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China invierte en inteligencia

Por redacción
| 06 de mayo de 2022

Lejos quedaron los días de los generosos préstamos soberanos de China a América Latina, al menos por ahora. Por segundo año consecutivo, en 2021 el Banco de Desarrollo de China (CDB, en inglés) y el Banco Exim de China no emitieron nuevos préstamos a la región.

 

Aunque la ausencia de nuevos préstamos coincide con el declive económico por la pandemia, que hizo que el CDB y el Exim se centraran en los proyectos existentes en el extranjero y en apoyar el propio desarrollo de China, las cifras disminuyeron año tras año desde la emisión de 21.300 millones de dólares en 2015.

 

Los esfuerzos de China por alinear los compromisos en el exterior con los objetivos de crecimiento interno han llevado a centrarse en sectores específicos, a menudo de alta tecnología, que promueven su propia modernización industrial. Sus instituciones financieras intentan cada vez más identificar proyectos financiables y de “alta calidad”.

 

El modelo anterior de préstamos respaldados por materias primas está tipificado por Venezuela, que tomó prestados 62.500 millones de dólares de instituciones financieras chinas desde 2005, alrededor del 45% del total emitido a la región.

 

Sin embargo, su economía se desplomó en medio de los bajos precios de las materias primas y las sanciones de Estados Unidos, lo que provocó problemas políticos y de seguridad, y un replanteamiento estratégico para sus acreedores chinos.

 

La disminución de los acuerdos de Estado a Estado que caracterizó la etapa inicial de la asociación entre China y América Latina —y que dio resultados dispares— corresponde con una creciente diversidad en cuanto a los actores financieros implicados.

 

Los bancos comerciales, incluido el brazo comercial del CDB, suelen conceder préstamos corporativos directamente a empresas chinas y latinoamericanas, mientras que los fondos de capital privado y las iniciativas de cofinanciación buscan y financian activamente oportunidades en la región.

 

A pesar de ello, no puede descartarse la concesión de futuros préstamos por parte de los bancos chinos a América Latina, y el congelamiento de los préstamos no debe confundirse con una falta de interés.

 

A medida que Venezuela acumulaba miles de millones de deuda china, proliferaban las acusaciones de que China estaba tendiendo una “trampa de la deuda”, un medio de garantizar la dependencia económica y el suministro de petróleo al vincular la devolución de los préstamos a las ventas futuras.

 

Sin embargo, los dos últimos años demostraron que tales acusaciones eran erróneas, según la Universidad de Boston, autora de la investigación.

 

La “trampa de la deuda”fue refutada por completo en los últimos dos años, ya que China suspendió los pagos de la deuda en lugar de ejecutar los activos subyacentes a las deudas insostenibles.

 

Un ejemplo son los procesos de renegociación de la deuda china en curso con Ecuador, Surinam y Argentina. Estos tres países tienen acuerdos con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que obligan a renegociar la deuda con los acreedores extranjeros.

 

Pero además de la sostenibilidad de la deuda, los casos de Venezuela, Ecuador y Argentina —también grandes receptores de préstamos chinos para proyectos de combustibles fósiles y otras energías— han planteado dudas sobre la sostenibilidad medioambiental de la cartera de préstamos de China en América Latina.

 

Estos no son los únicos riesgos que hay que tener en cuenta. Es necesaria una estrategia de gestión de riesgos medioambientales más profunda y la comprensión de que China prefiere invertir en tecnologías y desarrollos sostenibles.

 

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