conexión a la red cloacal. “Apretabas el botón de la cadena del baño y los desechos salían por el patio”, graficó.
“En la zona de la imagen de la Inmaculada Concepción hicieron 70 viviendas. La planificación fue un desastre, en un lugar totalmente inadecuado, acá sobran tierras y las hicieron entre tres rutas. Los patios están mirando a la ruta, no tenés privacidad”, dijo sobre un sector al que le llevan el gas natural, cambian la iluminación y mejoran la seguridad vial. “En el 118 Viviendas fueron un desastre con la constructora… los empleados se cobraban con los materiales, les desinflaban las gomas a los camiones para que no se fueran de la ciudad porque le debían a todo el mundo”, añadió el jefe comunal.
Pero hay otros problemas con los que conviven los vecinos más nuevos de La Toma: los terrenos no tienen los planos de mensura, hay adjudicatarios que decidieron sacar el techo de losa y reemplazarlo por el de chapa, y en las cocheras que les hicieron, sacaron mal las medidas y no entran los autos. Increíble.

 

La Punta es otro caso del claro desmanejo en la política habitacional de la gestión provincial anterior. El barrio 900 Viviendas, uno de los más nuevos, se construyó sobre el cauce de un río subterráneo. Por eso las casas sufren filtraciones, no dura mueble en pie y aparecen grandes zanjas en los patios, entre otros tantos inconvenientes. Por eso en Terrazas del Portezuelo ya planifican la onerosa reconstrucción que demandarán los arreglos y el trabajo hídrico para contener la formación del río. Los números asombran. Deberán invertir 4.500 millones de pesos para reparar lo heredado, una cifra con la que se podrían hacer unas ochocientas nuevas viviendas. En la ciudad más joven del siglo XXI, el intendente Martín Olivero eligió el silencio porque fue parte del gobierno de Poggi y es uno de sus fieles seguidores.
Lo que sucedió en ambas localidades son solo ejemplos de cómo la realidad mata al relato.
 

 

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