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Guadalupe, la nena que tras diez años conoció la voz de sus papás

Por redacción
| 13 de septiembre de 2016
Alegría familiar. Guadalupe con su papá Omar y su hermana Nadim.

Guadalupe Terc es una de las cuatro personas que desde hace una semana empezó a escuchar, gracias a los implantes cocleares que le colocaron un mes atrás. Para la niña de diez años fue todo un desafío porque significó volver a intentar el uso de los dispositivos, que ya había rechazado cuando sólo tenía cuatro años. Ahora pudo escuchar música por primera vez y comenzará una rehabilitación para lograr hablar.

 


“El caso de Guadalupe es especial, porque nació con Síndrome de Bartter, que provoca una atresia de esófago, y no se podía alimentar por la boca. Le hicieron una cirugía en el Hospital Garrahan, un ascenso gástrico. Además, tenía cadera luxada y una discapacidad auditiva neurosensorial bilaterar profunda, es decir, en los dos oídos”, contó su papá, Omar Terc. Luego de varias operaciones, finalmente le colocaron los dos implantes cuando tenía cuatro años, pero tras la tercera calibración tuvo un rechazo emocional.

 


“Los utilizó unos siete meses. Ella tomó al sonido como otra invasión, ya que antes de esa cirugía había tenido otras cinco; primero la cadera, después a los dos años el ascenso gástrico, a partir de ahí se empezó a alimentar por boca y no por el botón gástrico. Lo sintió como una invasión más para ella, fue tratada por psicólogos, fonoaudiólogos, psicopedagogas. Pero eligió el silencio”, relató.

 


El año pasado decidió volver a encender los implantes, pero al haber estado tanto tiempo sin funcionar ya estaban deteriorados.

 

“Gracias a los profesionales del Hospital y a Dosep pudimos volver a implantarle otros, y es algo por lo que estoy muy agradecido. Este aparato le cambia la vida en un cien por ciento al que lo recibe. Los beneficios realmente son notables, yo estuve hablando con Marcos Leche, un implantado español, que está haciendo una promoción de un proyecto de ley para que bajen al cincuenta por ciento el precio en su país. Y le hice una pregunta técnica, si mi hija, que recién a los diez años escuchó, podría aprender a hablar; y me dijo que no hay ningún inconveniente. Con una buena rehabilitación y nuestro apoyo, va a poder hablar”, contó emocionado. Por eso la nena ya comenzó una rehabilitación con Vanesa Stark y Pamela Guardia, dos especialistas en el área.

 


“Realmente es una alegría poder tener a estos profesionales acá y la posibilidad de que estén en el ámbito público”, comentó.

 


La pequeña, que asiste a 5º grado en la escuela Cristiana Evangélica, ya retomó las clases. Allí forma parte de un grupo especial, pero creen que en poco tiempo se podrá incorporar a la currícula. Lo bueno de este implante, según contó el papá, es que al ser más moderno, permite diferenciar un sonido de otro, sin que los ruidos molesten a la persona que recién empieza a oír.

 


“El implante se va calibrando con el paso del tiempo, ella está ahora con una sensibilidad muy baja y con un volumen bajísimo, hasta que se acostumbre. La tecnología ha mejorado muchísimo en comparación con el implante anterior, ella lo prendía y automáticamente escuchaba, ahora se va activando a los treinta segundos y cuando cambia de ambiente a uno con mucho ruido, el implante solo transforma todos los sonidos. Además, tiene un micrófono especial para que escuche sólo lo que dice la maestra y no el bullicio del aula, y se puede meter al agua. Es muy avanzando”, explicó.

 


Guadalupe estuvo y está acompañada de su familia permanentemente, algo fundamental para su rehabilitación y para pasar este momento tan importante de su vida. Tanto sus papás como su hermana hablan lenguas de señas, y hasta tienen un lenguaje familiar, que crearon con el tiempo para incluirla y comunicarse. “Estuvimos esperando mucho este momento y con mucho miedo de no saber cómo lo iba a recibir, si lo iba a rechazar. Al principio estuvo muy nerviosa, después fue calmando la ansiedad y se fue tranquilizando.

 


Estos últimos días fueron tranquilos, cuida mucho el implante. Lo saca y lo pone”, contó Omar. En la operación se retiró el oído medio, se colocaron bajo la piel del cerebro unos sensores que van directamente al nervio auditivo, a la coclea, y por fuera el procesador, como si fuera un audífono y un imán que lo trasmite. El cerebro recibe estos estímulos y los transforma en sonidos. Por eso, la parte externa se puede retirar o colocar cuando ella lo desee. La pequeña es “una gran luchadora”, como la define su papá. “Ella nació con muy pocas probabilidades de seguir viviendo, y sin embargo acá está, peleándola. Como papás es una satisfacción y es un milagro verla todos los días. Agradecemos a Dios tenerla”, dijo conmovido Omar.

 


La pequeña tiene algo nuevo por descubrir todos los días, desde la voz de sus seres queridos, hasta la música. “Fuimos al supermercado y había un equipo de música prendido y se acercó enseguida, le llamó mucho la atención”, relató. “Escuchamos su primera canción juntos, de los Jóvenes Pordioseros”, contó entre risas.

 


 “Lo esencial es invisible a los ojos”. Lo dijo el Principito, y la familia Terc lo aprendió.  Con gestos, con señas, o con palabras; el amor no es algo que se vea o escuche, simplemente se siente.   

 


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