19°SAN LUIS - Miércoles 24 de Abril de 2024

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Luis Ventura: hombre del espectáculo

El periodista habla de sus inicios, sus vínculos y el rating, pero también de su otro rol, el de dirigente deportivo.

Por Astrid Moreno
| 19 de febrero de 2024

Me llaman porque soy un “businessman”, podría argumentar Luis Ventura parafraseando a Naty Peluso. El periodista y presidente de Aptra aporta su mirada crítica sobre la política, el fútbol, la televisión y el mundo del espectáculo hace más de 30 años. Y a pesar de la recomendación de su padre de no seguir con el periodismo porque se iba a morir de hambre, aseguró que actualmente gana mucho dinero haciéndolo.

 

En una entrevista exclusiva, el presidente de Aptra cuenta la transición de la Ingeniería Electrónica al Periodismo, motivada por el miedo a la dictadura; su incursión en el periodismo deportivo hasta el mundo del espectáculo, y su crítica a las medidas de Milei y los ventajismos.

 

―¿En qué momento decidiste dejar a un lado la Ingeniería Electrónica para entrar al mundo del Periodismo?

 

―La Ingeniería Electrónica fue una consecuencia de un gobierno dictatorial. Por el miedo que tenía mi padre al rigor y a la severidad de aquella dictadura, yo tomé la decisión de irme a ingeniería, porque no quería que fuera a Filosofía y Letras, debido a que tenía miedo de que en el medio de las turbulencias de la época yo terminara detenido, torturado o muerto. Me dijo: "No quiero que vayas a filosofía", que era la facultad más castigada de la época. Entonces, por descarte elegí Ingeniería Electrónica, una carrera en la que, cuando me quise dar cuenta, había transitado 27 materias de las 32 que tenía la carrera. Ya estaba cursando materias de quinto de la Universidad Tecnológica Nacional. El periodismo me había acompañado desde siempre porque mi padre, mis tíos y muchos integrantes de mi familia estaban en eso, lo que era un sostén de mis estudios, porque lo que ganaba escribiendo en diarios y participando de programas radiales se terminó convirtiendo en una actividad que en determinado momento, cuando sobrevino el Mundial 78, dos medios, el Diario Crónica y la revista Goles, me contratan para que lo cubriera. Significaba un excelente contrato en dinero. Ahí fue cuando me pareció y me quedó claro que lo que a mí me gustaba era el periodismo y no la ingeniería. Le dije a mi viejo que no quería seguir la carrera de ingeniero y mi viejo se quería matar y me quería matar a mí, las dos cosas.

 

 

―La mayoría de las personas que viven del periodismo generalmente les recomiendan a sus hijos que no estudien periodismo…

 

―Mi papá me dijo lo mismo: “Vas a morir pobre, trabajando hasta el último de tus días”. Esa fue su mirada con respecto a mí. La verdad es que no soy pobre, he ganado mucho dinero en el periodismo y voy a seguir trabajando así hasta el último de mis días, mientras me dé la fuerza, porque, para mí, el periodismo es vida.

 

 

―Saltaste del periodismo deportivo al espectáculo, si se quiere decir, chimentos también malditos.

 

―Se dio por una casualidad de esas que hay en el periodismo; en algún momento siempre falta uno en alguna sección e, inevitablemente, te dicen si lo podés cubrir. Un buen día faltó el tipo que tenía que hacerle una nota a Zulma Faiad y me mandaron. Les gustó cómo había escrito la nota. Yo estaba haciendo periodismo deportivo en Crónica y en Radio del Pueblo, y me empezaron a pedir que hiciera notas de espectáculos. Un buen día, Lucho Avilés me dijo que se iba de vacaciones y si lo podía reemplazar en la página de Crónica en la que salían 35 chimentos por día; me puse a escribir y debo haberlo hecho bien, porque me entraron a llamar de todos lados para que hiciera espectáculos y, sin darme cuenta, el espectáculo me metió adentro del frasco sin buscarlo. Simplemente, lo que hice fue responder a la necesidad de colegas y de columnas.

 

 

―Volviendo a esas épocas de periodista deportivo, ¿cómo ves al fútbol y a la AFA actualmente?

 

―El fútbol argentino creo que después de haber ganado la Copa América y la Copa del Mundo está en un lugar de privilegio en el medio de una etapa de transición; parece que lo que está pasando es que estamos haciendo la transición "Grondoniana" a esta etapa donde se han dado un montón de cambios. No sé si estábamos preparados para darlo, pero se ha dado y será ahora el momento de empezar a esforzarnos para que la estructura del fútbol argentino siga creciendo. Evidentemente, la contemplación de la cantidad de clubes que hay inscriptos en todos los torneos que organiza la AFA y entidades federales es maravillosa. No sé si en el mundo hay tantos clubes de fútbol como tenemos aquí. Yo dirijo un equipo hace nueve años, que se llama Victoriano Arenas. Me costó horrores poder ascender con mi equipo de la categoría D a la Primera C. El club en toda su historia nunca había podido permanecer más de un año en la categoría a la que accedió fruto de la competencia. Yo ya llevo seis años con Victoriano en la C. Cuando al club le costó cien años poder llegar a ese hecho histórico, habilitan a que un montón de clubes de la D, que estaban conmigo y que no ganaron nada en la cancha, a través de una decisión de escritorio, suban a la misma categoría que yo conseguí en la competencia y me da bronca.

 

 

―¿Y el fútbol femenino?

 

―En el mundo, ante todo, estamos haciendo un cambio de género. Y el fútbol no se puede quedar afuera de todo lo que nos pasa en la sociedad. Creo que esta sociedad está encaminada a tratar de que haya una ley, una mirada y una legislación definitivamente integrada. Pero no dejemos de reconocer los siglos de machismo que hubo en el planeta. Entonces, querer cambiar en un chasquido de dedos toda la mirada se hace difícil; desde la Biblia o cualquier libro religioso, todo está hecho con base en el hombre y la mujer, donde desde la costilla de Adán nace un mundo, un planeta y un hábito machista. Entonces, adaptar eso a la incorporación de la mujer va a llevar, de la misma manera que este sistema que nos acompañó durante siglos, un buen tiempo.

 

 

―¿Qué opinás de esto de que puedan compartir en sociedades anónimas los clubes?

 

―El Presidente se va a tener que hacer cargo de todos los cambios que él quiera hacer y le permitan hacer. Porque no nos olvidemos que el camino que tomó no es el camino democrático. Estamos hablando de una acción de un país que institucionalmente votó otra cosa. Votó un Poder Legislativo, un Poder Judicial y un Poder Ejecutivo. En este caso se están salteando un par de poderes al tomar un DNU donde solo es la voluntad de una persona que de manera personal toma decisiones y miradas sin pasar por el Congreso.

 

 

―¿Y del retiro de la pauta oficial a los medios de comunicación?

 

―No necesariamente tiene que nacer del Estado el manejo de la parte comunicacional; me da la impresión de que le estamos cargando a la mochila del Estado todos los deberes. Estamos en un país donde la libertad y los derechos de los ciudadanos tienen que tener igualdad en el manejo de justamente las pantallas y los micrófonos, y muchas veces uno escuchaba críticas y operaciones de prensa para tratar de inculcar un concepto que nos dábamos cuenta a la legua que no siempre eran justos. Yo trabajé siempre en medios que tenían que ver con un criterio definitivamente independiente y no dependían de nadie. Si venía la pauta, fenómeno, y si no venía, no venía. Yo tenía que salir a vender diarios y a hacer rating a pesar de cualquier cosa. Me parece que también es lo justo y es una igualdad de derechos para todos, y no estar jugando con ventajitas.

 

 

―¿Cuál es el costo del rating?

 

―Definitivamente no creo en el rating, porque se ha demostrado ya judicialmente que Ibope es una entidad corrupta que ha sabido vender favoritismos para empresarios que, evidentemente, colocaban su cuota y su mensualidad en esa empresa. Si esto ya pasó hace años aquí en la Argentina y estuvo prohibida cerca de un año y medio, creo que ahora se sigue repitiendo por la manera en que modifican números que cuando vos los querés cotejar con la jornada anterior, te das cuenta que favorecen a algunos canales y a algunos programas, y después, en el rigor de la calle, te das cuenta que no son visualizados. Pongo como ejemplo el dibujo animado de "Los Simpson", que ocupa horarios sábanas de la programación, logrando mediciones realmente inexplicables durante horas y después, cuando salís a la calle, entrás a preguntar con respecto a la repercusión y al recibimiento que debería tener frente al público. No ves remeras de Bart y Homero Simpson por todos lados, podrás ver alguna perdida; lo mismo ocurre con las novelas turcas; hay una mano superior que negocia el número para imponer el producto después en la pantalla y que midan bien.

 

 

―¿Qué lugar ocupa la televisión teniendo en cuenta que, por ejemplo, no hay casi producción de telenovelas nacionales?

 

―Hay una intencionalidad de abaratar la televisión, definitivamente, y manejarla desde otro lugar que sea mucho más controlado y que no se liberen algunos que puedan decir algo que no sea políticamente correcto. De esta manera, si tenés producción, con un llamado telefónico resolvés que el boludo de turno que está hablando no diga cosas que no debería. En cambio, con algo mucho más estructurado, donde hay todo un aparato, una ingeniería de comunicación, estamos en presencia de hacer mucho más difícil la contraindicación o la contraopinión.

 

 

―¿Cuál es tu mirada del cruce entre Milei y Adrián Suar o Lali?

 

―Estamos en un país democrático y puedo emitir la opinión que quiera con respecto a las cosas. El tema es cuando se lleva esa opinión o ese comentario a una decisión nacional, cuando lo tomás como un Presidente o un responsable de las medidas que se toman, ya ahí tenés que hablar desde otro lugar. No es un comentario o una opinión; cada uno opina como quiere. El tema es que quiero que me expliquen cómo va a sobrevivir una industria que la está matando.

 

 

―Tuviste algunos idas y vueltas en Aptra. ¿Cómo continúa tu gestión?

 

―Tuve algunos conflictos, algunas crisis donde amagué con renunciar, pero finalmente terminé mi segundo ciclo y estoy comenzando, ante la falta de oposición, el tercero, que me va a llevar a una gestión de doce años de presidencia. Ahora Aptra va a tener que seguir atentamente los movimientos de los medios de comunicación para ver por qué rumbo tiene que tomar en busca de su destino.

 

 

―En estos años te metiste con temas pesados y escribiste dos libros. ¿Se viene un tercero?

 

―En realidad, escribí ocho libros, porque no siempre escribí para Ventura. Escribí para otros protagonistas que me pidieron que volcara lo que ellos habían vivido, comentado o pensaban. Me empapé del pensamiento que tienen para poder desarrollar esos libros. Tengo dos con mi nombre, uno de ellos es best seller, que es el primero y que todavía se está vendiendo, después de más de quince años; ahora se está vendiendo en muchas librerías del país, porque lo trucharon y lo vendieron a pesar del tiempo que pasó. Por el momento, estoy negociando con Paloma Fort, porque quiere contar la historia de su vida. Es muy posible que la escriba.

 

 Redacción / NTV

 

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