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El turbio fango que envuelve la grieta

Por redacción
| 15 de mayo de 2022

Con cierta extrañeza y alguna buena dosis de incertidumbre, se podría afirmar que, pese a ser avalada y sostenida por la prensa, la grieta no tiene buena prensa.

 

Los estudios serios exponen que, en cuanto a credibilidad, el sector que encabeza el listado es el de los científicos. Expresión que engloba a académicos y a quienes aportaron su esfuerzo y su conocimiento en plena crisis de la pandemia. Luego vienen las pequeñas y medianas empresas (pymes), emprendimientos que aun en los peores momentos se sostuvieron y mantuvieron las fuentes de trabajo. Como sucede desde hace algunos años, los políticos y los sindicalistas naufragan en el fondo de la tabla. Los periodistas y los medios de comunicación, que supieron ocupar espacios más encumbrados, muestran hoy un brusco descenso y una evolución en notoria caída.

 

Entre los políticos, aquellos que se muestran más duros, más contestatarios, más “agrietados”, son los de peor imagen. La sociedad repele hoy peleas y enfrentamientos entre dirigentes. Mucho más si los temas en cuestión solo les son propios. Poca audiencia ganan los contrapuntos entre políticos por temas extraños al interés general. Notoriamente, la situación de crisis económica y social abona estas situaciones y encumbra los temas más acuciantes para los ciudadanos.

 

Este panorama es conocido por todos los protagonistas del escenario político y de los medios de comunicación. Sin embargo, cada tanto ellos mismos proceden en franca oposición a lo que parecería más conveniente. La libertad de expresión es un derecho claramente conquistado por la sociedad argentina, y cada quien tiene todo el derecho de expresar su opinión en las más diversas cuestiones. Solo que en algún punto resulta valioso, a los efectos de comprender lo que se expone, desde qué lugar habla cada uno. Bastaría decir algo así como “hablo como un simple ciudadano, para que el momento gane cierta claridad”. Funcionarios, dirigentes, militantes y demás ya tienen señalada la procedencia de sus palabras. A esta altura del partido, muchos comunicadores tampoco tienen que aclarar demasiado. Por más que se empeñen en autocalificarse de independientes, todo el mundo sabe para qué arco patean. Es curioso, muchos espacios se dicen independientes, pero los televidentes ya tienen clasificados los canales según de qué lado de la grieta estén. Y la coincidencia es casi absoluta.

 

Sin embargo… mientras una muy conocida locutora agita desde la República Oriental del Uruguay un conato revolucionario, en la televisión un actor hace estallar la mesa de un programa periodístico y corona su retirada con floridos epítetos de grueso calibre. Es menester aclarar que el presentador del programa venía discutiendo con el actor e incluso se había permitido cederle la palabra en un tono notoriamente burlón e inapropiado. También se debe aclarar que todos estos participantes emiten sus discursos desde el mismo lado de la grieta. Está claro, ahora, que con ciertas discrepancias. Algunos pretenden dejarlo en una desubicación con falta de respeto incluida, y no mucho más. No obstante, el episodio parece dejar al descubierto algunas situaciones mucho más interesantes y profundas. “Ustedes saben mucho más de lo que dicen…”, “no me tomen por pelotudo (con las disculpas del caso, ya fue dicho en un Congreso de la Lengua, que esta palabra es irreemplazable…), “después salís a inventar Mandelas”, “ustedes se ponen los chupines”, fueron parte del vergonzoso intercambio. El miedo mutuo y el protocolo periodístico también tuvieron su espacio.

 

Qué profundidad y certidumbre tienen esas expresiones es complejo de analizar con alguna objetividad. Se puede aportar que el denostado periodista acusó ver vestigios de Mandela en quien gobernó el país entre 2015 y 2019; que los chupines, más allá de una cuestión de indumentaria, vendrían a representar la pertenencia a cierto grupo económico o social muy acomodado. De todos modos, todo esto continuó por las redes sociales. Se pudo detectar cierta satisfacción, en muchos sectores, respecto de que los periodistas reciban algún baño de realidad, y sepan que la consideración que se tiene de ellos dista bastante de la que hay por la Madre Teresa de Calcuta. Más bien, parecen groseramente enlodados en el turbio fango que envuelve la grieta.

 

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