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El arcoíris generacional de un show único

La banda inglesa que batió todos los récords consiguió que los argentinos se sientan mejores personas por un ratito

Por redacción
| 22 de noviembre de 2022
Foto: Gentileza.

Hope está entre las palabras que más repite Coldplay durante su recital. Significa esperanza. Heart, love y stars, son otras. Corazón, amor, estrellas. Y aunque los vocablos suenan melosos, la banda sobre el escenario se acerca más a una enorme turbulencia. Una que provocó saltos, gritos y lágrimas en más de 600 mil personas que durante 10 noches coparon el estadio de River.

 

¿El público? Variado, diverso, heterogéneo, amistoso, emocionado. La diversidad etaria fue una de las características en los shows: con la misma intensidad saltaban sobre las plataformas de energía cinética pibes de 16 años, niñas de 9 y adultos de 45. Parejas, familias completas, abuelos con nietas, chicas solas. Multitudes que diariamente, desde las 4 de la tarde, se acercaban hasta Núñez para ser parte de un récord de shows que hasta ahora ostentaba Roger Waters, hace diez años.

 

El muy organizado peregrinar para ingresar a la cancha evidenciaba a 15 cuadras de las puertas la heterogeneidad de las y los espectadores, llegados desde todos los puntos del país. Como las cuatro cordobesas que emprendieron el viaje casi 24 horas antes para llegar al recital y le robaron algunos tips para caminar menos al chofer del 130. O la tía que viajó en avión con su sobrino adolescente desde Tucumán y juntos se animaron a enfrentar la inseguridad que la tele porteña les muestra todos los días. O las varias madres con hijas e hijos que viajaron mil kilómetros en micro o avión en una común unión por esa música que comenzaron a escuchar hace más de una década.

 

El fenómeno de Coldplay, además de traspasar las fronteras de los números, ocupó horas y horas en redes sociales y páginas de noticias. Por la cantidad de shows, por el movimiento de personas, por los costos de los taxis: uno que cobra habitualmente 1.200 pesos subió su precio a 3.000. También por el precio excesivo de cocheras y por el pibe que inventó una canción para recolectar pulseras a la salida del show. Las pulseras, que se llaman Xyloband y las inventó Jason Ragler, un fabricante de juguetes sexuales, fueron estrellas también en los conciertos argentinos. Es que el país consiguió ponerse al tope del ranking de devolución de estos dispositivos en Sudamérica: el 94% las regresó. Una cifra que sorprende cuando en el mundo somos conocidos por quedarnos con souvenirs de lo que no nos pertenece.

 

Esa permanencia en las noticias tuvo a sus respectivos haters en las mismas redes sociales. Aquellas y aquellos que acusaban a los integrantes de Coldplay de demagogos, de oportunistas, de falsos profetas del amor. Esas mismas palabras de esperanza pronunciadas por Chris Martin en diversos tramos de las dos horas de recital eran bastardeadas por quienes consideraban estar "hartos" de la banda.

 

Los vecinos de River sufrieron el aluvión de espectadores y los colectivos tuvieron que cambiar sus recorridos. La salida de cada concierto era un caos: horas de espera, unidades llenas, taxis inexistentes y demoras eternas (con precios enormes) en el servicio de autos de alquiler.

 

Un vaso de agua o gaseosa costó 600 pesos y unas papas fritas, 700. Aunque en las plateas de mayor valor el precio sumaba 100 pesos más (que al final seguimos en Argentina). Único medio de pago, efectivo. Incluso en los puestos fijos del estadio. Una remera oficial, desde los 8 mil pesos.

 

Este entorno nada afectó al buen clima humano reinante en el estadio. Es que desde la previa la voz tierna de Zoe Gotusso, y una canción a su abuela, fue capaz de conmover cualquier atardecer en la ciudad de la furia.

 

Justamente Zeta Bosio la mañana del lunes 7, hizo soñar a alguno que un posteo "En la ciudad de la furia" tenía un mensaje oculto para Buenos Aires. Quienes tuvieron el privilegio de estar en alguna de las dos últimas noches vivieron un extra, porque no solo Coldplay les traía de regalo "De música ligera", sino que les traía a Charly Alberti y Zeta a River, donde nació el "Gracias totales" hace 25 años.

 

La complicidad con el público argentino es una fija de todos los artistas extranjeros que nos hacen creer que somos "el mejor del mundo". Nos dicen que nunca vivieron un lunes así, que tenemos los mejores cantantes, se ponen nuestra bandera en la espalda y hasta hacen bromas con nuestras desgracias (la inflación, qué si no). La banda británica no fue la excepción.

 

Coldplay nos dijo que eran capaces de batir récords, que podían darnos una noche de esperanza, que creyéramos en el amor, que somos "guapos y guapas", que debíamos soltar los teléfonos para alzar las manos al cielo y guardar ese momento. Y que la luna llena nos daba la mejor noche. Y nos lo creímos. Niñas, niños, jóvenes, adultos y ancianos salimos repletos de una energía que necesitamos, que nos merecemos, en un contexto donde muchas veces la esperanza nos suena como una palabra extranjera.

 

Por Carolina Vázquez.

 

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