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Buscan fortalecer los sistemas intensivos con subproductos

Indicaron que la fertilización de cultivos y pasturas con residuos orgánicos de origen pecuario es una alternativa que permite convertir un pasivo ambiental en un activo energético.

Por redacción
| 12 de junio de 2022
Foto: INTA Informa.

La producción animal en la Argentina evoluciona hacia sistemas cada vez más intensivos y concentrados que generan una mayor cantidad de residuos sólidos y efluentes recuperables, que los especialistas denominan subproductos y pueden ser provenientes de la producción avícola, porcina, de tambos y feedlots. “Esto se constituye en una oportunidad para convertir este potencial contaminante, con residuos sólidos y efluentes, en un insumo estratégico de la producción que con un correcto manejo se convierta en una importante fuente de materia orgánica y nutrientes necesarios para el desarrollo de los cultivos”, indicó Nicolás Sosa, especialista del INTA Manfredi, de Córdoba.

 

Un equipo de esa estación experimental realizó estudios en un establecimiento agrícola con criadero de cerdos (ciclo completo de 500 madres) y llegaron a resultados prometedores. “Con los efluentes de la producción porcina, luego de su tratamiento y estabilización, podemos fertilizar 110 hectáreas por año, lo que equivale al 25 % de la superficie requerida de maíz para su alimentación”, subrayó el técnico.

 

“En promedio, entre el 60% y el 70% de los nutrientes que forman parte de la ración no se transforman ni en leche ni en carne, es decir que se excretan a través de heces y orina”, expresó Sosa, y agregó que el reciclado de estos nutrientes por medio del uso de subproductos orgánicos de origen animal podría contribuir en gran medida a mitigar esta deficiencia en la reposición de nutrientes como nitrógeno, fósforo y potasio.

 

Karina García, especialista del INTA Barrow, de Buenos Aires, señaló que “debido a que cada sistema productivo es diferente, su manejo y tratamiento de residuos orgánicos debe reflejar cada situación en particular”. Los residuos generados presentan una enorme variabilidad en su composición y en el contenido de nutrientes para su posterior aplicación al suelo. Esto depende de muchos factores, principalmente del tipo de sistema productivo, su grado y forma de estabulación, en el caso de poseerlo, y el sistema de limpieza utilizado. Además depende del consumo de agua, “un aspecto en el cual siempre hacemos foco es en el de realizar prácticas que apunten a un uso eficiente de este recurso”, sostuvo García.

 

Por otro lado, se debe contemplar el sistema de tratamiento existente, como así también el tiempo de estabilización de dichos efluentes, ya que impactarán directamente en la calidad del subproducto a utilizar.

 

“Es importante que el productor conozca el volumen de efluentes generados en su sistema y su composición”, remarcó la especialista. De este modo, es posible adaptar el sistema de tratamiento en función de sus características, de las posibilidades de valorización y de los objetivos perseguidos, teniendo en cuenta los requerimientos operativos y económicos, de manera de asegurar que el sistema implementado sea sostenible en el tiempo.

 

Dentro de las alternativas posibles a aplicar se encuentran el compostaje, lagunas de estabilización y biodigestión anaeróbica; tratamientos biológicos con diferentes grados de complejidad y requerimientos.

 

“Con la gestión eficiente de recursos pecuarios dejás de producir un pasivo ambiental y lo transformás en un activo energético; ahí es donde está el real beneficio de un correcto tratamiento y disposición final de este efluente”, concluyó García.

 

Fuente: INTA Informa

 

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