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Claudia Vásquez Haro: "Aún no somos parte de la agenda emocional del país"

 Es la primera mujer travesti trans del país en tener un doctorado. Es activista, docente, investigadora y fundadora de la asociación Otrans Argentina.

Por redacción
| 24 de julio de 2022
Defensora de la educación. Claudia es adjunta de la cátedra Comunicación y Derechos Humanos, de la carrera de Comunicación en la UNLP. Foto: Internet.

Los cuerpos vienen vacíos al mundo y nosotros les damos significación”, cita Claudia Vásquez Haro a Judith Butler y devuelve a la sociedad argentina la pregunta de ¿por qué recién en 2020 hay una primera doctora travesti trans en el país? La reflexión es necesaria y, en el caso de Claudia, hay que remontarse al año 2000, cuando no existían las leyes de Identidad de Género, de Cupo Laboral Trans, de Matrimonio Igualitario y de Migración, y a su historia de vida para responderla.

 

A comienzos del siglo XXI Claudia emigró de su país natal, Perú, hacia Argentina. Se fue a vivir con su hermana mayor Laly a Villa Argüello, un asentamiento de la comunidad peruana en La Plata. Su arribo fue exactamente cuatro años antes de que se promulgara la Ley de Migraciones, que habilita a los inmigrantes, cualquiera sea su condición, a acceder a los mismos derechos que un nacionalizado argentino.

 

En 2002 todavía existía el decreto ley, sancionado durante el gobierno de facto, que sostenía que los migrantes debían ser deportados, a menos que tuvieran un hijo de nacionalidad argentina o estuvieran casados con un ciudadano de la celeste y blanca. Y esto último hizo Claudia.

 

“Fue difícil insertarse en la sociedad, me tuve que casar con la hermana de una amiga para que no me deportaran. Al mismo tiempo, estaban los edictos policiales y los Códigos de Falta que criminalizaban las identidades travestis y trans, no podíamos ir a comprar el pan como cualquier sujeto o ciudadana porque nuestra identidad era entendida como un delito. Vivíamos en una situación no solo de marginalidad, sino de profunda clandestinidad y la Policía era la primera que te coimeaba”, recordó.

 

Salir a la calle ya era un acto de rebeldía, vestirse del sexo opuesto al que se tenía por nacimiento era considerado un crimen. Uno de los episodios que más recuerda Claudia es cuando salió con una amiga trans de compras. Iban por la calle 7 de La Plata y un policía les pidió los documentos. Ella preguntó qué habían hecho, lo hizo con acento peruano, del que casi no queda registro en su voz. Eso fue suficiente para que las tiraran al piso y montaran un operativo a su alrededor.

 

 

 En 2014 fue la primera migrante travesti trans en recibir su DNI bajo el nombre de Claudia.

 

Con la mejilla en el suelo y toda la presión del uniforme azul encima, y de los prejuicios sociales, alcanzó a ver una señora que lloraba ante la violenta situación. Eso la asustó aún más, pero lo que vino después fue peor: las pasearon por dos comisarías y a su amiga la obligaron a desnudarse.

 

“Ese tipo de injusticias me preocupan mucho y de hecho cuando veo eso agarro el teléfono, filmo e intervengo. Hay una historia que tiene que ver con un absoluto despojo no solo con la comunidad, sino con los pueblos originarios y los migrantes también. Es muy difícil contrarrestar el discurso xenófobo de que venimos a quitarles el trabajo, la salud y el estudio o de que hay una invasión silenciosa. Esos comentarios, que después quedan desmentidos con datos, están muy vivos en el imaginario social y tienen un efecto que genera malestar”, razonó.

 

Claudia sobrevivió como pudo durante la crisis de 2001 y los años posteriores. Trabajaba como peluquera, limpiaba casas e intercambiaba su labor por bolsones de arroz. “Si no tengo un tenedor, como con cuchara. Siempre busqué tener mis propias herramientas”, sostuvo y bajo ese argumento, motivada por el concepto de educación pública y gratuita, muy distinto al régimen educacional que hay en Perú, en 2005 ingresó a la Facultad de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).

 

La disyuntiva era estudiar Derecho o Comunicación, pero Laly intervino y le aclaró el panorama. Le dijo: “El Derecho es cuadrado, va a ser difícil que te metan en uno cuando vos estás para romper todos los límites”. Y tenía razón, el solo hecho de ser Claudia implicó que quebrara el primero de los mandatos que la acorralaba en una figura geométrica: el de la heteronorma.

 

Se embarcó en el estudio de la Comunicación, primero con una intención de acceder a los medios masivos para visibilizar la lucha travesti y trans; luego, cuando fue a la universidad, descubrió una nueva arista: la investigación. “Siempre que leía los textos académicos me preguntaba quién escribió eso y por qué no se hablaba de diversidad sexual o sobre temas de género. Entendí que ahí había, primeramente, una demanda y una necesidad”, razonó.

 

Así, entre los pasillos de la UNLP fundó Otrans, una asociación civil sin fines de lucro, que en la actualidad trabaja sobre la problemática que atraviesa la comunidad trans y travesti en Argentina. Sin embargo, no tuvo ese nombre formal hasta 2012.

 

 

No hemos podido dar esa batalla cultural de que la sociedad no solo se horrorice cuando se mata a una travesti o una trans

 

En 2008 tomó un taller que daba la facultad llamado “Todas somos tinta”, en donde comenzó a discutir con pares la necesidad de crear una red de contención. Claudia recordó: “Éramos cinco travestis que escribían en un curso literario. Si una era un escándalo, cinco travas en los pasillos de la universidad era muchísimo. Todos nos miraban, alumnos y docentes. Pero nosotras incidíamos con el cuerpo y lo importante era la visibilización”.

 

En paralelo, comenzaron a aumentar las detenciones arbitrarias en La Plata, en especial las redadas en la zona roja que, sumado a la reubicación de los bosques de Palermo en capital, generó toda una migración de trabajadoras sexuales. Claudia pasaba por allí todos los días con el colectivo de camino a la facultad y la imagen era siempre la misma: compañeras trans esposadas, nuevamente con la mejilla contra el asfalto, pero esta vez no había una mujer que llorara por ellas; sin embargo, había una con la ñata en el vidrio del colectivo que decidió bajarse, levantarlas del suelo y luchar codo a codo.

 

“Sin conocerlas empecé a acercarme. Les dije que lo que les estaban haciendo era una violación a los derechos, que no podían realizarles vejaciones, tratarlas mal y mucho menos desnudarlas o detenerlas. Fue un arduo proceso del que empezamos a ver resultados recién en 2012 con la sanción de la Ley de Identidad de Género”, expresó. Ese mismo año se recibió de Licenciada en Comunicación e inmediatamente inició el doctorado.

 

 

Recibida. En 2020 defendió su tesis doctoral titulada “Identidades Golondrinas desde una Epistemología del Despojo”.

 

 

Otrans fue la primera agrupación de travestis trans en La Plata. Para ese momento, Claudia conocía toda la zona roja y hacía un censo informal con resultados desalentadores. Ninguna de las trabajadoras tenía estudios universitarios y muy pocas de ellas habían finalizado el secundario o, incluso, el primario. Además, la mayoría no consideraba la prostitución como un trabajo, sino como la única vía de supervivencia.

 

“Estaban ahí porque no les quedaba otra, porque las habían echado de sus casas de muy chicas o no habían terminado sus estudios, entonces nadie las tomaba. A eso hay que sumarle que había una gran discriminación por su identidad”, explicó.

 

A muchas de ellas las incitaban a ser trabajadoras sexuales. “Aprovechá que sos joven, cuando seas vieja nadie te va a querer”, alentaban. “Yo me reía y, a veces, me preguntaba si tenían razón. Se lo contaba a mi vieja y hermanas, pero todas me decían que no me desmadre y que si necesitaba plata que les pida, pero que no me vaya a parar a la calle. Siempre tuve el apoyo familiar y eso no es común entre nosotras. En ese sentido soy una privilegiada”, reconoció.

 

 

Apellido: Vásquez Haro

 

Nombre: Claudia

 

Dos años después de la sanción de la Ley de Identidad de Género, en 2014, fue la primera travesti migrante en recibir su DNI con el nombre Claudia Vásquez Haro.

 

“A pesar de las leyes, no hemos podido dar esa batalla cultural de que la sociedad no solo se horrorice cuando se mata a una travesti o una trans o que no se nos recluya más a lugares de extrema marginalidad como la prostitución y los trabajos informales de peluquería, cocina y decoración. Se nos deshumanizó y, sobre todo, nos hicieron creer que no servimos para nada y que la política era un lugar en el que no podíamos estar”, reclamó.

 

Con las palabras de su madre como guía, quien le dijo que estudiar era el único pasaporte para llegar a donde quisiera en la vida, Claudia se inició en la ardua carrera académica. Primero con ayudantías, luego como jefa de trabajos prácticos y ahora como adjunta de una de las cátedras obligatorias de la carrera de Comunicación, llamada Comunicación y Derechos Humanos.

 

“Ir y concursar es muy difícil porque por año se dan tres o cuatro becas por disciplina científica y académica, entonces si es terrible para los heterosexuales lo es aún más para las personas trans”, explicó Claudia, quien en 2017 generó ese pasaporte del que le hablaba su madre y viajó a Ginebra.

 

La comunicadora fue a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y llevó el primer informe de la violación a los derechos humanos del colectivo travesti trans en Argentina; una labor que le requirió no solo su preparación académica, sino un aprendizaje político exclusivo para la ocasión. Además, representó un hecho histórico dentro de la organización que, por primera vez, abría sus puertas a una travesti latinoamericana.

 

“Todos estos recorridos son una sumatoria, en los que una aprende, se equivoca, se desencanta y ahí, en esos momentos, lo que no se negocia son las convicciones. Tengo claridad política, he sido tentada muchas veces para ir a otros lados, pero soy coherente”, contó la mujer travesti trans que se considera abiertamente peronista y kirchnerista y que, actualmente, ejerce como consejera en el Partido Justicialista bonaerense.

 

Además, Claudia fue la primera mujer travesti trans en acceder a un empleo público en el Estado bonaerense encuadrada en la Ley de Cupo Laboral Trans conocida como Ley Diana Sacayán, llamada así por la activista trans asesinada en 2015. Su caso fue pionero: nunca antes había existido un “travesticidio” en la historia judicial argentina.

 

“Aún no hemos podido sensibilizar a los medios y a algunos sectores de la sociedad, aún no hemos podido ser parte de la agenda emocional del país. Yo creo que ahí hay una demanda, que no es hacia nosotras, sino que es una pregunta, ¿qué han hecho cuando ven los femicidios y transfemicidios? Debemos preguntarnos qué hemos hecho, qué seguimos haciendo y qué queremos transformar. No es una cuestión genética… es cultural, así como te enseñan a ser macho, también te adoctrinan para discriminar”, profundizó.

 

Ocho años le tomó a Claudia terminar su doctorado. El 11 de diciembre de 2020 recibió el título de Doctora en Comunicación luego de dar su tesis: “Identidades Golondrinas desde una Epistemología del Despojo”, en la Facultad de Periodismo de la UNLP. Este año Otrans cumple una década de trabajo incansable para proteger y visibilizar a las identidades trans de La Plata.

 

“¿Qué han hecho para que nosotros, en el 2020, podamos tener una primera doctora travesti trans?”, pregunta Claudia. Y agrega: “Hay una gran ausencia histórica del Estado en políticas públicas, pero sobre todo hay una culpa de la sociedad y esto se debe, principalmente, a los crímenes de odio. La pregunta hay que devolvérsela al sujeto que todavía tiene una mirada del mundo autoritaria y heteronormativa. Esto de ser la primera doctora si alguien lo mira de manera fragmentada seguro es digno de ser aplaudido, porque la meritocracia opera de esa forma, si sos una persona heterosexual tenés que ser exitoso y sos de la diversidad sexual y travesti, aún más”.

 

 

Redacción / NTV

 

 

 

 

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