A la segunda mujer asesinada en el República la buscaban hace más de tres semanas
Claudia Andrea Rodríguez vendía pan todas las mañanas a los empleados fabriles. Desde el 3 de octubre no la vieron más. Tenía 37 años y un hijo de 15. Sospechan de un hombre que era su pareja y al que había denunciado por violencia.
Cuando el barrio República no sale de la consternación por el feroz femicidio de Gabriela Centeno, enterrada en una casa de la zona, otra mujer que frecuentaba el mismo complejo fue asesinada, descuartizada y ocultada con la misma dinámica. Hacía tres semanas que la víctima no era vista y el 4 de octubre su hermana Vanesa hizo la denuncia en la Policía.
Desde entonces a Claudia Andrea Rodríguez, de 37 años, del barrio Amaro Burgos, madre de un hijo de 15 años que ahora quedó con su abuela materna, encargada de enviarlo todos los días a la escuela y de cuidarlo, la Policía la buscó poco y nada y fue la familia la que advirtió que algo le podría haber pasado. La mujer se ganaba la vida con la venta de pan todas las mañanas, bien temprano, al personal de las fábricas.
"A veces se iba de la casa por tres o cuatro días, pero siempre nos escribía para decirnos que estaba bien. Esta vez no", dijo la hermana de Claudia en declaraciones periodísticas que realizó durante la semana.
Con el antecedente cercano de Gabriela –cuyo cuerpo enterrado fue hallado a mediados de octubre- la familia de Rodríguez aumentó la preocupación. Sobre todo porque la pareja de Claudia vive en el barrio República y la mujer lo visitaba con frecuencia, pese a tener una relación aparentemente violenta que incluso llegó a una denuncia que no tuvo prosecusión.
El cuerpo de Claudia fue encontrado el sábado a la noche en un descampado ubicado entre el barrio República y el Caldenes del Oeste. Javier Pereyra, un vecino de la zona, observó a un perro que llevaba un brazo entre sus dientes y dio aviso a la Policía. "Estamos muy desamparados e impactados", dijo el hombre el domingo a la mañana a El Diario de la República.
Una de las personas que más buscó a Claudia fue Jaquelin, una de sus mejores amigas, quien pidió que el caso no quede en el olvido. De hecho, había organizado para el viernes una marcha para reclamar que se acelere la búsqueda.
A medida que pasaban los días, los allegados de Rodríguez aumentaban su desesperanza de toparse con buenas noticias. “Algo le pasó”, había asegurado su amiga, con la certeza de que Claudia no se iría del barrio sin avisar.
En parte, la Policía coincidía con los pronósticos agoreros de los allegados de la mujer y el viernes 23 hizo un rastrillaje en busca de alguna pista. “Pero no es la zona donde deberían haber buscado, sino en la parte de atrás del barrio, donde finalmente la encontraron”, dijeron los familiares que esperan respuestas. El cuerpo fue encontrado en un descampado al costado de un amplio camino de tierra que une los barrios Caldenes del oeste con el República.
Claudia medía 1,50 aproximadamente, era de tez morena, cabello castaño oscuro y ojos marrones. Una de las maneras más directas de identificarla era por sus tatuajes: en el brazo izquierdo tenía la media manga con rosas, una mariposa en el lado derecho del cuello, el nombre de su hijo en una pierna, un árbol de la vida en el abdomen y la Virgen de Guadalupe en la espalda.
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