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Las Mujeres Ruralistas buscan llegar incluso "donde la Patria no alcanza"

La comisión está conformada por más de 22 integrantes que trabajan para acercar el campo a la ciudad.

Por redacción
| 05 de junio de 2022
Mezclados. Las Mujeres Ruralistas, junto a los padres, la directora de la escuela y los alumnos. Todos sonrientes.

“Donde la Patria no alcanza, queremos llegar” es el lema elegido por las integrantes de la Comisión de Mujeres Ruralistas de la Sociedad Rural de San Luis (SRSL) para llevar adelante un proyecto solidario que consiste en acercarse a las zonas más vulnerables de la provincia. “Es muy importante acercar el campo a la ciudad y viceversa. Queremos ayudar a quienes más lo necesitan”, dijo María Laura Briansó, quien también forma parte de la comisión directiva de la institución y viajó junto a un grupo de compañeras hasta la Escuela N° 171 “Pintor Bladimiro” para llevar, entre otras cosas, ropa, alimentos, libros y kits de semillas.

 

Eran las 9 de la mañana del fin de semana pasado; no estaba frío. Todas esperaban con el equipo de mate listo y los baúles de sus autos llenos de generosidad. La idea era llegar juntas hasta Pozo del Molle, un paraje muy pequeño, ubicado a pocos kilómetros de San Francisco del Monte de Oro. La ansiedad por conocer a los diez pequeños alumnos era mucha, pero no se notó, porque las emociones estaban a flor de piel.

 

 

Compartimos un día de retroalimentación enriquecedora y una experiencia muy emotiva”. María Laura Briansó, integrante de la Comisión de Mujeres Ruralistas de la Sociedad Rural de San Luis.

 

 

Al llegar a la institución, la directora y docente Susana Lucero se acercó a recibir primero a los jinetes del Centro Ecuestre San Ignacio, quienes llevaron dos caballos para bailar coreografías folclóricas. A los pocos minutos llegó el resto del equipo. La bienvenida fue entre abrazos, mates individuales y unas facturas sobre una larga mesa en la que también armaban empanadas para almorzar.

 

“Estoy muy contenta, igual que los papás y los chicos, al saber que un hermoso grupo de mujeres tiene la vocación de ayudar a los más vulnerables, en este caso mis niños, quienes están más alejados de la sociedad. Pozo del Molle es un paraje en el que hay vecinos que sienten y sufren mucho la soledad”, expresó Lucero, conmovida, y añadió que más allá de todo lo material que recibieron, “lo que más les reconforta el alma es el momento compartido. Esta experiencia nos quedará en el corazón y formará parte de nuestros mejores recuerdos. Todos me preguntaron cuándo van a volver, me puse contenta al saber que hay planificado un segundo encuentro en septiembre. Las puertas de la escuela estarán abiertas siempre para recibir y dar todo el cariño. Estamos muy agradecidos de que nos tengan en cuenta”, indicó. Será una buena oportunidad para seguir recolectando alimentos, ropa, útiles, libros y juguetes, para llevarles. En total, a la escuela asisten diez chicos, de entre 6 y 14 años, que necesitan de todo.

 

Luego de un breve desayuno hubo tiempo para disfrutar de una coreografía folclórica con caballos y bailarines. Más tarde se disputaron algunos partidos de fútbol en la cancha de la escuela.

 

Fueron muchas empresas, instituciones y productores los que donaron y pusieron su granito de arena para que todo saliera bien. Muchos de ellos decidieron participar desde el anonimato.

 

 

Más allá de todo lo que recibimos, estamos felices de haber compartido un momento tan lindo”. Susana Lucero, directora y docente de la Escuela Rural N° 171 “Pintor Bladimiro”.

 

 

“Bossio aportó las facturas y las tortitas que compartimos, con el chocolate que donó una distribuidora. Costa Hermanos donó bidones de agua. El Grupo Estisol nos dio vasos térmicos para servir el chocolate. El INTA brindó kits del Programa ProHuerta para que en la escuela inicien un espacio productivo y elaboren sus propios cultivos. Juntamos mucha ropa, cada una en sus trabajos y con gente conocida. El grupo de trekking de Gabriel Guillar también participó. El profesor Daniel Benenatti, quien nos acompañó, organizó los juegos para los chicos. As Deportes donó pelotas. Otro grupo recolectó libros de textos, cuentos y algunas enciclopedias. Una de las chicas de la comisión armó escarapelas y otra hizo ta-te-tis para llevar. Fue una retroalimentación de experiencias, emociones y detalles que vivimos con los chicos”, expresó Briansó agradecida.

 

Después de disfrutar las empanadas, las charlas se volvieron animadas, los chicos corrían y jugaban en el patio, y algunas mamás seleccionaban la ropa. Un poco de música folclórica acompañaba el clima en la galería de la institución. Sirvieron un fortalecedor chocolate caliente. Hasta que llegó el momento de regresar a la ciudad. Hubo abrazos de despedida, tan cálidos como los de bienvenida.

 

“Quienes deseen sumar su granito de arena para la próxima vez que vayamos, todo aporte será bienvenido. Las puertas de La Rural, que está ubicada en las calles Belgrano y Rawson de la ciudad capital, están abiertas. Todo suma. Buscamos hacer un seguimiento, no queremos ir un día y después no aparecer nunca más. Queremos estar para ellos y compartir todo el tiempo que podamos. Además, vamos a replicar la iniciativa en todos aquellos espacios a los que podamos llegar. Esto fue el principio y vamos a seguir”, prometió Briansó y no hay dudas de que cumplirá.

 

MM

 

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